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El Tea Party y la hipocresía de la clase intelectual

Redacción
25 de junio, 2014

Sin duda alguna, el dinero es sumamente importante para quienes quieren llegar al poder, en cualquier régimen donde el poder político puede cambiar de manos por medio de elecciones regulares libres. Medio mundo critica que el dinero manda en la política. Los profesores Martin Gilens de la universidad de Princeton y Benjamin Page, de la universidad de Northwestern recientemente afirmaron que EE.UU. era una oligarquía. De ahí nace la exhortación incesante de que hay que volver a la democracia masiva, el poder del pueblo, limitaciones a la libertad de expresión de organizaciones grandes o personas ricas que pueden donar cantidades grandes de recursos para financiar campañas políticas, etc. 

Curioso entonces que cuando eso se da de manera genuina, cuando un movimiento político surge del pueblo, que el mundo intelectual, a nivel global, se levante en unísono sino para callarlo, seguramente satanizarlo y descalificarlo. El ejemplo de esto es el Tea Party en EE.UU. El Tea Party no es un partido en si, sino un movimiento populista “de derecha” sin estructura ni jerarquía que surgió de comunidades locales en protesta contra la expansión incesante del poder del gobierno federal de EE.UU., que ya paso de intervención en temas económicos a intervención cada vez mas fuerte en temas sociales, o sea la vida privada del ciudadano Americano. Cual es su pecado original? Pedir menos, no mas, gobierno. La peor amenaza al autodenominado movimiento progresista que quiere expandir el espacio público colectivo sobre el privado individual a toda cosa no es un hombre rico capitalista. Es un ciudadano promedio de clase media o media baja que rechaza la oferta de recibir beneficios del erario publico a cambio de su libertad. Es eso que representa el Tea Party. Es por eso que se tiene que callar como de lugar. 
Columnistas del New York Times lo han llamado un fraude, y otro del Huffington Post lo llamo una vergüenza nacional. El conocido vocero del canal de cable MSNBC ha preguntado “¿de qué están enojados el Tea Party, de la reforma del sistema de salud o el hecho que fue un Presidente afroamericano y una mujer presidenta del Congreso que lo hizo? En América Latina, y en Guatemala, intelectuales que poco saben de EE.UU. han sido rápidos en criticar al Tea Party, como racistas por su oposición a la apertura de la frontera Americana a cualquier banda de mareros, narcotraficantes, migrantes indocumentados, y terroristas que se puedan colar, que quieran venir a cambiar EE.UU. en su imagen. 
Columnistas y líderes de opinión política han dedicado tanto espacio, palabras y tiempo en el aire criticando al Tea Party que uno pensaría que fuera una organización de terrorismo islámico, que por cierto nunca critican. 
Es impresionante el nivel de odio, repudio y rechazo que genera el Tea Party, cuando en miles de manifestaciones que ha organizado en EE.UU., no ha habido un solo acto de violencia. Sus lideres mas proyectados son mujeres (Sarah Palin y Michelle Bachman) o hombre AfroAmericanos, el Dr. Ben Carson o el Coronel Allen West. Al Tea Party se le debe el crédito de la victoria de los Republicanos en las elecciones 2010, que los permitio restarle el Congreso al Presidente Obama. Si los Republicanos logran restarle este año el Senado al Presidente, será también por la intensidad de preferencia política que expresa el votante medio afin al Tea Party. 
La opresión intelectual no se ha hecho esperar. Existe un mito político que hay que romper, por lo menos si se trata de la política en EE.UU. Wall Street, las grandes empresas y los grandes bancos no son los financistas privados y exclusivos de los Republicanos. De hecho, dan más a los Demócratas. Los Demócratas dependen de donaciones forzadas y en promedio más grandes de lo que reciben los Republicanos. La elite de izquierda utilizan donaciones de George Soros y fondos quitados forzosamente de los trabajadores por parte de los sindicatos a los que muchos son obligados a pertenecer para financiar grupos populistas de presión política, como Occupy Wall Street, que viven de la protesta social, siempre y cuando es financiada por provocadores ricos. Asimismo, grupos de activismo de izquierda como ACORN en EE.UU. recibían fondos del gobierno federal para aumentar de manera ilegal las listas de votantes potenciales e intimidar a votantes sospechados de ser Republicanos. Todo esto con masivas infusiones de dinero para financiar el activismo de la sociedad civil, que de sociedad y de civil tiene poco. 
Ejerciendo sus plenos derechos políticos de manera pacífica y respetuosa de los derechos de los demás, el Tea Party ha tenido un impacto político que ya no se puede ignorar. Es solo por presión incesante de políticos y voceros del Tea Party que se descubrió el escándalo de la falta de respuesta de la Administración Obama al ataque a la Embajada de EE.UU. en Bengasi el 11 de septiembre de 2012, cuando la Casa Blanca estaba en plena campaña de reelección. Es por la insistencia del Tea Party que se descubrió que la agencia recaudadora de impuestos del gobierno federal, el IRS por sus siglas en inglés, estaba siendo dirigido políticamente para oprimir a los opositores políticos del Presidente Obama. Por esta razón en estos días se interpela al jefe del IRS, John Koskinen en el Congreso de la Republica, donde recién tuvo que informar que el IRS había perdido todos los correos electrónicos de las seis personas bajo investigación. Por último, este mes un desconocido profesor de economía de corte liberal, David Brat, le ganó las elecciones primarias a nadie menos que al líder del partido Republicano en el Congreso, Eric Cantor, quien había gastado 25 veces más dinero que su rival. Cantor fue castigado por los votantes de su distrito, que nunca visitaba por cierto, por trabajar más con Obama que con ellos. 
Si algo ha demostrado el Tea Party, es que la democracia funciona, y que el dinero no siempre manda, cuando el pueblo se une y cada votante hace el esfuerzo de participar en la política, de manera pacífica y respetuosa de los derechos de los demás. Tal vez recibiría más atención positiva en los medios si sus miembros se dedicaran a destruir propiedad privada, atorrar y ensuciar la vía pública, y amenazar a sus rivales políticos con violencia. Pero entonces ya no sería el Tea Party, sería otro grupo más de los progresistas que viven de la manifestación.