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¿Conflictividad social o ingobernabilidad social?

Redacción República
24 de octubre, 2014

Guatemala es un país que se mueve al ritmo que marcan los tambores de los movimientos sociales. Es es un hecho que sale a relucir periódicamente, y con demasiada frecuencia la gente llega a momentos en que los ánimos se exaltan y los diversos sectores de la sociedad consideran que sus derechos han sido violentados y toca defenderlos hasta la misma muerte de ser necesario.



El último movimiento social en escena fue el trágico desenlace entre vecinos del caserío Los Pajoques en San Juan Sacatepéquez, causado por los que están en contra y a favor de la construcción de una carretera. Acontecimiento noticioso dantesco que hizo aflorar la extrema condición de ingobernabilidad social y anarquía, y de nuevo, la incapacidad gubernamental para prevenir y reaccionar ante situaciones de crisis.
La preocupación por la situación que vivimos en el país se entremezcla con la solidaridad y los sentimientos de tristeza porque otra vez nos enfrentamos entre guatemaltecos, dejando séquelas irreparables por la perdida de mas vidas humanas.

Es así que se dan las cosas en Guatemala, somos una sociedad que convive con la conflictividad social y política desde hace muchos años y que lo convierten en una sociedad alterada por la intensidad de todo lo que ocurre, y por ende, en un país ingobernable.
Que perversa nostalgia da preferir aquella ingobernabilidad política de las décadas de los 80 y 90 cuando los golpes y auto golpes de estado quitaban y ponían presidentes a cada rato. Sin embargo, esta ingobernabilidad que hoy nos aflige no es tanto política, es aun mas grave la que predomina hoy en día es la “ingobernabilidad social”, esa que hace que cualquier grupo de personas bien organizadas y con objetivos definidos ponga en problemas a otras por motivo o razón indistinto.
El guatemalteco de los cuatro puntos cardinales del país, se ve atormentado por los bloqueos constantes de las carreteras y de ningún modo lo podría negar, que aunque apoya la dicha causa, le enfurece que ese grupo de protestantes tome como propia las avenidas, calles y carreteras. Hoy se apela al conflicto y al bloqueo de vías para reclamar porque “no hay o no tienen”. La razón es que la “protesta social” ha encontrado las medidas de hecho como el mejor medio para ser escuchados y tener peso para negociar.
Las circunstancias de la crisis permanente que vivimos en el país por cuenta de la ingobernabilidad en todos los departamentos, nos obligan a preguntarnos cuál es el verdadero sentido de la protesta social. ¿Existen límites reales para esta forma de descontento colectivo? ¿Podemos vivir siempre en la lógica del reclamo y violencia para resolver nuestras diferencias, y obtener lo que queremos a toda costa?

Para que hayamos llegado a esta situación paranoica y dañina ha sido necesario, primero, que nuestros gobernantes hayan demostrado una absoluta ineficiencia para hacer gestión pública. Si las personas protestan es porque no ven resultados concretos que mejoren sustancialmente sus condiciones de vida, independientemente de lo que puedan hacer ellas por sí mismas. 
Segundo, debido a esa falta de resultados y descrédito político se propició su empoderamiento, es decir, se le dio a la gente poder político, social o económico para ejercerlo en circunstancias adversas y en oposición a las decisiones adoptadas por los gobernantes. Este es al menos el significado que tengo sobre el empoderamiento negativo, dada la interminable cadena de eventos que nos conducen casi siempre al mismo resultado: la convulsión social y la crisis de derechos. Y, tercero, está claro que ningún dirigente de ningún conflicto social va a dejar que su conflicto se muera porque el gobierno no lo atiende, y por eso se radicaliza y se llega a niveles muchísimo más altos de violencia como los trágicamente vividos por la comunidad de Pajoques, San Juan Sacatepéquez.
Hoy, las personas sienten que tienen más derechos que deberes y por eso exigen, exigen y exigen hasta conseguir lo que quieren.
Es imperdonable y vergonzoso que en los Pajoques la policía no haya logrado entrar al lugar de los hechos de inmediato. Allí, sin mas ni mas, su función era vital para proteger la integridad física de la población.
Esa falta de autoridad y respeto a las reglas sobre posiciona la anarquía como el estadio mas efectivo para lograr objetivos. Eso también lo aprovecha el narcotráfico y el crimen organizado para actuar a sus anchas.
Por eso no se puede salir de ese círculo vicioso, de ese estado de afrenta permanente a la ley y a las autoridades. En otras palabras, la insubordinación transformada en protesta social y callejera es la respuesta por la que ha optado la ciudadanía para expresarse… y dudo que encuentren soluciones sostenibles a sus demandas.
¿Cuantas personas mas tendrán que morir en este país para que actuemos con corresponsabilidad ciudadana y exijamos que el gobierno cumpla con su papel de recuperar la gobernabilidad, que haya respeto a la ley y a nuestras autoridades, que sirvan sobre todo y como mínimo para proteger la vida de todos los ciudadanos y velar por que se cumplan sus derechos, y por ultimo, promover la coexistencia pacifica?
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