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#YOSOYPOLLERO

Redacción
17 de marzo, 2015

No, no, no, por favor, no malinterprete el título de este artículo. El mismo no se refiere a frases que vociferarían los fans del “Pollo Ronco”, sino a la historia de una persona originaria de un departamento del Occidente de Guatemala, la cual ayuda a conocer otras aristas de la migración.

El breve relato fue compartido en el contexto de un diálogo sobre oportunidades para la juventud. Era el relato de un joven que en algún momento de su vida tomó la decisión de convertirse en “pollero”, es decir, una persona que conduce a emigrantes que van en búsqueda del “sueño americano” –aunque, a estas personas también se les suele llamar, más comúnmente, como “coyotes”-.

Aquél joven, hoy dedicado a cuidar de un negocio familiar, inició indicando: “      Mi primera experiencia cruzando la frontera fue cuando tenía catorce años. En esa ocasión me fui de ayudante de mi primo que se dedicaba a pasar gente de Guatemala a ciertas ciudades de México. Mi primo tenía unos 25 años. Mi segundo viaje, siempre como ayudante, lo hice a los 16 años, pero luego me dediqué solo a estudiar y me aleje”. Este joven hoy tiene 26 años y, de acuerdo a su relato, durante cuatro años estuvo relacionado al mundo de los “polleros”, un mundo donde participarían mucho jóvenes ya sea como “polleros”, o bien como “guías” o “jaladores”.

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El relato de este joven encaja muy bien con la expresión “la migración tienen un rostro joven”. De acuerdo con datos de la OIM, 7 de cada 10 migrantes guatemaltecos tenían menos de 25 años el día de su partida; y, de acuerdo a la Encuesta Nacional de Juventud, ENJU 2011, un 28.3% de jóvenes –que equivalen a 1 millón 176 mil 435 personas- han pensado migrar hacia los Estados Unidos. Ante la falta de oportunidades ¿Cuántas historias más habrá de jóvenes que dirían: “yo soy pollero”?

Revisando otros aspectos de la migración y, de acuerdo con otros testimonios, se dice que en 1985 un migrante guatemalteco, le pagaba al “pollero” la cantidad de cinco mil quetzales por llevarle hasta EEUU, hoy, ese pago es de alrededor de cuarenta y cinco mil quetzales. Pero no todo es parejo. Hay noticias que para los migrantes procedentes de otros países, hoy día, el costo es diferente.

Por ejemplo, para migrantes de países asiáticos, el costo de llevarles desde Guatemala hasta el país del norte, sería de unos 15 mil dólares –la razón de dicho pago se debería a que por su facciones étnicas, es muy fácil que las autoridades migratorias y de seguridad les identifiquen en el trayecto-; para los migrantes de origen hindú o albanés el costo sería de uno 12 mil dólares –ese costo obedecería a que algunos ciudadanos de sus respectivos países, se les sigue la pista por temas relacionados a la lucha contra el terrorismo y crimen organizado-; finalmente, para dar otro ejemplo, para los migrantes de origen ecuatoriano el costo sería de unos 8 mil dólares.

Aunque no siempre ocurre así, al parecer la vía de acceso de los migrantes antes indicados sería la principal terminal aérea de nuestro país. Cuando se conocen estos relatos se entiende, de mejor manera, lo que el Vicepresidente de Estados Unidos, Joseph Biden, señalaba en un artículo publicado en New York Times, el pasado mes de enero, cuando se refería a que en Guatemala se han removido funcionarios sospechosos de corrupción y ayuda para el tráfico de humanos. En ese artículo, Biden también exponía las razones –o mejor, dicho, los intereses de Washington- de promover un Plan para Centroamérica.[1]

Para EEUU no pasa desapercibido que en la región se viene registrando un fenómeno de “cooptación y captura” del Estado, por parte de redes asociadas al crimen organizado. Esto último, sería la principal motivación de Washington de apoyar el famoso Plan de la Alianza para la Prosperidad… por motivos de seguridad nacional –con CICIG incluida-.

En este contexto, como país y como región, más allá de esperar la ayuda de 1 millardo de dólares, que hace parte del Plan de la Alianza para la Prosperidad, las “élites comprometidas y con visión de Nación”, deben sentar las bases para la generación de inversiones, que a su vez generen oportunidades de empleo digno y decente para millones de jóvenes, y las bases para una senda de desarrollo y progreso nacional. De lo contrario, siendo que la migración tiene un “rostro joven”, seguiremos escuchando noticias de miles de jóvenes dejando su país y, quizás, aumenten aquellas expresiones como la de “yo soy pollero”

[1] Fuente: http://www.nytimes.com/2015/01/30/opinion/joe-biden-a-plan-for-central-america.html?_r=0

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