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2015 inició en Francia

Redacción
09 de enero, 2015

Vaya forma de arrancar el año: 12 muertos tras un ataque contra la polémica revista francesa Charlie Hebdo. Es muy temprano para tener conclusiones certeras pero los medios ya han publicado que dos de los tres atacantes son hermanos y que uno de ellos pertenece a un grupo yihadista. Además varios testigos dicen que los atacantes gritaban alabanzas a Mahoma durante el ataque. Parece ser un nuevo asalto de radicales islámicos pero a diferencia de los desastrosos atentados suicidas, éste se destaca por la precisión y profesionalismo de su ejecución.

Este ataque, al igual que los de las Torres Gemelas, los de España e Inglaterra, no son solamente ataques a países específicos, es violencia dirigida a Occidente y las ideas que representa. En el caso de Francia fue contra la libertad de expresión. Charlie Hebdo publica sátiras incisivas que ofenden a muchos en sus creencias más íntimas, pero precisamente por eso es tan importante la libertad de expresión, para aprender a vivir rodeado de las ideas que nos molestan, no de aquellas con las que estamos de acuerdo y nos hacen felices. Todo el mundo es intolerante a ciertas ideas. Yo, por ejemplo, no tolero a quienes al día de hoy siguen apoyando el comunismo, pero cualquiera tiene el derecho a ser comunista y publicar sus ideas. Todo tipo de totalitarismo, sea religioso, sea estatal, tiene en su corazón una enorme intolerancia a la pluralidad de ideas y considera que sus propias creencias son infalibles. Occidente aborrece la idea de infalibilidad, por el contrario, reconoce lo imperfecto que es el hombre y por eso sus ideas siempre están en constante revisión y cuestionamiento. La ciencia que ha surgido en occidente se basa en gran medida en la duda.

Por eso es que el terrorismo islámico involucra a todos los países, incluso aquellos que no han sido víctimas de sus ataques como lo es Guatemala y el resto de América Latina, países que se debaten entre un tercermundismo bochornoso y un influjo occidental que no ha terminado de cuajar pero que mucho beneficio le ha traído a sus habitantes. Considerar estos ataques como ajenos a nuestros problemas puede ser muy irresponsable en una época donde todo se ha globalizado, desde la cultura y el entretenimiento hasta los conflictos y las crisis.

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Desde hace algún tiempo he temido que las sociedades industriales traen consigo el propio germen de su destrucción. Dado que dichos países han creado tanta comodidad y satisfacción material, su gente suele olvidar el alto precio que implica conservar las instituciones que permiten tan alta calidad de vida, luego bajan las defensas y las personas se vuelven permisivas con ideas que son incompatibles con las bases de Occidente. Pero las manifestaciones en Francia, la solidaridad del ciudadano común francés a Charlie Hebdo, la indignación mundial y la reafirmación de la libertad de expresión, por ofensiva que nos parezca, me prueba que estoy equivocado, lo cual me hace feliz.

Mis condolencias al pueblo francés, al que Occidente le debe mucho de su esplendor. Francia es la nación que nos dio a Montesquieu, a Voltaire, Bastiat y Jean-Baptiste Say. Francia es la autora de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, de la codificación del derecho que hoy se ha replicado en todos los rincones del mundo. Francia ayudó a forjar la idea de la república liberal y la secularización del Estado y a Francia le debemos agradecer el surgimiento de las enciclopedias, del racionalismo cartesiano y del arte más popular de nuestros días: el cine.

El plomo nunca será más poderoso que la pluma.

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