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En el blog de historias urbanas escribe José Vicente Solórzano Aguilar.

¿Ustedes sabían que hay cristianos en Palestina?

El hombre, la mujer y el niño que interrumpieron mi desayuno, tras pedirme un minuto para hablarme de la palabra de Dios, se me quedaron viendo.

No hablo de gente recién conversa, como ustedes. ¿Sabían que en ciudades como Belén, Ramala y la porción oriental de Jerusalén habitan los remanentes de la comunidad seguidora de Jesús más antigua del mundo?

Tuve que respirar y repetirles despacio la larga oración que acabo de transcribir.

Eso sí, había logrado el milagro de que me escucharan. No es fácil.

¿Y sabían que sufren la expropiación de terrenos, el arrasamiento de viñedos y olivares, el acoso de los colonos y toda clase de tropelías bajo el estado de Israel, al que la gente como ustedes tanto defiende?

El hombre me interrumpió para recordarme que Dios castigó al presidente venezolano Hugo Chávez por maldecir a Israel.

No se me salga del tema. Ustedes, que obedecen al llamado de su pastor para hacer colectas para la defensa del estado de Israel (no les hacen falta: tienen a las tropas mejor entrenadas del mundo), ¿han realizado jornadas de oración por los cristianos palestinos?

¿Han pensado en mandar alimentos y asistencia para los tres mil cristianos que sobreviven apretados en la franja de Gaza junto a millón y medio de sus compatriotas musulmanes?

¿Han enviado cartas de protesta al embajador de Israel porque el muro construido a lo largo de Cisjordania, bajo el pretexto de prevenir ataques terroristas motivados por la desesperación de quien toda su vida ha pasado bajo toque de queda, también dificulta que los palestinos cristianos puedan acercarse al Santo Sepulcro en Jerusalén durante semana santa y la iglesia de la Natividad en Belén para fin de año?

¿Ustedes sabían que no se pueden hacer ceremonias religiosas en el lugar donde según la tradición San Juan Bautista bautizó a Jesús en el río Jordán, porque todo ese terreno fue minado por el ejército israelí desde que ocupó Cisjordania en 1967?

El hombre, la mujer y el niño, cosa rara, seguían callados.

¿Ustedes creen que el presidente Jimmy Morales y la canciller Sandra Jovel, tan creyentes ellos, pensaron en los cristianos palestinos a la hora de decidir el traslado de la embajada de Guatemala a Jerusalén, desde su sede en Tel Aviv?

No. Ustedes creen que Jesús regresará hasta que todo el territorio situado en ambas orillas del Jordán esté habitado por judíos (eso está difícil, pues los musulmanes tienen mayor índice de natalidad –aunque la situación podría equilibrarse por el lado de los ultraortodoxos). Y para acelerar su regreso, toda Palestina debe quedar limpia de la población que la habita desde hace siglos. Sepan que los judíos fueron dispersados después de su última rebelión contra los romanos, entre los años 132 y 135 bajo el liderazgo de Simón Bar Kojba. El emperador Adriano les prohibió quedarse ahí para prevenir otra rebelión que causara pérdidas al ejército romano. La población que llegó en su lugar se islamizó en su mayoría tras la conquista árabe, hacia el año 634.

Ahora traten de pensar. Usted, usted y usted están en la casa que pertenece a su familia desde hace generaciones. Ahí aprendieron a caminar, jugaron con sus primos, pasaron la navidad con su familia, cada habitación atesora preciosos recuerdos. De repente un día les somatan la puerta y cuando abren, se encuentran con un montón de gente que ni conocen. Esa gente que ustedes ni conocen les dice que esa casa les pertenece porque su dios se la prometió a sus antepasados, y les dio venia para aniquilar a todos los habitantes que se resistan al mandato. ¿Ustedes qué harían? Si tienen los pantalones y las faldas bien puestos, pelearán hasta el último hombre y mujer disponible para defender su casa. Y si finalmente los recién llegados los echan, ustedes no se quedarán de brazos cruzados: resistirán con todo lo que tengan a su alcance, presionarán desde el lugar donde se refugiaron, clamarán ante las autoridades, denunciarán el caso ante las Naciones Unidas si es necesario. Y si nadie les oye, el último recurso que les quedaría es la violencia, ¿verdad? Ustedes pelearían duramente para recuperar lo que les pertenece. Aunque la gente que está con los invasores les llame…

En ese momento me acordé que puse el café a hervir. A esta hora ya debió evaporarse.

Con su permiso me retiro y que tengan buen día.

El hombre, la mujer y el niño siguieron callados.

 

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