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Historias Urbanas | El circo deja la ciudad

Invitado
13 de junio, 2021

El circo deja la ciudad. Esta es la historia urbana de José Vicente Solórzano Aguilar.

De un día para otro desarmaron el circo de los Hermanos Barley, tras completar sus últimas funciones en el predio que le alquiló la municipalidad. Ahí lo encontró la irrupción del covid-19 en marzo del año pasado, apenas comenzaba la temporada.

El elenco pasó dificultades para mantenerse a flote. Desde que prohibieron los animales amaestrados, se libraron de la presión de alimentar a leones, tigres y elefantes.

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Pero tenían que ver cómo mantenían a los payasos, contorsionistas y acróbatas. Salían a improvisar funciones en la calle para recaudar dinero, junto a las bolsas con alimentos que recibían de parte de la gente, antes que arreciara el toque de queda.

Los magos y acróbatas del circo

Hasta finales de octubre reanudaron sus espectáculos los sábados y domingos, previo control de la temperatura y la desinfección de las manos para evitar contagios. No me animé a ir, procuro evitar los lugares que atraen a la gente. Pero supongo que siguen los guiones de siempre, adaptados a nuestra época. Han de mantener el paso por la cuerda floja y los lances de un trapecio a otro, previa voltereta en el aire, sin red de protección.

Tienen que presentar al payaso que se venda los ojos y revela, con exactitud, cómo viste y qué come el espectador sentado en la tercera fila del lado derecho.

La asistente del mago pasa entre los asientos para elegir al voluntario que verá brotar, para su eterno asombro, aquel montón de trapos de colores del bolsillo izquierdo del pantalón, donde estaba seguro que no había nada.

Tampoco falta la advertencia al público de que guarde silencio mientras los motoristas disfrazados de Batman y Robin desafían al Domo de la Muerte.

Me imagino que empezaron a desarmar el circo apenas terminó la última función. Se despidió con las palabras de agradecimiento del director por todo el apoyo recibido desde que se quedaron varados a causa de la pandemia.

Retiraron los tapetes de la pista y el cerco que los separa del público. Empaquetaron las sillas plegables y las llevaron de una vez al camión de carga.

A un nuevo destino

Todas las manos disponibles se dedicaron a arriar los trapecios, desmontar los andamios y desmontar los postes. La carpa se vino poco a poco al suelo, como bandera que se baja del asta. Al amanecer, sólo estaban los picops y las casas móviles que alojan al personal. En pocas horas los llevaron a cargar combustible y salieron a su nuevo destino.

El predio quedó desocupado. Cruzo los dedos para que no termine hecho un basurero y permanezca a salvo de los invasores de terrenos. Los sitios para distraernos, reírnos con las ocurrencias de los demás, admirar a todo ser humano capaz de enfrentarse a las alturas, son necesarios. Ojalá siga disponible para la próxima estancia del circo.

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