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Educación, calidad cuantitativa o cualitativa

Redacción
17 de marzo, 2014

¿Cuál es la brújula de un país? ¿Qué indica el Norte o el Sur? La educación, actividad compartida entre Estado, un ministerio, centros educativos públicos, privados, por cooperativa y municipal, docentes, padres de familia y los niños, de la edad que sean. Los niños, de tres años o de dieciocho, todos con la necesidad de una guía; una guía competente, ética y entregada a ellos, como personas íntegras que son, con necesidad de una educación de calidad. 

He aquí el meollo del asunto. Un calificativo a que todos los participantes del proceso se refieren. La calidad, ¿quién la define? Se viene a la mente una frase que está viva en todas las culturas “La belleza está en el ojo del espectador” (“Beautyis in theeye of thebeholder”). La percepción de la belleza es subjetiva, y la percepción de la calidad es subjetiva. Se ha enfatizado que la calidad es medible. Sin duda alguna, si es que se define por resultados fríos, una definición cuantificable, como cuando se lee, por ejemplo, los resultados de pruebas estandarizadas de matemática y lenguaje, los cuales son fuentes inagotables de discusiones apasionadas del estado de la educación nacional. Esas mediciones son preocupantes. Pero, ¿miden calidad? 
¿Con dos resultados numéricos, aislados de otros factores, es suficiente para indicar calidad? ¿Se revisa el sistema educativo? ¿Cuántas asignaturas existen? ¿Qué sucede con los alumnos que opten por carreras técnicas? ¿Qué sucede con los artistitas en formación? ¿Qué opinan los padres de familia… y los educandos? ¿Los docentes… tiene el apoyo necesario? La calidad es subjetiva de acuerdo a las necesidades de los participantes. ¿O todos quieren lo mismo? 
Como país es importante participar en las pruebas internacionales que supuestamente indicarán las competencias adquiridas por los ciudadanos, el capital humano, término discutible que se tratará en otra entrega. ¡Las personas no son productos! 
¿La calidad únicamente se mide con números, estándares y en materias concretas? La educación es un proceso integral. Las artes, los deportes, asignaturas complementarias, como sociales, ciencias, la tecnología, otros idiomas, comparten importancia en el desarrollo integral de la persona. ¿Los valores? ¿Programas sociales dentro del centro educativo? ¿Proyección comunitaria? No pueden hacer falta. El compromiso con la comunidad complementa una educación integral. 
El eje de ese proceso es el ser humano: Cada ser humano es único, goza de unicidad, nadie tiene la misma combinación de talentos y necesidades. Y el cumplimiento, la atención a estas características tan únicas definirá la calidad, que es la entrega al proceso, con un resultado obvio, un ser humano integro. Los constituyentes de la nación lo expresan elocuentemente en la Constitución Política de la República de Guatemala en su Artículo 72: “La educación tiene como fin primordial el desarrollo integral de la persona…”; la Ley de Educación Nacional lo enfatiza en su primer artículo, inciso d: La educación en Guatemala “está orientada al desarrollo y perfeccionamiento integral del ser humano….”, no únicamente por medio de dos disciplinas, matemática y lenguaje. 
La calidad está en la persona; la calidad es dinámica, creciente, constante. Se observa en otras naciones el respeto por la diversidad de labores, estudios, tareas, talentos. Y el respeto a esta diversidad, cumpliendo con las metas establecidas, en el parámetro temporal establecido, constando que todas las competencias fueron adquiridas, ¿no será eso estandarte de la calidad? ¿No números fríos?