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Las reformas

Redacción
14 de julio, 2014
El viernes pasado la Corte de Constitucionalidad se pronunció respecto a las más importantes reformas a la Ley Electoral y de Partidos Políticos. La Corte le dio su visto bueno a varios artículos de trascendencia y su voto desfavorable a algunos que actuaban en beneficio de las organizaciones políticas. 
Dentro de los artículos que tuvieron el visto bueno de la Corte de Constitucionalidad y que han causado diversas reacciones entre la población está la posibilidad de votar por el cargo de Presidente y Vicepresidente aun viviendo en el extranjero. 
El voto fuera de tierra guatemalteca ha sido una lucha histórica de los connacionales radicados en el extranjero, principalmente en Estados Unidos, mismos que constituyen la mayor fuente de ingreso de divisas a Guatemala por medio de las remesas. 
Sería muy injusto que yo me opusiera a la posibilidad de que votaran por el cargo más importante de elección popular estos guatemaltecos, quienes trabajan muy duramente y en su mayoría desearían poder regresar a Guatemala e invertir en la prosperidad de su comunidad. También entiendo a quienes aseguran que no se debe cambiar el espectro electoral de un plumazo. Tener más de un millón de potenciales votantes no residentes en Guatemala, es sin duda una modificación decisiva para las próximas elecciones. 
En ese sentido he de recordar que la historia reciente de nuestro país nos ha dado como resultado la victoria del candidato a la presidencia que en la elección pasada perdió la contienda en segunda vuelta. 
El voto en el extranjero es permitido en muchos países del mundo, ya que sus leyes mantienen vigentes los derechos civiles de sus ciudadanos aún sin vivir en su territorio. No creo que haya solvencia moral de parte de Guatemala para exigir un trato humanitario, digno y respetuoso a las autoridades norteamericanas, si nosotros mismos, como país, no brindamos a nuestros connacionales la posibilidad de ejercer un derecho como el sufragio. 
Creo que lo más importante es que entendamos que el problema no es la migración, el problema es la falta de un Estado operante que brinde condiciones de seguridad física y jurídica que permita atraer capitales y con ello se forme un circulo virtuoso de prosperidad económica. 
El talento guatemalteco migrante podría ser aprovechado plenamente si en lugar de ser repatriado en condiciones inhumanas, volviera de forma ordenada gracias a las mejores condiciones para hacer negocios y con la posibilidad de ganarse la vida de manera honrada y digna.
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