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Consideraciones sobre el socialismo (III)

Redacción
08 de mayo, 2014

Cuando una idea es poderosa, toma vida propia desde que abandona la mente de su autor, transforma profundamente la sociedad, conquista mentes y corazones y en unos casos llega a cambiar de bando ideológico en el cual se concibió. Esa es la historia de la seguridad social, política que hoy es bandera del socialismo. 

Nacida en Europa en la década de 1880, la seguridad social era la pieza fundamental de la Sozialpolitik del padre de Alemania, Otto von Bismarck. Pero el Canciller de Hierro no era un socialista sino todo lo contrario. Friedman cuenta: “Puede parecer paradójico que un Estado esencialmente autocrático y aristocrático como la Alemania de la Primera Guerra Mundial –en la jerga de hoy, una dictadura de derechas– llevara la delantera en la introducción de medidas asociadas generalmente con el socialismo y la izquierda”. 
Fue precisamente el temor de la conversión de las masas alemanas al marxismo lo que llevó a Bismarck a crear este extenso programa de protección al trabajador contra accidentes, enfermedad y vejez, y fue la socialdemocracia alemana la que votó en contra de la seguridad social en el congreso. 
En Guatemala el seguro social se ve como una conquista del primer gobierno de la revolución. En la presidencia de Arévalo se fundó el Instituto Guatemalteco de Seguridad Social y se decretó el Código de Trabajo. Hoy ambos llevan el título de triunfos de la izquierda, pero la implementación de la seguridad social en nuestro país obedeció más a los vientos que soplaban en la época de la posguerra que a una innovación de izquierda. El seguro social también fue implementado en otros países de América Latina, pero por dictadores conservadores: en Nicaragua lo fundó Anastasio Somoza y en República Dominicana Rafael Leónidas Trujillo. La creación del IGSS obedeció en gran medida a dictados de los Estados Unidos. 
Fue Castillo Armas, considerado por la izquierda como un ultraconservador de derecha, quien fundó el Ministerio de Trabajo, aquel órgano de la administración pública sin el cual el Código de Trabajo sería letra muerta y la tutelaridad al trabajador, el sindicalismo y la huelga una mera fantasía del asalariado. 
También resulta paradójico que el primer gobierno en dejar de cumplirle al IGSS haya sido nada menos que el de Jacobo Árbenz, el coronel del pueblo, personaje tan querido por los progresistas nacionales. “Resulta que el Organismo Ejecutivo, en ejercicio de su derecho de iniciativa de ley, envió al Congreso un proyecto de decreto por cuyo medio el Estado quedaría exonerado de pagar al IGSS las cuotas patronales que eran en deberle… Finalmente, como era consabido, funcionó la aplanadora oficial y por decreto número 1049 del Congreso de la República” se anularon y quedaron sin valor los saldos deudores del Estado a favor del IGSS, según nos relata Ramiro Ordóñez Jonama. 
Nacida para frenar la vanguardia marxista, la seguridad social terminó decantándose por el socialismo. Lo cierto es que la seguridad social representa hoy en día un desafío económico para muchos países, incluido Guatemala. Además de la corruptela que vive en ella, el IGSS tiene un problema de diseño como bien dice Hugo Maul: el manejo financiero de las pensiones a los trabajadores se dirige hacia al fracaso, ya que cada vez aumenta el número de personas que tienen derecho a la pensión (trabajadores jubilados) pero al mismo tiempo disminuye el número de contribuyentes (trabajadores jóvenes). Dudo mucho que el sistema de seguridad social vaya a desaparecer, pero corresponde un debate desapasionado para encontrarle una solución al sistema y volverlo sostenible en el tiempo, como han hecho los chilenos.
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