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Hablemos del juicio por la quema de la embajada de España, Rigoberta

Redacción
21 de diciembre, 2014

Con detenimiento he analizado toda la evidencia presentada hasta ahora en el proceso judicial entablado en contra de Pedro García Arredondo por la quema de la embajada de España. Desde las declaraciones de Rigoberta Menchú y su pobre interpretación de María “la sufrida” Magdalena, hasta las del historiador Jorge Luján Muñoz emitidas ayer.

La participación de Menchú se enfocó únicamente en posar para las cámaras de medios internacionales, y así interpretar otro más de los conocidos melodramas a los que ya nos tiene acostumbrados, con los cuales ha logrado engañar a incautos extranjeros para mendigar dinero durante prácticamente toda su vida. En Guatemala, por el contrario, conocemos demasiado bien a esta racista vividora y desde hace años no nos tragamos ninguna de sus actuaciones.

El testimonio del ex embajador Máximo Cajal es especialmente revelador, ya que se trata de uno de los autores intelectuales de ese cobarde ataque del EGP. El encargado de conseguir a los rehenes que fueron asesinados durante esa operación guerrillera, reconoce que el fuego lo iniciaron los mismos terroristas al activar bombas incendiarias dentro del recinto que permanecía totalmente cerrado y con barricadas en los accesos; todo esto cuidadosamente planeado para que si algo salía mal nadie lograra escapar vivo de ahí.

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Lo expuesto por el Dr. Mario David García y la evidencia fílmica del prestigioso telenoticiero Aquí el Mundo no deja lugar a dudas, los terroristas planearon esa ocupación, la ejecutaron con la complicidad del embajador Cajal y se inmolaron junto con las verdaderas víctimas, los rehenes cautivos.

Otras declaraciones que le echan por tierra este nuevo “negocio” a Menchú son las del bombero Augusto Téllez Reyes, quien narró por primera vez lo sucedido durante el rescate del sobreviviente Gregorio Yujá Xoná. Herido, le suplicó a este rescatista: “Le falló al español todo. Ayúdeme porque los compañeros me van a matar”. Así fue precisamente, tal como temía. Dos motivos explican el secuestro del hospital, asesinato y posterior exposición del cadáver de Yujá dentro de la USAC: silenciar a alguien que sabía demasiado y que podía revelar los detalles del fallido plan a las autoridades; y otro objetivo propagandístico en el cual los marxistas son expertos, fabricar un mártir útil para obtener financiamiento.

El testimonio del historiador Jorge Luján Muñoz vertido ayer, dirige el dedo acusador al autor del denominado por el EGP “Plan de la Subida”, Gustavo Meoño Brenner, quien usaba el seudónimo “Manolo” para quedar impune por sus crímenes. Fue él quien dio la orden que se atacara esa embajada, con la excusa de que “era la más fácil” -y en la que ya tenían al camarada Cajal infiltrado, para abrirles la puerta, garantizar la presencia de los rehenes y facilitar la ocupación, agregaría yo-.

El cinismo de Menchú llega incluso al colmo de pretender lucrar de un ataque terrorista en el cual todo ha demostrado que fue perpetrado por su propio padre Vicente, su asesor Gustavo Meoño y por el exembajador Máximo Cajal.

En cada proceso penal de este tipo, sólo se corrobora que la izquierda retrógrada lo que menos busca es justicia; por el contrario, lo que en realidad les interesa es la venganza ideológica, lograr con juicios amañados lo que jamás lograron en la montaña, y así obtener dinero a costa del trabajo e impuestos de los ciudadanos.

Si la juez Jeannette Valdéz emite su fallo basada en la evidencia presentada, debe absolver al señor García Arredondo, debido a que no se logró probar su responsabilidad directa en esa masacre. Además, debería ordenarse al MP la investigación y encausamiento penal de Meoño Brenner. Eso sí sería aplicar la justicia de forma imparcial, para lograr que los autores intelectuales y materiales respondan por el terrorismo que ha enlutado a miles de familias guatemaltecas y que, hasta ahora, es celosamente negado y encubierto por los parásitos de la sociedad que lucran de la falsa defensa de los Derechos Humanos.

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