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 Parte de por qué las relaciones amorosas ahora me generan no poca ansiedad, es la posibilidad de sentirme cerca del abismo. (Sí, Luis, se pone personal a veces). Y la música de la cantautora mexicana Carla Morrison es visceral, tiene el espíritu de las rancheras, sin las referencias obligatorias al alcoholismo, pero con el fatalismo propio de un corazón roto que tiene cicatrices nivel Frankenstein.

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Es codependencia lírica, el puro desconsuelo. Descubrí a Carla hace algunos años con su colaboración junto a Los Ángeles Azules, Las maravillas de la vida. El siguiente paso para mí fue esa balada sangrante Déjenme llorar. Empecé a buscar videos de ella en YouTube y me topé con interpretaciones honestas donde terminaba (o mas bien, las lágrimas le saboteaban una canción justo a la mitad) quebrándose, víctima de las emociones. Y eso pasa con Amor Supremo Desnudo, una versión minimalista de su más reciente álbum. Las emociones tienen el control, y solo necesitamos una guitarra acústica, tal vez un piano y algunas cuerdas. Y su voz, claro, su voz.

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Canciones como Dime Mentiras y Devuélvete son peligrosamente honestas, dolientes. “Me dicen que debo ser fuerte por mi mente y por mi cuerpo” es una frase conmovedora. Negación pura. El soundtrack de una ruptura. Te regalo será una canción para recién casados. Parafraseando a Fito Paez, Carla viene a ofrecer su corazón. Lo viene haciendo desde inicios de la década, cuando su carrera empezó a despegar.

“Esta lucha es solo contra mí”, declara en Todo pasa, un alma torturada, incapaz de enfrentar la lucha cuesta arriba. Love is a battlefield, bien decían. Este es el tema central del disco, el desamor y otros demonios. Flor que nunca fui empieza con un acorde que me recuerda a More Than Words de Extreme, lo cual no creo que sea una coincidencia. Tierra ajena, junto a Ely Guerra, Yo Vivo Para Ti y Devuélvete le siguen echando sal en la herida (el tequila es opcional). Vez Primera podría ser una resucitada encarnación de La Tumba Falsa. No sé, tal vez ya me empañó el espejo interior…

Tiene sentido escucharla en versión acústica, si lo pensamos bien. En una entrevista reciente, Morrison lo explicó así: “Con ‘Amor Supremo’ me pedían que cantara pero solamente con la guitarra y mi voz, pensé que podía grabarlas otra vez en acústico. Cuando comencé mi carrera hacía acústicos porque no tenía dinero para una banda, después pasé a producciones más grandes y ahora regreso a este formato de manera natural, preparé todo desde cero, es algo orgánico”.

El dolor y el perdón, el olvido y la memoria, al final son también naturales. A ratos solo necesitamos una sesión acústica para reconocerlo.

 

Escucha el álbum aquí

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