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La Luna no es de queso.

María Dolores Arias
10 de febrero, 2015

Hace algunos días tuve un diálogo a través de mi cuenta en twitter con otro “twitero” acerca del gasto público y su función, entre otras cosas. Una de las preguntas que me hizo al respecto fue la siguiente “y si digamos que el gasto público va orientado a generar riqueza para el estado, para no depender sólo de impuestos?”.

Para responder a esto debemos tomar en cuenta que el Estado –para ser más precisos, los politiqueros de turno en el poder- no generan riqueza, lo que hacen es extraer de nuestros bolsillos la riqueza que hemos generado y gastarla en lo que consideran prioritario.   Esto se logra a través de los impuestos que nos hacen pagar para supuestamente recibir ciertos servicios.

Ahora bien, otra idea que ha permeado en nuestras sociedades latinoamericanas es que el subsuelo es propiedad de la Nación y por consiguiente de todos sus ciudadanos. Debido a esta idea han surgido miles de empresas estatales que con el tiempo han demostrado el mal manejo de las mismas. Empresas que han servido como botín para los politiqueros de turno.

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Estas empresas estatales quiebran o se mantienen con el subsidio de tributarios productivos a quienes les quitan su riqueza a través de los impuestos. Petróleos de Venezuela (PDVSA) es el ejemplo más reciente de una empresa estatal al borde de la quiebra por los malos manejos de los politiqueros de turno.

También recordemos que el gasto público es dinero que le quitaron a usted y que lo gastará el politiquero de turno. En el mejor de los casos será en alguna obra pública que beneficie a algún grupo de personas, por lo general a sus allegados y por supuesto a él mismo. En otros casos sus impuestos se irán en repartir dádivas entre sus actuales o potenciales electores, a través de programas sociales.

Las obras públicas son las favoritas de los politiqueros, cuanto más grande mejor ya que les es útil para varios propósitos. Primero, sirve para la propaganda y la buena imagen del politiquero que gestionó la obra; segundo, sirve para obtener una “jugosa comisión” por la contratación del diseño, construcción, supervisión y demás accesorios durante la ejecución de la misma.

Ludwig von Mises decía al respecto “mientras más gaste el gobierno, menos puede gastar el ciudadano. Las obras públicas no se hacen con el poder milagroso de una varita mágica. Son pagadas con fondos arrancados a los ciudadanos”.

Es por eso que en mi artículo En defensa del presupuesto insisto que debemos defender el presupuesto del tributario. Entre menos dinero quede en manos de quién lo produce, menos incentivos habrá para producir. Menos dinero estará circulando para generar riqueza.

Podemos seguir creyendo que el gasto público genera riqueza, así como creer que la Luna es de queso. Pero la realidad nos muestra que ningún país se ha sostenido en largo plazo a través de quitarle a los productivos para que los políticos lo gasten. La mayoría sino es que todas las empresas estatales han demostrado su ineficiencia al compararlas con empresas privadas de la misma industria. La empresarialidad no es una característica de la burocracia.

Sólo si dejamos el dinero en manos de quién lo produce, lograremos generar mayor riqueza. En los países donde se ha dejado libre la capacidad creadora del ser humano, se han logrado avances tan grandes que hasta en los lugares más lejanos nos hemos visto beneficiados de este desarrollo. Pruebas de que el dinero en manos de los políticos no genera riqueza hay muchas.

Así que por más que lo deseen algunos, la Luna no es de queso y el gasto público no genera riqueza.

@Md30

Facebook.com/mda30

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