La complejidad de procesos que envuelve a un agente aduanero va acompañada del olor a hierro, sal de mar, golpe de concreto en un puerto y aire acondicionado, papeleo y constantes llamadas telefónicas a la oficina y a su celular.

Armado de, conocimiento y la herencia aduanera que recorre sus venas, se enfrenta todos los días, con el sudor que le causa la pasión de su trabajo a la burocracia gubernamental. Alfredo Conde o Fredy para sus amigos, no se asusta a los retos enormes de servir a sus clientes como Agente Aduanero.

Se graduó en economía en la Universidad de San Carlos. Tiene una maestría de Comercio Internacional y Aduanas de la Universidad Galileo. Tiene 28 años de estar en el mundo de las aduanas. Empezó como vacacionista o “patojo chispudo” cuando se podía, ahora no. En las instalaciones piden identificación y no dejan entrar a menores de edad.

Inició como gestor aduanero en una agencia de carga aérea y debía hacer los trámites tránsitos de la aduana express aéreo hasta las almacenadoras. Después trabajé con un Agente de Aduanas y aprendí el tema de documentación, clasificación y la valoración de aranceles. Tiene 22 años de laborar como Agente Aduanero y en la actualidad trabaja en la empresa Carga Global. Lleva 12 años ahí.

Los consejos de su padre

Su padre trabajó en la antigua Dirección de Aduanas. Fue empleado del Ministerio de Finanzas. “Un tío y primo de mi papá fueron directores generales de aduanas. Casi no hablamos de las aduanas. Mi papá se jubiló hace 25 años y las gestiones eran diferentes antes que entrara la SAT. Por lo regular me pregunta si no he visto a alguna persona de sus tiempos”.

Mi papá me enseño a tener moral y ética que se tiene que tener en este negocio. Yo le agradezco a Jorge Paz a quien le aprendí muchas cosas y también era de esa línea, es decir. Se hace en ley y si un cliente quiere hacer las cosas a su modo que mejor lo haga a su manera. Nuestra ética es cero tolerancia a las cosas ilegales. Lo que la ley dice eso se hace.

Conde se frustrar al escuchar casos de corrupción de gente que conoce y que está involucrada. Pero más que frustrado. Yo me siento orgulloso que en la empresa que trabajo hacemos las cosas en la forma correcta. Todos nos conocemos y todos saben qué hace cada quién”, agrega.

Las grúas de Puerto Quetzal

 

¿Qué hace un Agente Aduanero?

Un Agente Aduanero hace la verificación de todos los documentos para que cumplan con la legislación. Verifica las partidas arancelarias y revisa la correcta nomenclatura del producto para el pago de los impuestos. “Tenemos que velar por nuestro cliente que pague lo justo y con el gobierno de que el cliente pague lo que le corresponde.

Me da satisfacción de que si nuestros clientes nos siguen buscando es porque estamos haciendo las cosas de la forma correcta”, comenta Conde

Se llama al Agente Aduanero cuando, por ejemplo, un contenedor ya está en la rampa de despacho y el técnico tiene duda en cuanto a clasificación, ficha técnica de alguna maquinaria o un producto y vamos solo a eso. Otras veces los viajes son rápidos. Me voy a las 9 de la mañana y a las 12 ya estoy de regreso almorzando en al oficina”.

La dinámica del ambiente

Conde no es multitasker por moda, es que el trabajo así lo exige. Solventa problemas, responde su teléfono, chatea, revisa formas y habla con cualquier persona sin perder el hilo de la conversación, mientras maneja y todo porque su pasión por el trabajo le rebasa cualquier sentido común.

“Mi teléfono es 24 horas. En la madrugada me caen los mensajes que ya están listos los contenedores para que ingresen al territorio guatemalteco o me informan que ya van en ruta”, dice con la sonrisa de un desvelado al que no le molesta la interrupción, al contrario el logro es una estrella a la eficiencia. Me enseña un mensaje de salida de un contenedor a las 2:45 de la mañana. “Entre semana hacemos entre 40 a 50 declaraciones de importación y exportación semanales que eso en términos legos es demasiado”.

