“Todos los árboles cerca del mar fueron cortados; ahora está abandonado por completo, ya que acarrearlos hasta la orilla exige más trabajo que talar, cortar y astillar. Además, encuentran mejor madera en estos días en las bahías de Campeche y Honduras, y tienen que hacer poco camino para cargarla, no más de 300 pasos […] mientras que en Cabo Catoche se veían obligados a cagarla 1500 pasos antes de partir de aquel lugar”.  

A razón de la consulta popular que supone el inicio de la solución del diferendo territorial con Belice me interesé en explorar la historia entorno al palo de tinte. Me encontré con información por demás interesante. El extracto que cito al inicio, por ejemplo, corresponde a los manuscritos del explorador y capitán de barco inglés William Dampier, desconocido por muchos, pero nada más y nada menos que el descubridor de Australia y el primer hombre en circunnavegar el mundo entero tres veces. Es él, además, quien fuera el responsable del naufragio de Alexander Selkirk, un marinero escoces que quedara varado sólo durante cuatro años en el Archipiélago Juan Fernández (Pacífico sur, Chile), y sobre quien años después el célebre escritor inglés, Daniel Defoe, se inspirara para escribir su novela Robinson Crusoe.

Dampier describe cómo a mediados del siglo XVII la extracción de este recurso económico de origen natural, el palo de tinte (Haematoxylum campechianum) o “blood-wood” en inglés, era ya difícil en la Península de Yucatán; entre más cerca de la costa mejor. Imagino que extraerlo de las áreas hoy disputadas con Belice habrá sido aún más costoso.

Aquella cita de Dampier la encontré en el trabajo de Villegas y Torras (2012), quienes a su vez refieren otros trabajos muy interesantes sobre la extracción y exportación del palo de tinte. Estos estudios y otros como el de Guillermo Yeatts entorno al subsuelo dan cuenta de cuáles instituciones políticas y económicas prevalecían en aquella época. Una sola palabra las resume todas: mercantilismo, o conjunto de ideas bajo las cuales se otorgan privilegios económicos. Para el caso específico del palo de tinte, relatan estos dos investigadores, el Rey otorgaba por Merced Real una concesión, generalmente exclusiva y por muchos años, de cierta actividad económica.

Lo interesante es que luego de casi 200 años no hemos logrado superar esa herencia de privilegios, hoy enquistados en todo ámbito de la vida económica y social. Las clases que han sido esquilmadas, o expoliadas en términos de Bastiat, cuando han llegado al poder, en lugar de intentar terminar con el otorgamiento de privilegios han buscado más bien participar de los beneficios de aquellos. He ahí la derecha mala, la derecha mercantilista.

Abolir el aún vigente sistema mercantilista es por demás imperativo, pero se requiere de mucha claridad. El diferendo con Belice no es un problema importante ni urgente; creo que se debió haber resuelto con Inglaterra por la vía diplomática hace tiempo. Ahora los estatistas lo aprovechan y lo capitalizan como “distractor” pues en poco y nada ayudará la definición final de una frontera cuando seguidamente caerá de ella una gran carga de regulaciones (aduanas) que reprimirá el libre comercio entre los dos países.

No te dejes engañar por las cortinas de humo estatistas, explora la historia y advierte la necesidad de cambiar el sistema vigente. ¿Cómo? Mediante la derogación de las leyes que ofrecen privilegios y el impulso franco y transparente del Capitalismo liberal. Ello depende de cuánto valor tienes tú para conocer la verdad, es decir, la realidad. “Compra la verdad y la sabiduría, la instrucción y el entendimiento, ¡y no los vendas!” (Prov. 23, 23).

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Jorge David Chapas es empresario, académico, político liberal clásico y padre homeschooler.

 

República es ajena a la opinión expresada en este artículo