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Arcoíris Electoral

Betty Marroquin
03 de agosto, 2015

Tengo la impresión que finalmente, la gran mayoría de guatemaltecos está preocupada con este problema. La crisis de partidos políticos que estamos viendo es un problema que nos afecta a todos y cada uno de nosotros, nos interese o no la política. Afecta porque esos políticos son quienes hacen e implementan las leyes que rigen nuestro diario vivir en sociedad, nuestra actividad productiva, nuestro campo de acción. En resumidas cuentas, cuasi como si nos dijeran que podemos y que no podemos hacer.   En un mundo ideal, tendríamos partidos sólidos y duraderos, de trayectoria, y no improvisados y estacionarios. Sin embargo, como es la tendencia desde la firma de los Acuerdos de Paz Firme y Duradera, en Guatemala vemos un verdadero arcoíris de candidatos, que van desde el clarito hasta el más obscurito; y una papeleta electoral que asemeja más bien un cartón de la lotería con todos sus personajes: el diablo, la bruja, la sirena, el borracho, el empresario, el político, el viejo, etc. ¿Se da cuenta, amigo lector, que estos personajes son resultado de una democracia representativa, y que si lo que representan es corrupción, ilegalidad, mediocracia, eso están reflejando de sus electores?

Y como si la calidad no fuera el único problema, tenemos también la cantidad. Pululan cual brote de varicela, por qué el arcoíris partidista se reúsa disminuir en Guatemala. Pareciera como si asimilar el concepto de que la unión hace la fuerza o que más valdría uno o dos partidos fuertes y sólidos que 15 débiles, fuera demasiado difícil de entender. Si imitamos, asimilamos y aprendemos tantas cosas buenas, y malas, de países que admiramos, ¿por qué no imitar lo bueno en éste tema? Una nación con aproximadamente 15 millones de ciudadanos, de los cuales unos 5 millones ejercen su derecho y su deber de sufragio, debiera tener un máximo de 4 partidos políticos fuertes.   Si países exageradamente más grandes que el nuestro, tiene dos o tres partidos fuertes, ¿por qué no podemos hacer lo mismo en Guatemala?

Esto me lleva a pensar cual es la lógica detrás de esta pésima cultura partidista. ¿A quién beneficia tener una derecha débil y dividida? ¿Quién sale ganando? Obviamente, el ser candidato se ha convertido en un muy lucrativo modus vivendi de algunos. Creo que son preguntas válidas y lógicas, que quienes tienen el poder y la visión debieran analizar.   En ésta elección, nosotros los votantes, podríamos dar la pauta o el incentivo enfocando nuestro voto en candidatos que tengan mayores probabilidades de ganar, y obviamente me refiero con un voto razonado, que nos lleve a votar por candidatos con el mínimo de “llaveritos”.  Retomando lo dicho por la CICIG en su reciente informe, los partidos de franquicia que se venden al mejor postor son un problema para el fortalecimiento de la democracia. Somos nosotros los votantes, quienes debemos enviar el mensaje fuerte y claro a la clase política: queremos calidad, no cantidad.

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Muchos comprendemos la necesidad de modernizar la Ley Electoral a futuro, y a corto plazo, fortalecer el papel del Tribunal Supremo Electoral para que implemente la Ley sin temores.   Si los partidos violan cualquier cláusula, debieran ser amonestados conforme la ley lo establece. Si un candidato no cumple con los requisitos, desde la más elemental (comprobada honorabilidad) hasta el último de los mismos, el TSE debiera aplicar la ley sin temor a represalias.

Pareciera como si Bertrand Russell hubiera analizado la clase política de Guatemala cuando dijo que “los científicos se esfuerzan por hacer posible lo imposible. Los políticos por hacer lo posible imposible”. Indudablemente, la calidad de los candidatos dependerá grandemente de la calidad de las personas que elijan militar en política. Si exigimos candidatos preparados, idóneos y que llenen los requisitos de la Ley Electoral en pleno, quizás algún día tengamos candidatos que quieran hacer lo factible posible. Si las personas más honorables de nuestra sociedad, gente preparada intelectualmente, con ética y trayectoria comprobables, no militan en política, la calidad de nuestros candidatos seguirá siendo la misma. Llámenme idealista, pero aún creo que exista gente que ponga el bien común, el Estado, por encima de sus propias ambiciones. Gente a la Mujica.   Claro está, lo fundamental es que llegar al poder deje de constituir una vía fácil de enriquecimiento. Para ello, debemos fortalecer las instituciones de gobierno, implementar las leyes objetivamente y sin temores, y tener el coraje y la determinación de hacer lo correcto. Como dijo Winston Churchill “el político se convierte en estadista cuando comienza a pensar en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones”. Resulta entonces preocupante que si la clase política es un reflejo de la sociedad, ¿qué nos está diciendo la actual clase política sobre la calidad de nuestra sociedad?

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