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El chavismo llega a España

Redacción
06 de junio, 2014

Las elecciones europeas del pasado 25 de mayo en España dieron como gran titular el ascenso de una nueva formación, Podemos, de clara raíces bolivarianas y chavistas que reunió una buena cantidad de votos. Esta fuerza consiguió el 7,9% de los votos y entró por primera vez en el Parlamento Europeo con cinco diputados después de sumar 1.214.156 del total de votos. Todo indica que se trata de un fenómeno coyuntural: eran elecciones europeas, no de ámbito nacional, la abstención fue muy alta y el voto dirigido a esa formación acabó siendo una forma de desahogo tras seis años de crisis y dificultades. 

Podemos, varios de cuyos integrantes (el líder de la formación Pablo Iglesias, Jorge Vestrynge o Juan Carlos Monedero) han estado vinculados con el régimen chavista de una forma u otra, ha canalizado el estado de permanente “cabreo” que tiene la sociedad española con las instituciones, la clase política, por la crisis y la corrupción. Pero qué es y qué representa. 
En realidad, es una historia muy conocida. Más que comunistas, chavistas o marxistas lo que realmente es Podemos es una apuesta por la demagogia y por halagar el oído del electorado diciendo, crudamente, lo que este quiere oír sin que haya ningún tipo de pedagogía social o política. 
Al igual que el chavismo, versión más moderna del clásico populismo, la demagogia de Podemos necesita para vivir y desarrollarse un entorno adecuado. Un entorno en el que debe existir una figura, un liderazgo, de carácter mediático. Eso es lo que fue Hugo Chávez y ese es el papel que cumple Pablo Iglesias, el profesor universitario devenido en líder y demagogo. 
El populismo y la demagogia crece mejor en momentos de crisis económica y social como la que padece España (seis millones de parados) a lo cual se une un generalizado quiebre y descrédito de las instituciones (corrupción que golpea a los principales partidos y hasta a las más altas instituciones como la monarquía –“caso Urdangarín”). 
Asimismo, el populismo y la demagogia necesitan un chivo expiatorio, alguien a quien culpar de todos los males. El demagogo no analiza académicamente la realidad sino que trata de captar seguidores apelando al simplismo: para los nazis los culpables de todo eran los judíos, para el franquismo los masones y los marxistas, para Chávez, la oligarquía…. Y para Podemos, de Pablo Iglesias, “la casta política”. No hay matices, no hay ningún tipo de análisis –y eso que el líder es un profesor universitario-, y solo subsiste una palabra que todos entienden y que simplifica y reduce a tópicos una compleja realidad. 
Iglesias, de voz sugerente y discurso fluido, encauza la ira social con una mezcla de rancio nacionalismo (“no queremos ser una colonia de Alemania”), izquierdismo infantil (“la culpa la tiene la corrupta casta política”) y resentimiento social (siempre presumiendo de sus muchas matrículas de honor que, para su frustración, no le han permitido ir más allá de ser un profesor “mileurista”). 
Si Podemos es una anécdota o se convierte en una fuerza política poderosa, eso solo el tiempo lo dirá. Por el momento, los cachorros intelectuales europeos que alimentaron el chavismo se han hecho mayores y regresan al viejo continente con deseos de trasplantar lo que construyeron en América latina. 
Lo único cierto es que España, por muy mal que se encuentre en la actual coyuntura, no es Venezuela ni social, ni política ni económicamente… Iglesias, no tiene el verbo ni el carisma de Chávez, ni la capacidad intelectual y olfato político de Rafael Correa. Y como señala Antoni Gutiérrez Rubí, “llegar no es fácil, mantenerse es complicado, crecer es muy difícil”. 
Todo lo cual no debe dejarnos inermes ante estos revolucionarios de salón que, como nuevos Jean Paul Marat, creen que la revolución y la violencia de los pueblos se justifica. Demagogos que siguiendo al autor de “L´ ami du peuple” creen que las frases deben servir para encender la hoguera porque el fuego purifica (“Las revoluciones empiezan por la palabra y concluyen por la espada” decía Marat).
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