Fredy Portillo es columnista de literatura, y República lo publicará los domingos.

La verdadera renovación y el reencuentro con las raíces. De la novela criollista al estilo de Flavio Herrera se destaca el lenguaje poético muy bien logrado en la descripción de paisajes y las emociones y un ideal casi romántico en el manejo de los rasgos de carácter de los personajes.

Para Seymour Menton (Historia Crítica de la novela guatemalteca, 2008), Herrera hizo el primer intento por hacer una novela nacional. Tiene razón en tanto que, en cierta forma refleja el orden social de clases en la Guatemala de los años 30: el criollo será siempre el obvio protagonista; el ladino como personaje secundario, y el indígena casi siempre será un personaje casi accesorio.

Asturias y Monteforte Toledo por su parte, desarrollaron una narrativa que en poco se parece al estilo criollista, tanto en el manejo de los personajes, la técnica narrativa y los recursos literarios, así como en los motivos literarios y los temas.

En su obra literaria, totalmente autónoma de sus posturas políticas y racialistas, Asturias describe la cosmovisión del mundo indígena y narra los rasgos de su tradicional oral con los elementos que mejor podían captar ese mundo misterioso: el exceso juegos de palabras, parecidos al desorden y sobrecarga de adornos de las iglesias barrocas y principalmente con el surrealismo característico de las historias de terror y del Popol Vuh.

En Hombres de Maíz, Asturias toma historias y leyendas y la forma en que éstas se han integrado a la superstición ladina y mestiza lo cual conforma el mundo de loreal maravilloso, muy diferente al realismo mágico de Gabriel García Márquez, que se basa en una ficción sobre inventada de la realidad cotidiana para dotarla de elementos sobrenaturales.

Descubriendo la literatura guatemalteca (2)

Monteforte toma una postura más sociológica y antropológica, y entre otros recursos literarios, invierte el manejo de los personajes, sustrayendo del anonimato y colectivismo al indígena como postal y accesorio, para ubicarlo por primera vez como el protagonista de una novela guatemalteca, para identificar, poner de manifiesto y explorar los instintos más elevados y más bajos del indio y del ladino para abrirse paso entre la barbarie que le impone el mundo criollo como clase social y lo hace un antihéroe por ser demasiado bueno, demasiado malo o lo suficiente de ambos para subsistir.

A pesar de la ruptura que significó la obra de estos dos autores, la literatura guatemalteca siguió gustando del criollismo y otras tendencias anteriores como el romanticismo y la novela histórica, por lo que en el final de la primera mitad del siglo XX, confluyen el desarrollo de la obra de Asturias y Monteforte y novelas con temas criollistas y románticos.

 

Descubriendo la literatura guatemalteca (1)