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Venezuela: ¿Tema olvidado?

Redacción
18 de marzo, 2014

Son ya 29 los muertos desde que empezaron los conflictos en Venezuela y no ha pasado nada. Maduro sigue con la misma posición intransigente de siempre y reduce toda la problemática a un asunto de conspiración internacional en contra de su gobierno. Quienes protestan, abandonados a su suerte por la comunidad internacional, muestran su descontento ante la grave crisis política y económica que afecta a su país, en abierto desafío a línea oficial de pensamiento y corriendo incalculables riesgos dada la brutalidad del gobierno de Maduro y la forma en que operan los grupos paramilitares fieles a la revolución. Efectivamente, las milicias populares promovidas por el gobierno chavista a lo largo de su historia cumplen la función de defenderla revolución cueste lo que cueste y caiga quien caiga. Una práctica muy utilizada por los gobiernos comunistas después de la Segunda Guerra Mundial, quienes utilizaban las milicias populares para proteger a sus países de fuerzas contrarrevolucionarias; capturar espías enemigos, y; actuar como grupos de choque contra manifestaciones antigubernamentales. 

Concebidos en papel como “organizaciones para la formación y difusión de las ideas de la Revolución Bolivariana”, en la práctica estos grupos se convierten en fuerzas de choque para defender la revolución. Desde el año 2002 la oposición viene denunciado la existencia de estas estructuras paramilitares sin que la comunidad internacional haga nada al respecto. Una práctica que fue altamente criticada y perseguida cuando fue utilizada por gobiernos militares en América Latina, ahora es aceptada cuando la usa el gobierno de Maduro para reprimir a la oposición. Desde el año 2006, por lo menos, Chávez dejó entrever el su deseo de contar con una fuerza paramilitar que protegiera la revolución, de manera que la represión en contra la oposición no involucrara, de manera directa, la participación de ningún aparato oficial de seguridad. Una muy conveniente coartada para mantener la apariencia democrática de un régimen esencialmente represivo y autoritario. 
 
Chávez, incluso, llegó a hablar de la creación de una fuerza guerrillera urbana y rural que defendiera la revolución, para lo cual había que adiestrar a los civiles en técnicas de guerra y uso de armamento pesado. Existen denuncias que no sólo se ha adiestrado a estos grupos en el uso de armas, sino que también se les han entregado armas, exclusivas para uso militar. El objetivo último de este tipo de estrategia es la militarización de la sociedad para garantizar una sociedad obediente y dócil al gobierno revolucionario. Del discurso de confrontación, caracterizado por poner en contra a ricos y pobres, acusar al imperialismo yanqui de todos los problemas y el menosprecio a la oposición, el gobierno de Maduro ha pasado a la persecución sistemática y violenta de la oposición. Lamentablemente, lo que sucede en Venezuela ha pasado a un segundo o tercer plano dentro de las preocupaciones de los organismos internacionales. Lo mismo parece suceder con la opinión pública internacional, que está más interesada en seguir de cerca la misteriosa desaparición del vuelo MH370 que prestar atención a la violación de los derechos humanos y a las prácticas contrarias a la democracia en Venezuela. Ojalá no sea demasiado tarde cuando el mundo vuelva a ver lo que sucede en el vecino país. Venezuela no puede convertirse en un tema olvidado para todos nosotros. Menos en Guatemala, en donde la democracia y el sistema republicano están seriamente amenazados.