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Las cosas por lo que son

Redacción
23 de agosto, 2014

Nos encontramos en un momento crucial para nuestro país. Vamos caminando por una senda muy peligrosa. Empinada, resbalosa y con grandes abismos a los lados. Únicamente unidos y con un heroico esfuerzo común lograremos salir con vida de la misma para poder disfrutar en paz de los frutos del trabajo en esta bella patria que es Guatemala.

Desafortunadamente hay grupos empeñados en evitar que salgamos de este sendero y trabajan día y noche para que continuemos con este rumbo tan peligroso. Estos grupos utilizan artimañas, engaños, intimidación, desinformación y miedo para manipular pequeñas poblaciones a su antojo con tal de asegurar su forma de vida, que en muchos casos depende directamente de financiamiento externo. Se han dado cuenta que los guatemaltecos ya nos hemos dado cuenta de sus engaños y por eso han aumentado su actividad y por consiguiente el nivel de conflictividad social en áreas con un enorme potencial económico para Guatemala como lo son Huehuetenango y Alta Verapaz, impidiendo de esta forma el desarrollo económico y social de las mismas. 
Estos grupos, entre los que cabe mencionar a CODECA, el Comité de Unidad Campesina (CUC) y el Observatorio de Pueblos Indígenas, entre otros, practican lo que en el mundo se conoce como terrorismo e intimidación. No les importa violar los derechos de los demás ciudadanos con tal de preservar la forma de vida parasitaria de sus dirigentes, muchos de los cuales ni siquiera son guatemaltecos o indígenas. Es más, ni siquiera deberíamos estar diferenciando entre ladino, indígena, garífuna, etc. 
En este país libre que es Guatemala todos somos ciudadanos guatemaltecos con los mismos derechos y obligaciones. En su afán de hacerse notar para conseguir o justificar donaciones de países como Holanda, Noruega, Suecia o Dinamarca, estos grupos recurren a la violencia para alcanzar sus objetivos y se escudan después bajo las banderas de etnicidad o ambientalista. Ya mucho se les ha tolerado. 
En ningún país del mundo, a excepción del nuestro, se permite que se violen los derechos individuales de las personas plasmados en la misma Constitución. Estos grupos bloquean carreteras, toman hidroeléctricas, invaden proyectos mineros, secuestran trabajadores honrados (ver casos de ENERGUATE, PNC, Ejército de Guatemala, entre otros), amenazan a la población local, incendian maquinaria y equipo, roban energía y después la venden… Señores, ¿si eso no es terrorismo entonces que es? 
A fin de cuentas a todos nos afectan negativamente estos grupos, sino pregúntenle a las mujeres embarazadas o a los enfermos que no han podido llegar a los hospitales, a los transportistas que no pudieron llegar a su destino, a los niños que no llegaron a la escuela, a los comerciantes que perdieron sus productos… Pregúntenles. 
 

Los guatemaltecos trabajadores que soñamos con una patria en la que podamos desarrollarnos y vivir en paz, con certeza y estabilidad ya estamos cansados de esta zozobra. Estos grupos terroristas lanzan piedras y esconden la mano, como siempre usando sus viejas tácticas aprendidas mientras militaban en grupos terroristas de la guerrilla. Siempre se esconden detrás de cordones de mujeres embarazadas o ancianas, niños y personas movilizadas a quienes les pagan o amenazanpara participar, muy al estilo de esconderse detrás de las Comunidades en Resistencia y cruzar la frontera hacia México en vez de enfrentar al Ejército directamente. 
Golpean e intimidan en grupo a los que se oponen o quieren trabajar en los proyectos de energía renovable o de la industria extractiva. Causan perdidas millonarias al país y ahuyentan la inversión, tanto local como extranjera, y lo más irónico es que ellos son las víctimas. 
Se victimizan y buscan deshumanizar a los elementos de seguridad del Estado, se rasgan las vestiduras y tratan de censurar por la vía legal a ciudadanos valientes que denuncian sus abusos e intereses como fue el caso del señor Ricardo Méndez Ruíz, en dónde públicamente en audiencia pidieron que se le censurara… 
¡Por favor! Lo peor es que muchas personas, empresas e instituciones se han prestado a este juego, especialmente los medios de comunicación escrita, que no reportan con parcialidad, tergiversan los hechos, victimizan al delincuente y no llaman las cosas por lo que son. Se han olvidado que no hace tanto tiempo ellos fueron víctimas del mismo terrorismo que hoy protegen, y eventualmente, de triunfar el mismo, lo volverán a ser cuando sean censurados por los que hoy escriben y defienden a estos grupos en sus páginas.
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