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El fuego lento de los rencores

Redacción
20 de mayo, 2014

Al menos ya no se recurre a la violencia física. Ya no se desaparece, se “neutraliza” ni se “ajusticia” al enemigo. Ahora la guerra es de más baja intensidad que la que libró la URNG y no pasa de los meros pasquines. Pasquines lastimosamente anónimos, manto que permite las más alocadas fantasías de mentes atacadas por la fiebre del rencor. Tal parece que ninguno de los dos bandos que se enfrentaron en el conflicto armado interno que asoló Guatemala por tres décadas está dispuesto a reconocer sus mutuas derrotas. La guerrilla sigue fantaseando con que “casi, casi” tomaron el poder, como si ese “casi” tuviera algún valor estratégico en el campo de los hechos históricos y políticos. Y el ejército se resiste a aceptar que por distraerse algunos oficiales en otros negocios que les prepararan una tranquila posguerra se dejaron ganar en el ámbito político, arrancándoles de la mano la victoria militar. Y en ese caldo de incumplidos anhelos es que se cocinan los rencores que salen a la luz en unos desplegados de prensa mal escritos y peor pensados firmados por la Fundación Contra el Terrorismo y en un documento que ayer llegó a mi bandeja de correo electrónico, titulado Guatemala: el haz y el envés de la impunidad y el miedo, en donde como si se tratara de una novela de Stephen King, los que lo prepararon (porque su lectura denota un desigual dominio de la redacción y del lenguaje), se dan a fantasear y a reinventar una realidad en la que los micos andan aparejados. 

Por supuesto que por el simple acto de criticar este mediocre documento, redactado como si estuviéramos leyendo una versión de Primer Impacto de bajo presupuesto a más de alguno se le va a antojar que yo formo parte de esas enrevesadas estructuras que apoyan al poder oligárquico y la impunidad, más cuando investigando un poquito se enteren que enfrente de mi casa vive un capitán del ejército y a media cuadra, calle abajo, un coronel del ejército me saluda los sábados por la mañana cuando coincidimos paseando a nuestras mascotas. Gajes del oficio. 
Leer este documento decía, es como toparse de pronto con una versión de bajo presupuesto de otro libro lleno de mentiras, fantasías paranoicas e inexactitudes como lo es Guatemala: linaje y racismo, de la historiadora Marta Casáus Arzú, desnudados puntualmente por el historiador Ramiro Ordóñez Jonama desde las páginas de la revista Anales de la Academia de Geografía e Historia. Casáus, que por otra parte, escribe muy bien, es autora de otros libros como El lenguaje de los Ismos y Las redes intelectuales de Centroamérica, que son obras superiores al traspié inicial de su interpretación de la historia centroamericana. 
En fin, me parece pernicioso y espiritualmente desolador que se descalifique a la gente por sus posturas, opiniones personales y por el oficio que desempeñan para ganarse la vida, y que dándole al hilo lo estiren tanto como para irlos conectando en una oscura red que propicia la impunidad. Estoy de acuerdo con la tesis inicial del pasquín, sobre la existencia de poderes paralelos que controlan instituciones del Estado y que sueñan con secuestrarlo totalmente. Estoy de acuerdo también, y esto no está en el pasquín de mérito, que muchos ex guerrilleros y ex militares terminaron por confluir en estos siniestros grupos por compartir intereses en el crimen organizado, por estar involucrados en el negocio del tráfico de armas, secuestros, robo de carros, extorsiones, narcotráfico y tráfico de personas. Esto es innegable y pretender negarlo, una candidez. Pero de estos hechos innegables, a querer construir historias de pactos oscuros porque A está casado con B, y son amigos de C, que es compadre del primo de la esposa del guardaespaldas de D, que es un potentado del negocio del azúcar o del pollo o vaya usted a colgarle la etiqueta que quiera, me parece excesivo. 
Creo que el camino correcto para irle encontrando sentido a esta compleja realidad es el ejercicio serio y responsable de la investigación. Valoro mucho los esfuerzos de instituciones académicas serias que financian este tipo de trabajos, que están garantizados en su seriedad y profesionalismo con el sello de la institución. Además, van firmados por sus autores. Creo que la circulación de pasquines anónimos demerita intelectualmente a sus oscuros autores y pone en evidencia su irresponsabilidad y su ausencia de compromiso con la verdad, pues el respaldar las afirmaciones con las firmas de quienes lo aseguran, garantiza que la opinión sea fundada y veraz. Mientras tanto, esas publicaciones que lastimosamente son bien recibidas por un sector de la población, deben considerarse meros chismorreos de perros lamiéndose las heridas.
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