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Comunidad “La Injusticia”

Redacción
03 de agosto, 2014
Desde hace ya más de año y medio que todos los automovilistas y peatones que transcurrían en el anillo periférico podían observar un pequeño asentamiento que se había colocado a la orilla de la carretera. Este asentamiento tomó el nombre de Linda Vista, pero en los últimos meses debido a las inmanentes amenazas de desalojo decidieron cambiarse el nombre a comunidad “La Injusticia”. 

Efectivamente esas amenazas se cumplieron y el pasado miércoles, 168 familias fueron desalojadas del terreno que era parte del usufructo de la empresa eléctrica EEGSA. 
Menciono esto no con la intención de iniciar un debate sobre que es lo más “justo”; si desalojar a dichas familias por haber invadido propiedad privada, o dejarlos ocupar ese lugar ilegalmente por carecer de los ingresos necesarios para alquilar o comprar una vivienda digna. Cualquiera de las dos opciones seguirá siendo injusta, y ninguna abrirá el debate a la verdadera razón por la cual estos asentamientos existen y seguirán existiendo. 
Así que, aprovecharé este espacio para poder explicar cuál es la verdadera injusticia. 
La verdadera injusticia es que con todas las capacidades para ser una país propiamente desarrollado, aún, una gran mayoría de la población carezca de acceso de servicios básicos que les permitan salir del círculo de la pobreza y que debido a ello se vean obligados a migrar de sus hogares con la ilusión de encontrar un mejor empleo o una vivienda más digna. Pero qué además de eso, también estemos condenándolos a continuar en esa misma vía, si seguimos considerando los asentamientos como una forma “no-ideal” o una “mal necesario” para satisfacer la demanda de vivienda. 
Los asentamientos, en un inmediato plazo, podrán compensar la necesidad de un hogar. Pero no dejarán de ser zonas marginales, y altamente riesgosas para jóvenes que podrían ser cooptados por grupos criminales y maras juveniles, sentenciándolos a un futuro difícilmente pleno. Paralelamente, los familias en su totalidad, estarían continuamente expuestas a daños producidos por las riesgosas condiciones geológicas de las áreas donde se vieron forzadas a establecerse. 
Así que, en realidad en lugar de estar señalándonos unos a otros por sentirnos o no identificados con las familias que fueron desalojadas, ese enojo y esa rabia debería estar enfocada en todos esos partidos políticos que repetidamente se han aprovechado de la zozobra de estas personas para hacer campaña política, y señalarlos a ellos por su responsabilidad en que aún existan más de 1,7 millones de familias sin vivienda.
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