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Objetivismo y razón

Redacción República
22 de mayo, 2014

La fuente de todo conocimiento humano es la evidencia que le dan sus sentidos de la realidad. Esta evidencia sensorial es el estado de conocimiento debido a estímulos físicos, transmitidos por receptores sensoriales, a lo largo de células nerviosas, hasta el cerebro. Las sensaciones constituyen el primer contacto de la mente con la realidad y constituyen el material primario del que se construye todo conocimiento subsiguiente. Sin embargo una sensación no es conocimiento como tal. Sólo es el material del conocimiento futuro. El conocimiento discriminado empieza en el nivel de percepción. De hecho lo percibido, o el neologismo de Rand: percepto, constituye el auténtico punto de partida del conocimiento humano, siendo el primer contacto cognitivo completamente consciente con la realidad. 

Lo percibido, o percepto, lo define Rand como: “un grupo de sensaciones retenidas e integradas automáticamente por el cerebro de un organismo vivo.” Por tanto, el conocimiento humano empieza cuando su cerebro integra la evidencia de sus sentidos en la percepción de entidades, de cosas, cuando puede distinguir, por ejemplo, árboles, hombres, perros, mesas, carros, etc. Lo percibido es lo dado, lo evidente. No depende lo percibido de la voluntad humana. Cuando uno percibe, digamos, la computadora que tiene enfrente, uno no es consciente del material sensorial de las sensaciones separadas que el cerebro tuvo que integrar para ser capaz de percibirla. Uno es consciente del hecho de que percibe una computadora, y uno sabe que es el órgano de la vista el que nos permite verla. Pero la vista sola no es la que nos da la percepción de la computadora, ya que sólo nos da las sensaciones que nuestro cerebro ha integrado, junto con otras sensaciones, en la percepción de ésta. 
Un ejemplo de cómo se integran las sensaciones en lo percibido lo encontramos en el proceso de familiarizarnos con una sinfonía. El número de sensaciones registradas en el cerebro cuando uno la oye por primera vez y cuando uno la oye por enésima vez es la misma. Sin embargo, entre más veces la oye uno, más temas y melodías puede uno discernir, hasta distinguir como se interconectan y como se derivan unas de otras. La integración gradual de trozos separados de sonidos en patrones más complejos, nos permiten percibir interrelaciones y sutilezas que se nos escapan al principio.  
El próximo paso en el conocimiento no es un proceso automático como el del nivel perceptual, sino que volitivo y eleva el nivel de consciencia al nivel conceptual. Un concepto, lo define Rand como: “una integración mental de dos o más unidades que se aíslan de acuerdo con una o más características específicas, y se han integrado mediante una definición específica.” Una unidad es producto de un proceso de abstracción, es considerar cualquier aspecto de la realidad –entes, atributos, acciones, cualidades, relaciones, existente percibidos o diferentes conceptos formados con anterioridad –como un miembro separado de un grupo de dos o más miembros similares. 
Abstraer significa aislar una característica particular de todas las otras características de un objeto y considerarla separadamente. Hay dos actos en el proceso de la formación de un concepto: aislar e integrar. El proceso consiste en observar las similitudes y diferencias entre las entidades, abstraer las similitudes como características distintivas, aislar cosas similares de todo lo demás, e integrarlos en un grupo, que es una nueva entidad mental: el concepto. 
Un concepto es una entidad mental que sustituye un número ilimitado de existentes de cierto tipo. Por ejemplo, el concepto “mujer” incluye a todas las mujeres que existen actualmente, a todas las que existieron en el pasado, y a todas las que existirán en el futuro. 
Los primeros conceptos que uno forma son de entidades concretas, como mesa, silla, mujer, etc. Luego forma uno conceptos de atributos, acciones, y relaciones. Un atributo es un aspecto o característica de un objeto que puede aislarse e identificarse conceptualmente, pero que de hecho no puede separarse del objeto y no puede existir por sí mismo. Puedo, por ejemplo, concebir el “rojo” como concepto, pero lo que existen son sólo objetos rojos, como un auto rojo, una puerta roja, un marcador rojo, etc. 
Luego forma uno conceptos que son clasificaciones más amplias y abstractas de conceptos formados anteriormente, como el concepto “animal” que integra los conceptos “hombre”, “perro”, “canario”, “culebra”, “atún”, “mariposa”; y éste, “animal” junto con el de “planta” los integra uno en el concepto más amplio y aún más abstracto “organismo vivo”. También puede uno clasificar en el otro sentido, en conceptos menos amplios, más concretos, más cercanos a la percepción del existente, partiendo por ejemplo del concepto “humano”, lo subdivide en las clasificaciones “hombre” y “mujer”. El proceso de abstracción y formación de conceptos funciona en dos direcciones con dos métodos: une perceptos en abstracciones más amplias y luego en más amplias aún; o divide conceptos o clasificaciones en subdivisiones más estrechas, en conceptos más específicos. El proceso de aprender, de aumentar nuestro conocimiento, usa constantemente ambos métodos. 
Es por medio del lenguaje que el hombre designa y retiene sus conceptos. El lenguaje, citando la definición de Rand, es “un código audiovisual de símbolos que convierten las abstracciones o conceptos en el equivalente mental de concretos”. La palabra sustituye una enorme suma de existentes subsumidos bajo un concepto. Cada palabra, con excepción de los nombres propios, designa un ilimitado número de existentes concretos de cierto tipo. 
Los conceptos y por ende el lenguaje son primeramente instrumentos de cognición y no de comunicación como cree mucha gente. El propósito primario de los conceptos y del lenguaje es proveernos con un sistema de cognición, de clasificación y organización, que nos permita adquirir conocimiento en una escala ilimitada; es decir, conservar el orden en nuestra mente y nos da los medios para pensar. La comunicación es una consecuencia, no el propósito primario de formar conceptos. 
Para cumplir con esta función, el lenguaje debe ser exacto. De lo contrario, ni el pensamiento ni la comunicación son posibles con eficacia. El pensamiento no puede ser más preciso que la precisión de los instrumentos que usa. Quien piensa, habla o escribe, debe saber clara y específicamente lo que denotan sus palabras. Debe saber que las palabras han de usarse objetivamente, pues simbolizan conceptos, y los conceptos se refieren a hechos de la realidad. 
Resumiendo, la base de todos los conceptos, de toda jerarquía cognitiva que uno construye, es el nivel perceptual de cognición, que es donde empieza el conocimiento humano, que es lo dado, lo evidente. Todo concepto se deriva de la percepción de objetos concretos específicos. Los conceptos o abstracciones no existen como entidades reales, sólo como entidades mentales. Son el método del hombre para clasificar aquello que existe. Para ser válido, el concepto debe conectarse y reducirse a su base en la realidad percibida. El concepto más abstracto requiere una cadena más larga de conceptos formados con anterioridad, y de estos con otros anteriores hasta la evidencia perceptual. Para entenderlos y usarlos, todo concepto en esa cadena requiere de una definición precisa que lo identifique. De esta manera el hombre puede expandir ilimitadamente el rango de su conciencia, mucho más allá de la que sería de sólo depender en lo percibido directamente. Esta es la función de la razón humana, y este es el significado de la definición Objetivista de “razó
n” como la facultad que identifica e integra el material proveído por los sentidos del hombre.
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