Como periodista de la fuente de economía conocer procesos, máxime en aduanas es algo que hay que saber, no tanto para aburrir al lector al contarles tales banalidades sino para entender el funcionamiento de los Puertos, las Aduanas y el papel de la Superintendencia de Administración Tributaria quienes son protagonistas de todo ese complejo mundo burocráticos de requisitos engorrosos.

Solo algo más y después me hago invisible. Cuando uno va al puerto o tiene algún contacto con el mar, lo primero que piensa es descanso. Ver el cielo y el mar elevan a cualquiera por su lado espiritual. Todo choca al ver aquellos enormes armatostes, grúas, contenedores, concreto, diesel y calor que envuelven es microcosmos cuya vida no lo detiene la noche o el clima. Todos esos enormes armatostes que intimidan por su tamaño y fuerza son como la extensión de trabajo para servir a los clientes y empresarios que mueven la economía del país.

Seguimos. El puerto y su estructura parecen como montados sobre una pila de lavar ropa. Es decir donde atracan los barcos hay una profundidad de vértigo. Pasarse de “vivo” y quitarse los zapatos para tirar los pies y refrescarse es el delirio de todo rebelde que alucina con el calor. No sé si eso sea prohibido pero si es impropio. La playa más cercana está a 15 km así que la distancia me sacó de mi sensible alucinación.

Por reglamento deben ir con casco y chaleco reflector en las instalaciones. Además va con camisa larga y formal y el calor es abrasador mejor la comodidad. Conde está encerrado en su rutina y no es porque no quiera interactuar con nadie al contrario quiere servir apurarse porque sabe la importancia de activar la economía con los productos que venden los clientes.

Conoce el Puerto Quetzal como la palma de su mano. Viaja al Puerto por lo menos una vez al mes y cuando la situación lo obliga pues va. Llega a las 8 de la mañana y a veces le toca un proceso de espera de la salida del contenedor que puede durar hasta 7 horas.

En el puerto tiene muchos procesos o ciclos de descarga por mencionar uno de tantas gestiones. Los pilotos de las grúas tienen un mapa de la localización de los contenedores y si está en verde, que quiere decir que tiene salida inmediata y el proceso de salida es más rápido pero largo pero si está en rojo es largo de los largos. Porque tiene que ser revisado y depende lo que traiga puede haber una inspección conjunta porque el análisis de riesgo de la Policía Nacional Civil por la trasabilidad del contenedor por los puertos que tocó y país de procedencia y el tipo de producto.

¿Y qué hace en todo ese tiempo?. “Aguantar calor”, dice mientras ríe. “Antes se podía entrar al edificio de la aduana y había aire acondicionado. Ahora el espacio es reducido y ya no dejan entrar. Lo que queda es esperar. Hay mucho movimiento afuera. Los gestores hacen muchas gestiones y andan ‘de arriba para abajo’ entregando papeles y no se permiten perder tiempo haciendo solo una gestión; como malabaristas llevan varios trámites en el aire”.

Conde usa la espera para seguir trabajando. Hace todo lo que le permite hacer su celular. A veces lleva su laptop y tiene que terminar las gestiones porque cuando viaja al puerto los trámites pendientes no se hacen solos. Es una oficina andante.

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Lo que le apasiona

“A mí lo que me gusta de mi profesión es que nada es igual todos los días. Todos son diferentes. Todos los días cambia. El comercio internacional es así. Me gustó el dinamismo de este negocio. Soy parte de una maquinaria para transportar las cosas a su lugar. Ayudamos al gobierno que pueda recaudar impuestos. Somos parte de los auxiliares de la función pública aduanera”, dice emocionado

Conde no se da tiempo para pensar en todo lo que hizo en el día. Piensa en lo que le falta. “Vengo en el teléfono y reviso mi chat pero no me pongo a pensar en eso en lo que hice a lo largo del día. Lo que pienso es ¿Qué dejo pendiente para el otro día?”.

Le apasiona el conocimiento, clasificar, productos, la merceología, investigar y conocer la nomenclatura, conocer las leyes, cuál buscar para definir y determinar el arancel correcto para los productos. En cuestiones arancelarias se cometen pocos errores porque los aranceles están definidas en cinco reglas que todo clasificador debe conocer.

Así sigue su día Alfredo Conde para adelante y resolviendo problemas para que los clientes aporten ese dinamismo a la economía que tanta falta hace.