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El Rol del Jefe en la Cultura del Reporte Ético

Para los que ya entramos dentro de la categoría de “viejenials”, hubo algunas situaciones de antaño que, al recordarlas, seguro representan momentos que nos hicieron los adultos que somos.

Redacción
20 de febrero, 2022

Sólo para citar un ejemplo, doy fe que las televisiones de mi infancia, si tenían control remoto. ¡Me consta! ¡Yo fui el control remoto de mi papá y de mis hermanos en aquella época, girando la perilla y subiendo el volumen a requerimiento de “los grandes”! No pude evitar la sonrisa y trasladarme en el tiempo mientras escribí este párrafo. 

Pero realmente el ejemplo que quisiera resaltar se remonta a los días en los que había un solo teléfono en casa. Tiempos en que cuando el aparatejo sonaba, TODOS corrían a responder. Y no digamos los constantes reclamos cuando alguien necesitaba hacer una llamada y uno de los jóvenes hacía visita en lugar de ir al grano. No olvido a mis papás regañar diciendo: “¡El teléfono es para acortar distancias, no para alargar conversaciones!”

Pero también había oportunidades en que, al sonar el teléfono, más de alguien gritaba: ¡No estoy! Y ese es el punto al que quería llegar. Cuando los niños recibían ese mensaje, automáticamente daban la respuesta instruida, una mentira. Y lo peor de todo, es cuando quién pedía la mentira era papá o mamá, ya que se daba un mensaje contradictorio a la enseñanza de: “no debes decir mentiras”.

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De esta forma, cuando la figura de autoridad daba este mensaje, seguro surgen las dudas sobre si al final de cuentas, mentir está bien o está mal. 

Ahora salgamos de los recuerdos de “los años maravillosos” y vámonos a la organización.

 Utilicé el ejemplo de la “mentirilla blanca” que alguna vez nos tocó dar a nuestro interlocutor, no con el ánimo de poner en duda la credibilidad de nuestros padres, sino simplemente ilustrar de alguna manera, el influjo que puede tener la dirección de la organización en el actuar de las personas cuando el ejemplo que reciben es contradictorio a lo que se espera de cada uno.

Es muy difícil pedir a nuestros colaboradores que digan la verdad a nuestros clientes, cuando ven que, en una reunión, el superior inventa alguna historia sobre la razón por la que no se entregó el producto o servicio en el tiempo o la calidad que se había pactado. También es difícil pedir integridad en lo que se dice o hace, si nuestros discípulos ven que estamos haciendo reportes falsos al fisco o se cocinan los números para que nuestra organización se “vea bonita” para realizar una transacción comercial. 

Es muy difícil pedir a nuestros colaboradores que digan la verdad a nuestros clientes,

El ejemplo que sientan las autoridades de una organización será más valioso que toda la capacitación anual que podamos procurar a nuestra gente. El tono de la alta gerencia o el “tone at the top” por su definición en inglés, es y será fundamental para el éxito de los programas de ética y cumplimiento que se establezcan. 

¿Qué puede hacer la alta dirección (y también la media), para crear condiciones que faciliten la comunicación y que la gente se sienta bien de poder exponer las situaciones que están sucediendo? ¿Qué se puede hacer para promover esa cultura de, si ves algo, di algo? Veamos algunas ideas: 

  • En primer lugar, es muy importante capacitar a la línea de liderazgo para que tengan clara su función en esta importante práctica. Ellos deben saber, sin duda alguna, qué es lo que debe hacerse si ellos o alguien de su equipo observan una situación que debe reportarse. Esto no es fácil y mucho menos cuando se está iniciando en el camino de implementar un programa de reportes éticos. Por ello, asegúrese de tener un plan de acción, que le permita cultivar la comunicación abierta entre los líderes y sus equipos. 
  • En segundo lugar, desarrolle seguridad y confianza en todos los colaboradores de la organización, para que se sientan seguros y tranquilos de poder hablar sin sufrir de represalias y con la certeza de que serán escuchados, aunque lo que tengan que decir no sean buenas noticias. Regularmente pase encuestas o entrevistas que le faciliten conocer si esto se está logrando o bien si hay oportunidades de mejora en este proceso.
  • Finalmente, revise que su proceso de denuncias (o reportes éticos), sea específico, que todos lo entiendan y que haya claridad sobre lo que representa presentar una buena denuncia. Esto facilitará la comunicación y hará más efectivo su programa. 
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