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El retorno triunfal de Portillo

Redacción
20 de marzo, 2014

Más que magistral, fue brillante la actuación de el exPresidente Alfonso Portillo en la Corte Federal de New York. “Soy culpable, su señoría”, dijo ante el juez al tiempo que reconoció que fue sobornado por las autoridades de Taiwán con un cheque de US$2.5 millones para que continuara con el apoyo diplomático a ese país. 

Arnoldo Alemán, de Nicaragua; Miguel Ángel Rodríguez, de Costa Rica; y Francisco Flores, de El Salvador, también recibieron cheques emitidos a su nombre por el gobierno de Taiwan en la administración de Chen Shui-bian. 
Previo a esta declaración, la defensa de Portillo ya había pactado con la fiscalía para que a el ex Presidente se le convalidara el tiempo que ha permanecido en prisión en Guatemala y EEUU, que ya raya los 38 meses. Según me explicó el abogado Mauricio Berrondo, que es su defensor, con esta admisión de culpa Portillo queda sujeto a una pena máxima de 70 meses por el delito de lavado de dinero. 
Si a ello se le agrega, que se consiguió negociar una reducción de penas por buena conducta en prisión, debido a que Portillo se ha dedicado a impartir cátedras a los presos, las reducciones alcanzarían hasta un 40 por ciento, lo que significa que para finales de junio, cuando se realice el juicio contra el ex Presidente este podría salir libre de prisión. 
Nos guste o no, Portillo fue absuelto en Guatemala de todos los delitos que se le trató de imputar. Ineptitud del Ministerio Público, ineficiencia o compadrazgo para extraditarlo por la vía fácil, lo cierto es que todas las cartas con que contaba el MP se le cayeron de las manos. 
En la Corte de New York tampoco pudieron comprobarle el desfalco realizado en el Crédito Hipotecario Nacional (CHN) en complicidad con Jose Armando Llort, el elocuente “sapo” que funge como testigo protegido del gobierno de los Estados Unidos. Tampoco se le pudo comprobar la malversación millonaria del Estado Mayor Presidencial, y todo se debe a la simple razón que el MP y la CICIG fueron incapaces de demostrar su culpabilidad. 
Más de 92 mil folios que fueron enviados por el MP a las cortes de EEUU fueron descalificados; muchas pruebas se presentaron sin autenticarse, en puras fotocopias, lo cual demuestra la ineptitud del MP y sus autoridades, dirigidas por Claudia Paz y Paz, quien a pesar de todo insiste en ser reelegida. 
Al final, el gran perdedor es el pueblo de Guatemala, quien no sólo vio como volaban sus millones sino también el sistema de justicia que nuevamente se pinta débil y corrupto. El gran ganador, sin embargo, es Alfonso Portillo, quien con una defensa brillante supo reducir sus penas, aceptar su responsabilidad personal en estos actos de corrupción e inclusive pidió disculpas. “Yo sabía en ese tiempo que lo que estaba haciendo era incorrecto, y me disculpo por los delitos. Yo me hago responsable de ellos, y acepto las consecuencias de mis acciones”. 
Así las cosas, no es de extrañar que si en Junio queda absuelto el exPresidente regrese a Guatemala como un político triunfal. Como una víctima del sistema e incluso como un perseguido político. 
Portillo es hábil, tiene mejor verba que todos sus contrincantes y estoy convencida que en estos años de ausencia, exilio y prisión se ha preparado para regresar a la política, y así será. Su imagen sigue sólida y fuerte según las últimas encuestas y no sería raro que venga a presentarse como una nueva fuerza política y encabece los listados al Congreso y desde allí logre dirigir de nuevo la política. 
Siempre he dicho que Guatemala es un país donde todo pasa y nada pasa; donde todo se olvida. Y sin temor a equivocarme, ahora que Portillo ha vencido a las cortes estadounidenses hará su retorno victorioso. Esas son las consecuencias de un Ministerio Público nefasto e inepto, de una CICIG que lejos de hacer su trabajo se ha dedicado a hacer politiquería y de un sistema de justicia totalmente corrupto e inoperante. 
A partir de hoy, la política de Guatemala no será la misma. Manuel Baldizón y Sandra Torres tendrán un nuevo adversario, o quizás un nuevo aliado… el panorama se pinta colorido y promete sendas batallas. 
¡Pobre Guatemala!
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