Como todo en la vida, hay cosas positivas y negativas. Así funciona el mundo. De pronto es para que haya algún balance, contrapeso y, principalmente, aprendizaje.

Esta semana el tema que me parece fue el más mencionado es el de María Chula. Pienso que es por indignación, principalmente. No conozco a la propietaria pero no estoy de acuerdo con que se haya disculpado. CODISRA nace en los desacuerdos de la no firme y no duradera paz. La “intención” era eliminar, o por lo menos reducir, la discriminación en Guatemala del post-conflicto. Pero, como el nombre del juego de la conflictividad es dinero, esa intención no ha sucedido, 20 años después. Se trata de seguir “calentando la nigua”, como decimos en buen chapín, para seguir percibiendo salarios. La intención era justificar ese salario, rasgándose las vestiduras, como es usual. Las dos principales consecuencias no intencionadas son: todos, absolutamente todos, detestamos a CODISRA y la tienda María Chula recibió publicidad gratuita, efectiva y que, seguramente, se traducirá en muchos negocios. Según reportó Giovanni Fratti en su cuenta de Twitter, la tienda virtual pasó de 4,000 a 32,000 seguidores. ¡Excelente!

Otro hecho que no puedo dejar de mencionar es el constante atentado contra la libertad de todos, ocasionado por CODECA. Su intención es, como en el caso anterior, justificar el dinero que reciben de cooperación internacional e intimidar a quienes se ven obligados a pagarles a ellos el servicio de energía eléctrica, so pena de echarlos de sus casas. La consecuencia no intencionada: todos los detestamos. Ellos quieren tener incidencia política. Me da la impresión que ya no van a lograr mayor cosa.

Otra agrupación vividora es CALAS. ¡Hoy sí les llovió, con rayos, truenos y centellas! A raíz de todo lo que ha salido después que “lograron” suspender las operaciones de la mina San Rafael, ya circulan muchos comentarios sobre su fin y que ha quedado es organization como “pollo desplumado”. Ojalá así sea esta consecuencia no intencionada.

Uno de los grandes problemas con el desastroso sistema de justicia que tenemos, es que no hay consecuencias para los criminales. Entran y salen de la cárcel, matan y vuelven a matar, y no pasa nada. Sin embargo, alguien de una clica “se sale del guacal” y hasta allí llegó. Patético.

El mensaje final es que todo lo que sucede o deja de suceder, todo lo que hacemos o dejamos de hacer, tiene consecuencias, intencionadas o no. Ojo con estas últimas, que suelen ser más contundentes que las otras.

 

República es ajena a la opinión expresada en este artículo