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Historias Urbanas: Llamadas en falso

Redacción República
01 de marzo, 2020

Llamadas en falso, ESTA ES LA HISTORIA URBANA DE JOSÉ VICENTE SOLÓRZANO AGUILAR.

Cierta vez me dio curiosidad por averiguar la procedencia de las llamadas de los números 22790516, 30000219 y 42130022. Se turnaron durante días para hacerme correr, sacar el teléfono de lo más profundo del bolsón y ver qué estaba pasando: las malas noticias se las arreglan para llegar pronto. Al desconocer la procedencia, decidí no contestarles.

Los copié en el cursor, di enter y resultó que pertenecen a cierta empresa dedicada a los préstamos exprés en caso de urgencia. Es la misma compañía, ahora lo recuerdo, que pretendió cobrarle un dineral a cierto conocido mío. Tenaz y ambiciosa, una de sus amistades le falsificó la firma para obtener la cantidad que le permitió darse ciertos lujos antes de desaparecer. Mi conocido tuvo que dar cantidad de vueltas entre la ceca y La Meca hasta que demostró que nada les debía y no tenían por qué cobrarle.

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Revisé los testimonios. Algunos reciben la llamada y se encuentran con el vacío. Nadie habla, solo oyen puro ruido de fondo. Otros se llevan el susto de que les conocen la fecha de nacimiento, el lugar donde residen y la dirección donde trabajan. A veces se identifican –digamos que se llaman Lorena Hernández o Edgar Pérez– y se portan amigables hasta que se impacientan ante la negativa a aceptarles sus ofertas. No conciben que el afortunado elegido entre miles de usuarios rechace los beneficios que puede recibir; empiezan a acosarlo cual cobrador de impuestos atrasados. Toda ecuanimidad desaparece y revelan la presión a que los someten con tal de conservar sus puestos.

Llamadas en espera

Sin querer, nuestras amistades más cercanas terminan sentenciadas a persecución al dar sus nombres y sus números de teléfono cuando nos piden tres referencias personales a la hora de hacer algún trámite. Creemos que nos servirán de respaldo y darán testimonio a nuestro favor, como lo haríamos si ellos acuden a nosotros; los entregamos en manos de esos hombres, esas mujeres o esas máquinas que reciben la orden, desde que empieza el turno laboral hasta que terminan las horas extra, de estar llama que llama para ofrecer servicios y descuentos no solicitados, advirtiendo que están grabando la plática para mayor seguridad.

En vano se les ataja indicándoles lo inoportuno de la hora, que no se está interesado o ya se posee el servicio ofrecido. Son persistentes como enamorados a prueba de rechazos: preguntan si pueden llamar más tarde y ahí están frente al balcón, diez minutos antes de la hora convenida, ilusionados, seguros de que ahora sí recibirán la respuesta que tanto ansían. Cierta vez les di carreta; recordarán cuando ofrecían viajes con gastos pagados para toda la familia a lugares exclusivos cerca de Monterrico o Punta de Palma. Al final les dije «¿saben qué?, lo voy a pensar» y colgué.

Espero que la lista negra del celular disponga de suficiente espacio para mandar a la zona fantasma a todos esos números de dudosa procedencia. No estoy de humor para cambiar de chip.

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