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El interés político de Jordán Rodas y los vicios en la elección del rector de la Universidad de San Carlos

No porque la alternativa de que Jordán Rodas llegue a la rectoría de la Usac (y la evidente instrumentalización política que eso conlleva), sea impensable, se va a aceptar que una elección plagada de ilegalidades quede impune.

Alejandro Palmieri
16 de mayo, 2022

La famosa Ley de Murphy dice que “si algo puede salir mal, saldrá mal”; en Guatemala, tristemente parece cumplirse una versión tropicalizada de aquella y podemos decir que “si algo puede corromperse, se corromperá”.

La Universidad de San Carlos de Guatemala dejó de ser un ente académico y se convirtió en un actor político, al punto que lleva a interesarse a Jordán Rodas, el todavía Procurador de los Derechos Humanos, a querer ser Rector, sin tener una trayectoria académica o universitaria de la cual hablar, evidenciando que su interés es político.

El más reciente proceso de elección de rector de la Usac estuvo embarrado de actuaciones opacas e ilegales. El 27 de abril pasado no pudo llevarse a cabo la elección porque manifestantes impidieron que los electores ingresaran en el recinto; el motivo de su inconformidad fue que el Consejo Superior Universitario dejó fuera a siete cuerpos electorales que presumiblemente votarían contra Walter Mazariegos, el ahora rector.

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La Usac es un ente que nace con una noble misión, pero que por los incentivos perversos intrínsecos, ha sido corrompida y politizada, al igual que la gran mayoría de los sindicatos del sector público.

Lo anterior -la exclusión de electores- motivó una serie de amparos que están pendientes de resolverse ante la Corte de Constitucionalidad; en el ínterin, una Sala de Apelaciones “ordenó” que se hiciera la elección dejando fuera a esos electores. La legitimidad de este amparo ha sido cuestionada, pero en atención a esa resolución, el CSU convocó para el sábado pasado y allí es donde se dieron otro montón de acciones ilegales.

En principio, hay dudas de que esa convocatoria haya sido legítima; el amparo provisional parece no haber tomado en cuenta la normativa específica (Reglamento de Elecciones de la Usac) y, además, por la posibilidad de que contrarios volvieran a bloquear la entrada al lugar del evento, encapuchados de uno y otro bando se hicieron presentes.

La Policía resguardó el acceso finalmente, pero de los 35 cuerpos electorales acreditados para la elección, es decir, 170 electores, menos los siete cuerpos electorales descartados inicialmente, solamente pudieron ingresar 72 personas al lugar y todos votaron por Mazariegos.

La razón de la exclusión inicial de siete cuerpos electorales por parte del CSU no ha estado clara, ni por asomo, y ese asunto, como se ha apuntado, está pendiente ante la CC. Pero si a eso le agregamos que electores legítimamente acreditados y reconocidos por el CSU no pudieron siquiera ingresar en el lugar de la elección (como tampoco lo hicieron los demás candidatos), la elección de Rector se ve amañada y trastocada. Los opositores le han llamado fraude.

Lo que hemos podido ver en el proceso de elección de rector de la Universidad de San Carlos de Guatemala no es un hecho aislado, sino que es el sólo el más reciente de una serie de hechos, maniobras y trinquetes que se dan en esa, la única universidad pública del país. La Usac ha sido escenario de múltiples movidas y “cooptación” desde hace mucho tiempo; no es que eso justifique lo de la elección, pero ciertamente lo pone en contexto.

¿Motivos para ello? Muchos. Pero uno de ellos es que la Usac recibe el no menos del 5% del Presupuesto General de Ingresos Ordinarios del Estado según el artículo 84 de la Constitución.

Más allá de que parece estar todavía en discusión sobre qué base se calcula ese porcentaje (incluso después de que la Corte de Constitucionalidad resolviera un amparo determinándolo) es un monto de miles de millones de quetzales y la tentación de instrumentalizarlo y de abusar de esos recursos es mucha. A pesar de los rumores, señalamientos y procesos, la Contraloría General de Cuentas no ha descubierto “hallazgos” ni procesado exitosamente cuando se descubren malos manejos.

Lo anterior es otra de las razones por las que es tan apetecida la rectoría y control de la Usac: desde ahí se pueden hacer muchos “favores” y nombrar a diestra -pero sobre todo a siniestra- a quienes son benévolos con los mandamases de esa casa de estudios.

Otra, no menos importante razón que las anteriores, es la participación de la Usac en distintas directivas en el Estado con nombramientos en la mismas, además del nombramiento de uno de dos magistrados (titular y suplente) en la Corte de Constitucionalidad.

Hay un sin fin de razones por las que alguien o algunos quisieran controlar la Usac y su discusión da para mucho, pero lo ocurrido recientemente en el proceso que ha designado a Walter Mazariegos como rector es de lo más controversial de lo que se tiene conocimiento.

Desde el “repentino” interés del Procurador de los Derechos Humanos, Jordán Rodas (que termina su período en pocos meses) pasando por el tortuoso proceso de elección de electores, hasta la elección de Mazariegos, todo estuvo envuelto en acusaciones recíprocas, acciones judiciales y medidas de hecho. Todo muy alejado de lo que se esperaría de un proceso de elección de autoridades académicas.

La participación como candidato de Jordán Rodas para Rector hizo que sus enemigos movieran cielo y tierra para impedir su elección. La disputa por esos miles de millones y los privilegios que encarna la dirección de la Usac no son poca cosa; políticos que nada tienen que ver con la universidad funcionaron como actores y operadores, pero la corrupción intestina de la Usac y su política interna jugó un papel protagónico.

En escena jamás apareció grupo de empresarios, del sector privado o nada que se le parezca, sin embargo, todo tipo de opiniones de activistas socialistas y cuentas de net center favorables a Jordán Rodas han venido esparciendo el bulo, el “globito” de que lo ocurrido es culpa del empresariado. Con esa francamente absurda narrativa, evidencian quienes apoyan a Rodas que ellos son los que, en efecto, pretenden instrumentalizar la universidad pública para sus fines políticos.

La elección llevada a cabo el sábado pasado está plagada de ilegalidades que debiesen traerse abajo el proceso; no porque la alternativa de que Jordán Rodas llegue a la rectoría (y la evidente instrumentalización política que eso conlleva) sea impensable, se va a aceptar que un proceso plagado de ilegalidades quede impune y se deje pasar.

La Usac, entendida como claustro, estudiantes y administración, han permitido/participado en mayor o menor medida, en la degradación (corrupción) de esa casa de estudios y su multimillonario presupuesto, pero este proceso en particular lleva las ilegalidades a otro nivel.

Resulta evidente que se debe revisar la estructura, presupuesto y gobernanza de la Usac para despojarla de los incentivos perversos que la aquejan y atraen a personajes con intereses ajenos al académico. Cuando se habla de una reforma constitucional se piensa casi exclusivamente en el sector justicia, pero reformar la Constitución en lo referente a la “U” es igual de imperioso.

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