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Trabajo, ¿un derecho o una necesidad?

Redacción
05 de mayo, 2014

La semana pasada se celebró el “día del trabajo”; en varias partes del mundo hubo marchas a favor de las “conquistas laborales” así como peticiones de trabajos dignos, mejoras en las condiciones laborales y aumentos salariales. Nuestro país no fue la excepción, hubo una marcha desde el Monumento al Trabajo hasta la Plaza de la Constitución con pancartas y una carroza alusiva al deseo de echar mano a la gallina de los huevos de oro, etiquetada como INDE. 

En esta marcha los líderes sindicales, quienes dicen representar al sector laboral del país, hicieron varias peticiones como el cumplimiento de los Acuerdos de Paz, la creación masiva de empleos, resolver la problemática agraria, establecer salarios dignos, el esclarecimiento de la muerte de dirigentes sindicales, no continuar con los proyectos mineros e hidroeléctricos y la nacionalización del sistema de energía eléctrica. 
Podemos analizar varios aspectos de este particular día, primero el trabajo como una necesidad y no como un derecho. Es decir tengo necesidad de mantener mi vida y para ello tengo dos opciones legítimas: busco empleo o trabajo por mi cuenta. Si busco empleo, tendré que buscar aquellos empleadores que requieran de mis servicios y estén dispuestos a pagarme lo que yo necesito, si no encuentro tendré que; o bajar mis pretensiones salariales o buscar en otro lugar o industria hasta llegar a un acuerdo donde obtendré un monto fijo regular por el trabajo que desempeñe. Si trabajo por mi cuenta, tendré que conseguir clientes que quieran comprar mis servicios o productos, el éxito de mi empresa dependerá de mis acciones y condiciones del mercado. Cuando nos referimos al trabajo como una necesidad ambas opciones son libres y voluntarias.
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Cuando hablamos del trabajo como un derecho, entonces “alguien más está obligado” a brindar ese trabajo. Y curiosamente cuando decimos “alguien” siempre nos referimos al resto, excluyéndonos convenientemente de esa obligación. La referencia puede ser a “el empresario”, “el gobierno”, “el estado”, “la sociedad”; conceptos abstractos que dudo mucho firmen cheques cada quincena. 
Quienes proclaman el trabajo como un derecho, olvidan que “Ningún hombre puede tener el derecho de imponer a otro una obligación no elegida, un deber no recompensado o una servidumbre involuntaria. No existe ‘el derecho a esclavizar’” (Ayn Rand) 
Resulta más fácil obligar a otros a darme mi sustento que salir a la calle y ganármelo con mis propios recursos. Ofrecer algo de valor a los demás requiere talento, inteligencia, honestidad y mucho sentido común. Imponerla como obligación a los demás sólo requiere de la fuerza a través de leyes. 
El segundo aspecto a analizar son las peticiones sindicalistas, es curioso observar que en las mismas no se incluían la movilidad laboral; es decir facilidad en la contratación y despido, la flexibilidad en las contrataciones de tiempo parcial y mucho menos leyes que brindaran más libertad a los trabajadores para negociar a su conveniencia su contratación. Tampoco se incluía una solicitud de mayor facilidad para establecer empresas a través de certeza jurídica, respeto a la propiedad privada y a los contratos de toda índole. 
Pareciera que “el trabajo” de los líderes sindicales es mantener la lucha de clases, impedir el crecimiento económico que genere más y mejores empleos. Así podrán mantener la idea que la única forma de mejorar el nivel de vida de los trabajadores es a través del constante enfrentamiento con las pocas empresas que aún existen por los pocos empleos que aún generan. 
Cuando entendamos que el trabajo es una necesidad y no un derecho, por consiguiente nadie está obligado a proporcionármelo, podremos avanzar en mejorar las condiciones de vida de todos a través de la cooperación pacífica sin saqueadores ni saqueados. 
@Md30
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