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El “derecho” al libertinaje de expresión

Redacción
10 de diciembre, 2014

El lunes pasado comenzó el juicio contra el sociólogo y exguerrillero Gustavo Berganza por la difamación e injurias. El 4 de septiembre de este año Berganza publicó una columna titulada “A FCT le conviene aclarar” donde, sin prueba alguna, asegura que el capitán Byron Lima, quien está cumpliendo una condena tras las rejas, es tesorero de la Fundación Contra el Terrorismo (FCT) y de su presidente Ricardo Méndez-Ruiz. En su columna Berganza “exige” aclarar el hecho que él mismo inventó. ¿Qué les parece?

La FCT y Ricardo Méndez-Ruiz, por supuesto, aclararon la injuria de Berganza, al presentar una denuncia penal contra el columnista. A la denuncia se le adjuntó el acta constitutiva de la FCT y los datos tanto del verdadero y real tesorero de la Fundación, como las fuentes de los ingresos.

Desde luego, semejantes señalamientos de Berganza, sacados de la manga (típico de este gañán quien huye de los debates públicos y suele usar insultos y mentiras en sus libelos) no pueden quedar impunes y el sociólogo, quien actualmente es asesor de Sandra Torres y de varios – ¡oh, sorpresa! – guerrilleros-oenegeros, debe responder ante la justicia y ante sus lectores con pruebas y argumentos. Pero como no las hay ni puede haber (porque Méndez-Ruiz lo demostró), le toca a Berganza ofrecer disculpas públicas por sus delirios y, ojalá, pagar por el daño ocasionado.

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Desgraciadamente, ya se vuelve costumbre entre algunos columnistas guatemaltecos, curiosamente todos ellos vividores de los recursos públicos – tanto de las arcas del estado guatemalteco como de algunos países europeos – tirar la piedra y esconder la mano. Es más, no solo esconder la mano sino gritar a los cuatro vientos que su libertdad de expresión está violada. Pues no, por más que griten y pataleen, pero cualquier libertad se basa en la responsabilidad y conlleva obligaciones.

Guatemala protege los derechos a la lbertad de expresión más que en la mayoría de los países del mundo y eso no puede ser motivo de decir y escribir cualquier injuria y difamación que se le venga en la mente a cualquier columnista o simplemente ciudadano. Decir las sandeces y no responder por ellas no puede llamarse sino el libertinaje. Por eso al señor Gustavo Berganza le toca responder por sus declaraciones.

El “derecho” al libertinaje de expresión

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10 de diciembre, 2014

El lunes pasado comenzó el juicio contra el sociólogo y exguerrillero Gustavo Berganza por la difamación e injurias. El 4 de septiembre de este año Berganza publicó una columna titulada “A FCT le conviene aclarar” donde, sin prueba alguna, asegura que el capitán Byron Lima, quien está cumpliendo una condena tras las rejas, es tesorero de la Fundación Contra el Terrorismo (FCT) y de su presidente Ricardo Méndez-Ruiz. En su columna Berganza “exige” aclarar el hecho que él mismo inventó. ¿Qué les parece?

La FCT y Ricardo Méndez-Ruiz, por supuesto, aclararon la injuria de Berganza, al presentar una denuncia penal contra el columnista. A la denuncia se le adjuntó el acta constitutiva de la FCT y los datos tanto del verdadero y real tesorero de la Fundación, como las fuentes de los ingresos.

Desde luego, semejantes señalamientos de Berganza, sacados de la manga (típico de este gañán quien huye de los debates públicos y suele usar insultos y mentiras en sus libelos) no pueden quedar impunes y el sociólogo, quien actualmente es asesor de Sandra Torres y de varios – ¡oh, sorpresa! – guerrilleros-oenegeros, debe responder ante la justicia y ante sus lectores con pruebas y argumentos. Pero como no las hay ni puede haber (porque Méndez-Ruiz lo demostró), le toca a Berganza ofrecer disculpas públicas por sus delirios y, ojalá, pagar por el daño ocasionado.

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Desgraciadamente, ya se vuelve costumbre entre algunos columnistas guatemaltecos, curiosamente todos ellos vividores de los recursos públicos – tanto de las arcas del estado guatemalteco como de algunos países europeos – tirar la piedra y esconder la mano. Es más, no solo esconder la mano sino gritar a los cuatro vientos que su libertdad de expresión está violada. Pues no, por más que griten y pataleen, pero cualquier libertad se basa en la responsabilidad y conlleva obligaciones.

Guatemala protege los derechos a la lbertad de expresión más que en la mayoría de los países del mundo y eso no puede ser motivo de decir y escribir cualquier injuria y difamación que se le venga en la mente a cualquier columnista o simplemente ciudadano. Decir las sandeces y no responder por ellas no puede llamarse sino el libertinaje. Por eso al señor Gustavo Berganza le toca responder por sus declaraciones.