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Ser Presidente de Guate no es fácil

Betty Marroquin
13 de enero, 2016

Hoy toma posesión Jimmy Morales como Presidente Constitucional de la República de Guatemala. Muchos sueñan con llegar a ocupar el cargo más importante y más alto del Estado, quizás soñando con las prebendas que reciben, quizás saboreando los jugosos “business” que podrían realizar, con obtener dinero fácil y salir de pobres o de deudas. La realidad es que si bien se da mucho de esto, el ocupar ese cargo es una verdadera pesadilla. Veamos que encontrará nuestro nuevo Presidente.

Está entrando a un gobierno en el que los recursos son sumamente escasos, y los pocos que hay están administrados y utilizados ineficientemente. Con un aparato estatal peor que mediocre, con instituciones si no retrógradas, contaminadas al máximo grado, y pocas entidades de gobierno se salvan. Debe ser casi imposible que la maquinaria responda adecuadamente si buena parte de las piezas está oxidada, cuando no rota o mal colocada. Una golondrina no hace verano, decía mi abuelita, máxima que se aplica a todo en la vida, y el gobierno no es la excepción. Si el Presidente inicia su mandato con un buen equipo, y hace una limpia a consciencia del aparato Estatal, quizás logre algunas de sus metas. Eliminar la corrupción no se hace de la noche a la mañana, pero lo que inició en el 2015 debiera seguir su curso con redoblada energía, recordando que la misma no afecta únicamente a quienes están en lo más alto del espectro político, sino a todos y cada uno de los servidores del Estado. Quizás sea importante resaltar que son eso, servidores del Estado, y que no están en sus cargos devengando un sueldo para servirse del Estado.

La economía está pasando por un momento de radicales opuestos. Si bien estamos experimentando el resultado de un año de crecimiento económico, el índice de pobreza no es alentador, las estadísticas indican que tenemos un serio problema de desempleo, que necesitamos crear plazas reales de trabajo (reales porque no deben ser creadas por el gobierno). El tema del salario diferenciado resultó un fiasco porque considero que no se hizo una buena labor de información a la población y sobre todo, a la Corte de Constitucionalidad. Es irónico que Costa Rica, uno de los países más “socialistoides” del Hemisferio tiene más de 5 en vigencia (7 si el dato en Internet es correcto), con buenos resultados, y en Guatemala patalearon en contra por derecho y revés. Formalizar a los informales podría ser una forma de financiar al Estado, cosa que el Presidente mencionara como una meta factible durante su campaña. Fundamental mejorar las leyes de inversión, fortalecer el tema de seguridad y crear un medio más estable para que la capacidad creativa de los guatemaltecos florezca. Pero todo esto va cuesta arriba cuando se debe combatir con sindicalistas que abusan de su poder para entorpecer el progreso y enriquecer sus bolsillos. Cuando debe lidiar con pseudo defensores de los derechos humanos que usan su atractivo internacional para continuar dividiendo a la nación e infectando la herida en lugar de dejarla sanar, todo para justificar su existencia y modus vivendi. Y cuando el pueblo viene manipulado aprovechándose de la falta de conocimiento y de la buena fe de las personas. 

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Y como si los retos materiales y tangibles no fueran suficientes, tendrá que recibir una sociedad dividida por el tema del genocidio. Una sociedad polarizada entre gente que vive de mantener vigente el tema de la guerra, gracias a los incautos europeos y gringos que alimentan su parasitaria existencia, mientras envenenan las mentes y los corazones de jóvenes que ni vivieron los peores años de la guerra. Hemos visto manifestaciones de indígenas de las supuestas zonas donde hubo genocidio, diciendo que no lo hubo. Obviamente, son tantas las familias que tienen hijos que pelearon en ambos bandos del conflicto, que el tema les resulta doloroso. Seguramente debieran de buscar otra fuente de ingreso quienes viven de ese dolor, si tuvieran un gramo de conciencia. Multar a Guatemala con $260 millones (10 por víctima) para resarcir a las víctimas de Chixoy, es por ejemplo, obsceno. Un país sin esa plata, primero, y segundo, con una cifra sacada de la manga.

Es así que la interferencia de fuera se convierte en otro elemento con el cual debe barajar el Presidente Morales.  El 2016 inició con un clarísimo mensaje de la Administración Obama: no toleraremos militares en el gobierno, y usted se debe alinear.  Esto además de los condicionantes incluidos en la Alianza para el Progreso del Triángulo Norte, iniciando las difíciles y complejas reformas institucionales, el escabroso tema de la transparencia, el fortalecimiento al aparato de justicia, fortalecer los programas de prevención de la violencia y la coordinación de los mismos, la reforma fiscal, entre otros.  Difícil, es decir poco. Imposible, para nada. 

Si toda la gente que se enfoca en el genocidio enfocara sus energías en unir fuerzas para combatir la malnutrición crónica, la desnutrición infantil, la deficiente educación que ofrecemos a las nuevas generaciones, quizás otro gallo nos cantara.  Queremos líderes que pongan el bien del país por encima del propio, ¿pero y nosotros, estamos dispuestos a hacerlo también? Al Presidente electo le deseo el mayor de los éxitos, y elijo, hasta prueba contraria, darle el beneficio de la duda. Como Guatemalteca que trata de ser positiva cada día, prometo trabajar con ética y eficiencia, dar lo mejor de mí a mi país y tratar de ver el vaso medio lleno, porque para construir, se necesita voluntad. Destruir y criticar es muy fácil, pero no creo que sea abono para producir algo positivo. Quizás me tachen de ilusa, porque ya vemos gente cuestionable que podría ostentar cierto poder, pero elijo dar el beneficio de la duda, ya que el pueblo ha demostrado que pacíficamente, pueden meter a un Presidente, a una Vicepresidenta, y a cualquier alto funcionario tras las rejas. Eso espero que ayude a mantener por el buen camino, derechito y no retorcido, al Presidente Jimmy Morales, al Dr. Jafeth Cabrera y a todos los nuevos personajes que dirijan al país. Ir a las calles por ir, no me parece inteligente. Creo que es mejor ir cuando valga la pena, como se hizo en el 2015. Al fin y al cabo, un empleador que se enfurece siempre pierde fuerza, pero uno que lo hace cuando amerita es mucho mas temible.

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