Esta semana se puso en práctica un artículo de la Constitución que muchos, peligrosamente, habíamos ignorado y evadido. Nos guste o no, el polémico diputado Fernando Linares Beltranena, nos recordó que los derechos humanos son “humanos” porque van para todos, incluso para los criminales, y que no porque una persona haya actuado de manera ilícita tenemos permiso a tratarla como un animal; mucho menos cuando no hemos comprobado mediante el debido proceso que esa persona es del todo culpable.

El segundo párrafo del ignorado artículo 13 dice lo siguiente: “(…) Las autoridades policiales no podrán presentar de oficio, ante los medios de comunicación social, a ninguna persona que previamente no haya sido indagada por tribunal competente”. En otras palabras, nadie debería ser expuesto antes los ojos ni lentes de las cámaras de los periodistas o población en general sin antes haber sido llevada ante un juez. ¡Es increíble como varios hemos violado este artículo! La culpa, o error, es de tres grupos implicados: la policía, los periodistas y el público morboso.

La policía (y me consta) enviaba las fotografías de todos los capturados. A veces descamisados y de rodillas, como en señal de humillación, sobre todo si eran de escasos recursos o vinculados a algún grupo de mareros. El colmo de la exposición descarada de los apresados fue cuando la misma policía obligó a uno de los capturados a actuar en el video de su propia pesquisa. La noticia fue viral y, lastimosamente, el gran trabajo que han hecho las autoridades con relación a la captura de secuestradores, ladrones, asesinos, mareros y criminales de cuello blanco, se vio opacado por este abuso, tan recurrente e ilegal.

Por otra parte, los medios de comunicación también han sido culpables. Ya sea porque los fotoperiodistas hacen la imagen o porque la divulgan; cualquiera de las dos acciones también ha denotado la falta de conocimiento o violación al Artículo 13 y, hasta cierto punto, la deshumanización del capturado quien sigue teniendo derechos sin importar que tenga unas esposas en sus muñecas o no.

Finalmente, el error también es de la población. La gente se ha acostumbrado a ver este tipo de imágenes y le exige estas fotografías a los periodistas. Quieren ver al criminal y “mejor aún” si se muestra bajo el “total control” de la policía (por eso es que las autoridades comenzaron a mostrarlos sin camisa, de rodillas y hasta golpeados en algunos casos). Como ciudadanos debemos exigir respeto para todos. Criminales o no, todos somos personas.

Para nada estoy sugiriendo que las personas culpables no sean castigadas. ¡Al contrario! El criminal debe sufrir toda la fuerza de la ley y las consecuencias que esta le imponga. ¡Justicia para todos! Sin embargo, previo al proceso y a que una persona sea condenada, debemos tener en cuenta que la persona es inocente hasta que se demuestre lo contrario. Nos hemos acostumbrado a condenar antes de escuchar. Nos estamos convirtiendo en una sociedad que exige sangre y cabezas pero no juicios justos y debidos procesos.

El problema aquí, más que la fotografía, es el mal comportamiento del guatemalteco que, por tanta indignación que le han causado los crímenes cometidos en este herido país, permite que se nuble su juicio y olvida que todos somos personas con derechos. Por eso, este tipo de artículos ayudan a construir una mejor sociedad. Respetémoslo y sepamos qué y cómo exigir.

República es ajena a la opinión expresada en este artículo