Lo mejor que le puede pasar al país es que de la cooperación con la nueva administración Trump, de EE. UU., se desprenda un programa de colaboración extensivo y comprensivo de capacitación y entrenamiento a todo el aparato de seguridad pública (ejército, policía, MP, DIGICRI, presidios, Inacif, tribunales penales, investigación criminal, inteligencia civil y militar) y de investigación criminal guatemalteco. Este esfuerzo debería ser bilateral, de Estado a Estado y sin la participación totalmente parcializada y politizada de Naciones Unidas en Guatemala; en este contexto, lo mejor que le puede pasar al país es terminar las relaciones diplomáticas o reducirlas drásticamente y a su mínima expresión con EU, Noruega y Suecia.

Por otra parte, la abierta intervención en asuntos internos guatemaltecos de las embajadas cubana y venezolana también debería en forma inmediata por parte del gobierno generar un rompimiento de relaciones con estos dos países especialmente por el acercamiento de dichas embajadas al ala más radical, dañina y violenta de la extrema izquierda guatemalteca y haber iniciado un diplomado de estudios chavistas, que no es otra cosa que un intento abierto y descarado de hacer subversión a la soberanía nacional y a nuestro sistema republicano de gobierno y entrenar y darle medios materiales a la extrema izquierda guatemalteca para hacer una toma del poder o intentar volver a Guatemala otro satélite venezolano como Nicaragua, cosa que ya se trató de hacer abiertamente en el corrupto gobierno de la UNE con Petrocaribe, el ALBA y demás iniciativas fracasas del chavismo cubano corrupto, que tantísimo daño le causa y ha causado a toda Latinoamérica y el Caribe por ya más de 19 años de cruenta dictadura, que asesina y tortura a presos políticos y ataca violentamente a la oposición política venezolana y no respeta la voluntad popular expresada en la aplastante victoria electoral de la ahora mayoría de oposición en el Congreso o el resultado devastador para el moribundo régimen chavista de Maduro, con más de 7 millones de votos en contra de la constituyente chavista, para perpetuarse corruptamente en el poder y desconocer al Congreso de mayoría opositor, que lo ha derrotado palmariamente en las elecciones recientes de aquel país hermano, que tanto sufre.

La administración Obama y el Partido Demócrata, ahora tomado por el ala más extremista de izquierda de ese partido, se empeñan en los EE. UU. en no dejar gobernar al presidente Trump. No han pasado ni siquiera 6 meses de la toma de posesión del nuevo presidente norteamericano y los demócratas ya piden un “impeachment”, que sería nuestro equivalente al proceso de juicio político por el parlamento para retirarle la inmunidad al presidente y enjuiciarlo para no dejarle terminar ni siquiera la primera mitad de su periodo presidencial de 4 años. En Guatemala grupos violentos como CUC, Codeca, Conic, Cnoc, Calas y demás organizaciones hijas de las guerrillas marxistas derrotadas por el Ejercito de la República, en la guerra de guerrillas del siglo XX guatemalteco, no solo violaron los Acuerdos de Paz, violaron las amnistías legalmente establecidas, sino utilizan políticamente los fallos ilegales, retroactivos e inconstitucionales de la CIDH para perseguir al ejército y atacan permanentemente al empresariado guatemalteco y las instituciones de justicia tomadas desde el corrupto gobierno de la UNE, solapan y permiten a la extrema izquierda delinquir, invadir, destruir, bloquear ilegalmente carreteras, polarizar y mantener al país completo en un estado de conflictividad permanente, con litigios malicioso, ataque sistemático a las inversiones legítimas y legales en el país, invasión de fincas y propiedades rurales productivas y legítimas, quebrar ingenios azucareros en la cuenca del Polochic, hacer robos millonarios de energía eléctrica en todo el país (cobrando luego por peligrosas conexiones ilegales directas sin contadores) destruir plantaciones de palma, y en general cualquier actividad terrorista o destructiva que puedan imaginar. No puede el gobierno de Guatemala tolerar que la soberanía nacional sea sistemáticamente atacada por ninguna embajada que fondee estas ONG violentas, que atacan al país y a sus habitantes en forma sistemática e ilegal, y debe reaccionar de la forma más clara y contundente en la defensa de los legítimos intereses nacionales. Jamás se desarrollara la economía guatemalteca si seguimos teniendo relaciones diplomáticas y dejamos operar libremente a embajadas y ONG extranjeras, abiertamente hostiles y que tienen como fin destruir las inversiones en el país, mantener al país completo en un estado de caos y paralización constante e impedir el desarrollo y el crecimiento económico generalizado. El gobierno está para defender a la población, no para quedar bien con extranjeros irrespetuosos de la soberanía y el interés nacional.

 

República es ajena a la opinión expresada en este artículo