Hay un adagio que dice “Si hay pasión en el presente, entonces hay esperanza en el futuro”, lo que me hace pensar que todos deberíamos interesarnos más por la política de nuestro país, pues es el único lugar en el que se toman decisiones y desde donde se debe liderar la visión de país. Todos necesitamos una buena porción de pasión para cambiar la realidad de Guatemala, para transformar una sociedad enfermiza, violenta e indiferente hacia la corrupción, pues las cosas no se hacen solas y debemos involucrarnos, incidir y participar. Necesitamos pasión para transmitir valores inquebrantables y entusiasmo por Guatemala, para incursionar en la política.

Llámalo cultura general, yo le llamaré cultura política, fiscalizar, cuestionar, increpar y condicionar a la clase política actual, que reciclada o nueva, la gran mayoría está en la misma sintonía de la corrupción. En realidad necesitamos saber más de política por obligación y no por opción, porque los actores políticos buscan el desencanto para mantenerse en posiciones de poder, un monopolio para inútiles. ¡En verdad dan asco!

Somos el país de la eterna amnesia porque todo se nos olvida, resulta que personajes obscuros como Alfonso Portillo, a pesar de ser un corrupto confeso, es objeto de idolatría y estoy casi seguro de que si se postula para alcalde de Zacapa, fácilmente ganará la elección. Lo mismo que su paisano Arnoldo Vargas, quien al postularse para diputado o alcalde de algún municipio, tiene mucho chance de ganar. Es increíble cómo en Guatemala las personas pasan de villanos a héroes en un abrir y cerrar de ojos. Esto sucede porque no tenemos memoria y pensamos que el tramposo, deshonesto y corrupto es, como se dice en la jerga coloquial, “cabrón” y digno de imitar.

Otro caso similar es el de Alejandro Sinibaldi, quien recientemente fue evidenciado como uno de los personajes más corruptos de la historia de Guatemala y que deja a Baldetti y a Pérez Molina como niños de primera comunión. Mire que haber desfalcado al Estado por el pago Q1.8 millardos – en verdad llora sangre – cuando en los hospitales públicos no hay medicinas, comida, pero sí niños muriendo. Días antes de destaparse el caso de la Línea, Sinibaldi ya lideraba las encuestas y pudo fácilmente haber llegado a la presidencia. Ahora piensen lo que significaría tener un presidente como este señor, eso sí que hubiera sido una tragedia. Estas cosas no pueden seguir pasando.

Pero lo que es peor es que tenemos diputados que se acomodaron en la esfera pública, algunos sindicados de los peores delitos, asesinato, tráfico de influencias, cooptación, corrupción, abuso de autoridad, extorsión y cualquier delito que venga a la mente. En el actual Congreso hay de todo, por supuesto tampoco se debe generalizar, pero muchos de ellos son verdaderas firmitas, que no representan ni a su familia, porque poco les importa que sus familiares pasen vergüenza por sus artimañas.

Ahora bien, nos ubicamos ya a la vuelta de la esquina de las elecciones de 2019, y la pregunta es a quién vamos a elegir, no solamente para presidente, sino para diputados y alcaldes. Es verdaderamente preocupante y en la medida que olvidemos o que no identifiquemos a los malhechores de la política, seguiremos hundidos hasta el cuello, porque ya hasta respirar cuesta. Es obvio que no hay liderazgos en política, aunque sí los hay en la esfera privada y de lo civil; la pregunta es ¿cómo hacemos para que todas esas personas talentosas participen? Necesitamos despertar porque en las universidades, en las empresas y en la sociedad civil hay mucho talento y en algún momento deben aceptar ese llamado histórico que su país les hará.

Aristóteles habla del zoom politikon o animal político, todos somos políticos por naturaleza, pero insisto, necesitamos pasión por Guatemala para tener la valentía de participar. Debemos entregar toda la pasión por nuestros ideales –con convicción y coraje– para superar la caótica situación en la que estamos.

Algunos momentos en los que los guatemaltecos, o una gran mayoría, expresa pasión es cuando juega la Selección Nacional de Fútbol, sobre todo por la ilusión intacta de clasificar por primera vez a un Mundial. Pero les tengo noticias, la dirigencia del fútbol nacional es reflejo de nuestra política, pues está corroída por la corrupción, para muestra el caso de su expresidente Bryan Jiménez, lo mismo que pasa en el fútbol, pasa en los gobiernos de turno.

Con mucho pesar veo cómo las elecciones del 2019 se convierten en una ilusión más ante el deseo de que Guatemala cambie, igual como cada 4 años tenemos el sueño de clasificar al Mundial. Tenemos que dejar de ser ingenuos, porque nada va a cambiar hasta que cambiemos este Estado patrimonialista, el sistema político, electoral y de partidos y demás temas constitucionales. ¿Será que en realidad no necesitamos una Asamblea Nacional Constituyente?, pues yo no le tengo miedo, porque más miedo me da seguir viviendo como hasta ahora y ver que nada cambia.

Esta sociedad no se atreve a salir de su zona de confort, está acostumbrada a vivir sin libertad con tal de evitar la delincuencia. A no caminar por la calle degustando un helado, a vivir pendiente en cada semáforo para que no le roben, a aceptar que una minoría de delincuentes nos sometan y hundan en el temor.

Si seguimos con la misma actitud indiferente, nada cambiará. Constantemente culpamos a unos y a otros de no lograr lo que nos toca hacer a nosotros mismos, estamos constantemente evadiendo la responsabilidad, somos la sociedad de pretextos, de la desconfianza, indiferencia y ahí está nuestro resultado político, la mediocridad de la clase política en su máxima expresión.

Necesitamos construir ciudadanía, liderazgo y talento que disperso e indiferente en diversos sectores, deben ser cautivados y persuadidos de participar y desarrollar sus conocimientos, talentos, destrezas y habilidades en la esfera pública.

En definitiva, la elección presidencial es la misma ilusión que ir a un mundial o la de recibir un bono 14, solamente dura mientras se anhela, porque más se tarda en esperarlo que en aprovecharlo. Se esfuma al solo recibirlo, porque ya está comprometido o ya se debe. Lo mismo pasa con las elecciones, solamente nos movilizan y nos hacen sentir importantes mientras emitimos el voto, pero después el sentimiento de frustración vuelve para quedarse otros cuatro años, para arrepentirse por las malas decisiones. Las elecciones en Guatemala son la mayor mentira de la representación, porque ésta no existe, pero al igual que en el fútbol, jugamos a pensar que es posible cambiar, cuando todos ya sabemos el resultado. Es un autoengaño, creemos en nuestras propias mentiras y así es como nos estrellamos contra la pared.

Como decía la canción de Bronco, “Pastillas de la amnesia, doctor”, porque a veces pareciera que estamos anestesiados. Nunca saldrá de mi mente ese adagio: “Si hay pasión en el presente, hay esperanza en el futuro”, ojalá que todos nos llenemos de pasión por Guatemala.

 

República es ajena a la opinión expresada en este artículo