La Canción pesa,  hoy en la Versión Deluxe, el blog de música de Luis Fernando Alejos y República.  

Alguien seguro ya lo dijo: ser mayor de edad y admitir todavía que se tiene “un crush” es… problemático. El término anglo esconde lo que bien puede ser un enamoramiento (usualmente no correspondido) pasajero, pasando por una escala de emociones y actos obsesivos. El single #1 Crush de la banda Garbage (1996) bien podría ser la canción hermana de Every breath you take (The Police). No se contiene y su letra desnuda una mente perturbada.

Incluido en el soundtrack de Romeo + Juliet, la versión moderna de Baz Luhrmann (1996), el remix es mi primera referencia (en unos minutos probaré las  versiones en vivo; update, varios minutos después: la versión original se siente más oscura, acabo de escucharla) de una canción sin ambigüedad. Regreso a mi punto inicial: somos demasiado adultos para adolescentear la obsesión, la de guardar un crush, llamarnos crush. Pero lo entiendo, es más fácil, reducir a un monosílabo un estado vulnerable, embarazoso.

Hay días, como hoy, donde prefiero la autopsia lenta en la forma de poema, como el siguiente

(Los corazones, de Luisa Fernanda Toledo):

Los corazones que se rompen

Dejan entrar el tiempo a los lugares

En donde se guardan los recuerdos

Que creíamos para siempre.

Se escapa el tiempo

La luz desgasta el momento

Y ya sólo sirven

Para seguir bombeando.

El problema de romperlos

Es que siguen trabajando

Y una herida necesita reposo

Para sanarse y reconstruirse.

Pero somos seres que viven

No paramos un momento

No les damos tregua

A nuestros sentimientos.

Así, las fisuras apenas se juntan

Nos quedamos frágiles

Necesitamos construir jaulas

Que nos protejan del exterior.

Como tazas de barro rajadas

En las que se sigue vertiendo líquido

Sabiendo que, tarde o temprano,

Quedarán inservibles.

Tal vez, al final de cuentas,

De eso se trate la vida.

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