Durante su discurso en la Organización de Naciones Unidas (ONU), el presidente Morales dijo dos cosas que llamaron la atención; la primera es que el mandato de Cicig sería interpretado y revisado, y la segunda que Guatemala está viviendo una polarización ciudadana, por lo que hizo un llamado al diálogo nacional.

En cuanto a la revisión del mandato de Cicig, no indicó qué motiva la revisión, quién la hará y en qué plazos se efectuará. A todas luces, el presidente Morales ya no sabe a dónde patear, cumplió un mes escondiéndose de los medios y apareciendo solo en videograbaciones, además de utilizar como escudo a su vocero Heinz Heimann, aunque este no hace más que agravar cada situación gracias a los disparates que dice.

Es hora de aceptar que perdimos a Morales como presidente desde el día que tomó posesión. Desde entonces, no ha hecho otra cosa que pelear con la prensa, acusándolos de “faferos” y demás. El problema del mandatario es que nunca ha comunicado bien y piensa que su poder es absoluto y será eterno. Sin embargo, olvida que al terminar su período de gobierno – si lo logra– ese mismo día perderá la fama y la atención mediática y será juzgado por su comportamiento en el poder, ni siquiera por sus logros o por sus errores, sino por cómo interactuó con sus públicos.

Un presidente debe darse su lugar y tener un nivel de comunicación aceptable para lidiar, tanto con los problemas, como las personas, lamentablemente el presidente Morales no da la talla ni de una, ni de la otra.

Con respecto a la propuesta del mandatario Morales de convocar a un Diálogo Nacional, es obvio que ha confundido los términos diálogo y monólogo, pues no escucha a sus detractores. Cuando un presidente hace un diálogo a su medida en plena crisis política, esto es un indicador de que la crisis crecerá a un ritmo más acelerado y que el desenlace no será el mejor ni el más conveniente para el país.
Y los acontecimientos nos muestran que el presidente Morales interpreta su monólogo frente al espejo. Es claro que padece una seria patología de representatividad, pues él únicamente quiere representar a quienes lo alaban y rechaza tajantemente a quienes quieren discutir los temas importantes del país.

Además, se equivoca de nuevo al agenciarse de respaldos dudosos, como el de los alcaldes, a través de la ANAM, o el sindicato de maestros, por medio de Joviel Acevedo, entes que no tienen legitimidad, sino que están conformados por personajes cuestionables y que levantan el rechazo generalizado. El pasado fin de semana subió a ese barco carnavalesco a sus amigos ganaderos. Este gremio también le dio una palmadita en la espalda y de paso le dijo que no quería al Superintendente de la SAT, Juan Francisco Solorzano Foppa, por ser considerado de izquierda. Lo peor es que, al parecer, la salida del jefe de la SAT está a la vuelta de la esquina, todo con tal de consolidar el Estado, pero el estado putrefacto que va derecho al paredón para estrellarse.

Ya deberían enterarse que a los funcionarios no se les mide por su afinidad ideológica, sino por su capacidad y competencia. Cuando un presidente se resigna a entregar su gobierno a intereses, que no son los del país, es solo para seguir el guion que se le entregó tras bambalinas, sin darse cuenta que el viento que le rosa la cara le anuncia la caída estrepitosa.

Lo peor de todo se pudo ver el fin de semana pasado, cuando el presidente Jimmy Morales asistió a una especie de mitin donde se rendía pleitesía a su burda majestad. Mientras avalaba todo lo que se decía, en lo que parecía una serie de ataques ideológicos, que solamente buscaban despotricar contra el enemigo, es decir quien se opone a sus intereses, Morales señaló de manera personal –en lo que pareció ser el acabose– a la exministra de Salud, Lucrecia Hernández Mack, de ser la responsable de la falta de abastecimiento de los próximos 6 meses en el sistema hospitalario. Aquí se puede aplicar aquel dicho que dice “La ropa sucia se lava en casa”, pues el presidente Morales busca heredar las responsabilidades de todos sus males.

La verdadera historia aquí es que Hernández Mack ha tenido la valentía de liderar y señalar lo que está mal en ese ministerio y en el Gobierno del presidente Morales, convirtiéndose así en una de sus principales detractoras, aspecto que le duele más al mandatario. Pero antes, hasta la llamaba “guapa” e “inteligente”, lo que solamente demuestra la poca coherencia que hay en un Gobierno que se viene abajo, en un barco que cada vez se hunde más.
Perdimos al presidente Morales, es un naufrago que no encuentra un salvavidas político, pues cualquiera de las orillas que se quiere sujetar, le resultan tan resbalosas que cae con mayor fuerza.

En definitiva, el presidente Morales se encuentra en las vísperas de un nuevo proceso de antejuicio, pero en esta vez en ocasión por financiamiento electoral ilícito, en el caso Bantrab, al cual se le pudiera adherir el delito de lavado de dinero. Esto se suma al otro antejuicio por lavado de dinero, a los vínculos con Sinibaldi, a los cheques recibidos por el Ministerio de la Defensa y al poco tino político de expulsar a jefe de Cicig.

Hoy la batalla se encuentra en la Corte Suprema de Justicia, que elegirá a su nuevo presidente para liderar en 2018, la comisión de postulación que elegirá al próximo Fiscal General. Otro punto medular será el actuar de la Corte de Constitucionalidad para enmendar la plana a los organismos del Estado que constantemente violan la Constitución. Por si fuera poco, existe la solicitud de retirar la inmunidad a 107 diputados que votaron a favor del #PactoDeCorruptos con las reformas al Código Penal, algo que se ve difícil, pero que es imposible descartar para la depuración judicial del Congreso.

La declaración de guerra del presidente es en contra del país, la sociedad y las instituciones del Estado, como el MP y también la Cicig, y podemos ver que ese tema del diálogo nacional solamente es uno de sus mejores chistes.

 

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