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Privilegios fiscales: Discusión equivocada

Redacción
09 de julio, 2014
Hace unos días Siglo XXI presentó un reportaje sobre la Ley de Inversión y Empleo (http://m.s21.com.gt/nacionales/2014/07/06/privilegios-fiscales-punto-divergencia-entre-empresarios) en donde entrevistó a dos líderes gremiales. Ambos entrevistados se perdieron en los detalles de la ley y no prestaron atención a lo más importante de todo: la necesidad de oponerse al ISR y al aumento de impuestos. Ante la pregunta “¿cómo se pueden aumentar los ingresos fiscales si los empresarios siempre se niegan a pagar más impuestos?”, el presidente de la Cámara de Comercio de Guatemala, futuro presidente del CACIF, respondió que “no es cierto que los empresarios se nieguen a pagar impuestos [sino que la posición es la de una] reforma fiscal integral, con principios”. 
¡Por supuesto que los empresarios se niegan a pagar más impuestos! También se niegan los periodistas, sindicalistas, líderes campesinos, los del FMI, los profesionales, asalariados y burócratas. ¿Cuál es el temor a reconocer que nadie quiere pagar más impuestos? ¿Acaso hay alguien libre de pecado que se atreva a tirar la primera piedra? En un sentido figurado, “todos somos pecadores”, incluso quienes se consideran los más “puros” profetas de la necesidad de aumentar la carga tributaria en Guatemala. El comportamiento que el discurso reinante achaca a los empresarios es algo que comparten todos los guatemaltecos; es el reflejo de la más básica racionalidad económica en condiciones de incertidumbre sobre el destino de los recursos. 
El futuro presidente de CACIF es políticamente correcto con su respuesta. Si bien tiene la razón al hablar de la necesidad de una reforma integral basada en principios, no queda clara en la entrevista su postura respecto del ISR. Sus denuncias en torno a los privilegios fiscales que introduce la Ley de Inversión y Empleo pierden de vista lo que debería ser lo más importante para el sector empresarial: la eliminación del ISR de la estructura impositiva, independientemente de cuánto empleo e inversión generen las empresas. En el peor de los casos, demandar en dicha ley no se excluya a ningún sector. Nunca jamás, defender, abierta o veladamente, al actual régimen del ISR. 
Quienes defienden el discurso reinante en materia tributaria, afortunadamente y por de pronto, no cuenta con todas las herramientas que quisiera tener a la mano para acallar a sus opositores. Si bien la visión hegemónica del discurso reinante en materia tributaria no tolera que se cuestione la legitimidad y validez de la tributación directa con carácter progresivo, muchos menos la necesidad de aumentar la carga tributaria, siempre existe el derecho a pensar diferente y expresarlo públicamente. Lamentablemente, es tanta la presión para quienes se atreven a pensar y ser diferentes que, incluso, los líderes gremiales terminan convirtiéndose en los mejores aliados de quienes son sus más acérrimos enemigos.
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