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Cuál es la mejor policía? (1º parte)

Redacción
11 de julio, 2014
Está previsto que en este mes de julio se ponga en funcionamiento unas Unidades de Policía de Prevención Local, que se integran, como división, en la policía bonaerense. El modelo bajo el cual se ha configurado esta nueva policía es el de policía de proximidad o comunitaria. Un modelo ya experimentado en la región y que cuenta con importantes apoyos, desde muy diferentes ámbitos, tanto el político, como el académico. Sin olvidar el apoyo ciudadano que, en estos tiempo de violencia, se encuentra más protegida con presencia policial próxima y visible. De hecho, según el mismo gobernador bonaerense “el reclamo de la gente” ha sido uno de los las causas que ha justificado su creación. 
Desde la transición democrática ha habido una aspiración regional por lograr cuerpos de policía democráticos y próximos a la población, como la policía comunitaria, frente a la existencia de cuerpos policiales en los que era frecuente el abuso de los derechos humanos. Su particular configuración responde en buena parte a las preocupaciones sobre control y rendición de cuentas, reducción de la violencia policial y énfasis en la prevención del delito, mediante el contacto directo y permanente con la ciudadanía. En coherencia con estos objetivos estas policías de proximidad poseen una determinada configuración organizativa y operativa, que pese a sus indudables ventajas también presentan ciertas limitaciones. En efecto pese a su popularidad lo cierto es que no puede enfrentarse a todas las situaciones de inseguridad. Es preciso conocer sus limitaciones en relación, por ejemplo, a su versatilidad. 
En una policía así entendida la mediación es un instrumento trascendental para evitar que los conflictos se resuelvan violentamente. En coherencia, su entrenamiento está configurado para que el uso de la fuerza sea el último recurso, de hecho en la medida que se concibe a sí misma como un cuerpo protector del ciudadano, para evitar el más mínimo riesgo, su armamento es ligero. 
Estas características hacen de la policía comunitaria la mejor de las posibles para favorecer la convivencia comunitaria y el control de la criminalidad común, sin embargo, no parece muy operativa para defender a los ciudadanos de un cartel de narcotraficantes. Su formación en pequeñas patrullas y sus armas ligeras les posiciona en una situación de indefensión. Esta policía además, nuevamente determinada por sus misiones, carece de cuerpos especializados en investigación e inteligencia imprescindibles para el control de estas redes criminales. 
Con ello parece necesario observar que, pese a las propuestas respecto a su implantación, es preciso tener muy presente el particular contexto de violencia para valorar la conveniencia de implantar o no dicho modelo. En el caso centroamericano o mexicano, dependiendo de las áreas, no parece que este tipo de policía sea el más recomendable o al menos que sea el único cuerpo policial existente. Sin duda necesitaría la complementación con otro tipo de policía, como las policías con estatuto militar o fuerzas intermedias. De las que existen ejemplos en América Latina y en Europa y parecen particularmente adecuadas para Centroamérica o México.