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La cumbre del G20: Los países más poderosos exigen lo que ellos no están dispuestos a cumplir

Alejandro Palmieri
30 de octubre, 2021

A partir de este sábado se reúnen en Roma los líderes del G20, que es el “club” de los países con economías más grandes, tanto industrialziados como emergentes, más la Unión Europea.

Su finalidad es alcanzar consensos y tomar medidas respecto a problemas globales. Estas naciones a partir del 2008 tienen reuniones anuales tanto a nivel ministerial (Economía y Relaciones Exteriores) como a nivel presidencial. En el G20 están representado dos terceras partes de la población mundial, pero casi el 90% del Producto Mundial Bruto.

Básicamente, los miembros del G20 intentan ponerse de acuerdo en temas que debiesen requerir el concurso global. Pero por ser precisamente un foro donde las economías más grandes concurren, los intereses particulares generalmente impiden consensos realmente importantes.

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La discusión este año incluye, por razones obvias, la pandemia, pero más que eso, lo que los países miembros pueden hacer para prepararse para una pandemia en el futuro.

Imagino que no tratarán, por lo menos en foro abierto, el no financiar experimentos en laboratorios de otros países, como se presume que inició la actual covid-19.

Por supuesto ninguna potencia económica, pero sobre todo política, abandonará su capacidad de desarrollar investigaciones en ese sentido para sacar ventaja de los demás. Pues así podrá haber cooperación en cuanto a vacunas, tratamientos y mejorar el intercambio de tecnología. Pero ninguno va dejarse aventajar o permitirá que otra potencia les condicione. Ni modo, la dignidad de resguardar la soberanía en decisiones parece ser una prerrogativa de los países ricos y poderosos.

La agenda del G20

Otros temas que han estado en la agenda de las reuniones ministeriales son el compromiso de reducción de emisiones de carbono y el paso hacia una economía verde.

En ese sentido, con solo que China, India, Estados Unidos y Rusia se tomasen en serio el tema, bastaría. Esos países son los más grandes contaminadores y sus avances hacia el control de emisiones han sido del diente al labio o, cuando menos, insuficiente.

Eso sí, como son los países que controlan el sistema financiero internacional y los más grandes donantes, el G20 condiciona la ayuda a países en desarrollo. Piden a que ellos sí se comprometan y cumplan las metas que ellos no acatan. De nuevo, prerrogativa de ser poderoso.

Aunque los temas anteriores son importantes, el que más preocupa a corto plazo es el de la recuperación económica. Ello luego de los encierros durante la pandemia y los desastrosos efectos que ha tenido en la economía mundial y el comercio internacional. Solo como un dato representativo, el costo de un contenedor de China a Europa se ha multiplicado por 10 en los últimos 18 meses.

La recuperación económica, según los ministros de Economía y Salud de ese grupo, pasa por alcanzar la vacunación de un porcentaje significativo de la población mundial.

Eso, a la vez, ocurre porque el G20 sea más eficiente y gamonal con los mecanismos de ayuda, sobre todo el de Covax que ha sido hasta ahora un rotundo fracaso, en comparación con las compras directas entre gobiernos y farmacéuticas.

Como suele suceder, las reuniones preparatorias, las de nivel ministerial, es donde se lleva a cabo la dura negociación y discusión. Pero al final es en la de alto nivel donde se hacen los acuerdos, pero también donde se caen.

Cómo llega el presidente Biden

En esta reunión en Roma, el presidente Biden llega muy debilidato y sin el gravitas requerido para ser el “lider del mundo libre” como se autodenominó el expresidente Richard Nixon.

La relación con Europa pasa por tiempos difíciles, sobre todo con algunos miembros como Francia. Lo anterior debido a que EEUU negoció con Australia la venta de submarinos y dejara fuera a Francia que ya tenía un acuerdo incial. Si Trump fue un bully con la UE, Biden luce piel de oveja, pero ya sabemos lo que usualmente hay debajo.

Rusia y China son un problema serio cada uno, pero la UE está entrando en la época donde depende de Rusia para su calefacción y no va a pelearse justo ahora con Putin; Xi Jinping es el más peligroso adversario que ha enfrentado occidente jamás, cuando China, a costa de millones de muertes luego del “Gran Salto Adelante”, la “Revolución Cultural” y otro impreciso número de muertos por contaminación producto de las fábricas y plantas de carbón que ha impulsado a ese país a ser la potencia acutal. A China no le ha importado violar normas comerciales, ambientales, laborales y por supuesto, DDHH para llegar a donde está. Esperar que ahora se convierta en un país que juegue bajo las reglas es ridículo.

Esos países, el G20, unos más que otros, han alcanzado su poderío gracias a prácticas que ahora le dificultan o prohiben a los países en desarrollo como el nuestro. Y como si fuese un mal chiste, inmediatamente después de la cumbre del G20 en Roma, se celebra en Glasgow la conferencia COP26 sobre cambio climático donde, luego de los compromisos de Kioto y de París ha habido muy poco avance; China, nuevamente, es la que sin importarle incumplir, avanza inexorablemente mientras occidente se rasga las vestiduras y blanquea sus sepulcros.

Si el dicho de que cada pueblo tiene el gobierno que se merece es lapidario, ciertamente el mundo no merece a los líderes que tiene.

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