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La pena más severa debe ser a corruptos y populistas

Redacción
16 de julio, 2014

Varias propuestas para perseguir penalmente por un lado a los coyotes, y por otro a los padres de los niños que viajan ilegalmente hacia Estados Unidos han surgido en los últimos días como medidas necesarias para resolver el problema. Así lo argumentan los políticos gringos y chapines. Estos últimos, por supuesto ni listos ni perezosos se apuntan para ver quien lo logra primero y así ganarse que el Tío Sam le coloque una estrellita en la frente y de paso no le quite la visa. 

Es cierto, los coyotes incurren en una serie de acciones ilegales y forman parte de organizaciones criminales que van más allá del simple hecho de llevar personas de un lugar a otro, y por lo tanto deben ser perseguidos, pues no son simples conductores de bus. Además no operan solos, lo hacen al amparo de redes de corrupción estatal a lo largo del camino. 
En el caso de los padres, también es cierto, que son los responsables y tienen la obligación de proveer techo, comida, salud, educación, y seguridad para sus hijos -mientras éstos son niños- y no al revés. Sin embargo, es precisamente para cumplir con esa obligación que muchos de esos padres, se han ido, buscando el trabajo y la seguridad que aquí no encuentran. Esa es la misma razón, por la que también los niños se quieren ir. No solo para reunirse con familiares como dice el Presidente al querer tapar el sol con un dedo, sino para soñar que un mejor futuro para ellos es posible. Intuyendo que para lograrlo tienen que huir de un presente sombrío en donde no saben si cuando el día termine van a estar vivos; de un hoy, en donde muchos son violados y en el caso de las niñas embarazadas, de una vida en donde cada día se levantan y son forzados y hasta alquilados para ir vestidos de payasos de semáforo en semáforo pidiendo limosna, o bien lustrando zapatos frente a casa presidencial o a la vuelta del Congreso, para entregar el dinero al final del día a un sujeto ruin que así se llena los bolsillos. 
La ciudad de Guatemala, es el principal lugar de donde emigran los niños, seguido por San Marcos, Huehuetenango, Quetzaltenango, Tacaná, Joyabaj, Concepción, San Juan Ixcoy, Nebaj, y la Libertad. 
Los políticos, gringos y chapines, así como los de la OEA y la ONU, que también ya salieron a bailar en el asunto y alguno que otro de países cooperantes, deberían darse una miradita en el espejo y entender que los principales responsables de esta grave situación son ellos que financian en forma directa o indirecta programas populistas que perpetúan la pobreza. Ellos que apadrinan en complicidad, la mayor parte del tiempo a grupos violentos que con acciones ilegales obstaculizan el desarrollo económico de los guatemaltecos. Ellos que eligen la corrupción que llena sus bolsillos por encima de la transparencia y el fortalecimiento del sistema de justicia y seguridad. Ellos que préstamo tras préstamo le anuncian a esos niños que si llegan vivos a Estados Unidos y algún día regresan a Guatemala, tendrán que pagar con sus impuestos la piñata de dinero que se repartió la red de corrupción de turno. 
Hoy, cientos de pequeños van escondidos, hambrientos y asustados en algún vagón de tren con un sueño: el de escapar de este Estado Fallido. John al igual que Juan son responsables. 
Si lo que buscan es una pena que resuelva el problema, con certeza la pena más severa debe ser a los políticos corruptos y populistas.
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