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Inocente hasta que se compruebe lo contrario…

José Carlos Ortega
30 de enero, 2016

Nuestro sistema judicial ha tenido visos de querer convertirse en moderno, pero los dinosaurios y legado de una cultura violenta y dictatorial – monárquica, se mantienen y regresan como enfermedades endémicas. Hay varios principios que vuelven a la justicia moderna: la certeza de las pruebas, la presunción de inocencia, un sistema ágil y pronto, la independencia judicial desde su designación hasta sus fallos, las instancias del proceso.

El hecho que la Corte Suprema de Justicia haya rechazado para conocer el antejuicio contra el diputado Justino Ovalle, coronel retirado del ejército de Guatemala, por acusaciones espurias, nos hace pensar que aún tenemos esperanza para nuestro país. Hemos estado presentes ante el teatro “robesperriano” de multitud de casos preparados por la CICIG y el Ministerio Público que en las audiencias públicas no logran crear el indicio certero de que las acusaciones son verdaderas y suficientes, sin ninguna duda, para probar la culpabilidad de los acusados. La euforia de un pueblo sediento de “pan y circo” (y sangre) ante la infinidad de injusticias e impunidad en muchos años, hace que lo que todos conocemos de oídas, de chismes y por publicaciones de “investigación”, que más parecen el trabajo mediocre de recopilación de dimes y diretes sean suficientes para condenar y no tener que probar la culpabilidad de los acusados. Debemos recordar que en un Estado de Derecho se privilegia la presunción de la inocencia ante la multitud de violaciones a los derechos humanos perpetrados por las autoridades o grupos de poder, justamente en gobiernos en los que los hoy grupos de presión pedían exactamente eso, justicia verdadera y no la que se pintaba del color del gobernante de turno. Es el gobierno, a través de las fiscalías, y como resultado de investigaciones técnicas y científicas, el obligado a presentar las pruebas con suficiencia, veraces, sin ninguna duda razonable, para que la justicia sea impuesta en nuestro país. No debemos caer en la tentación de prejuzgar y precondenar por el simple hecho de que “todos sabíamos lo que hacían…” Estoy seguro que habrá muchos culpables que podrán salir libres de delitos que sí cometieron (como pasa con muchos casos de extorsión, robos, aun asesinatos diarios); pero como dirían los americanos, “no culpabes”, que no es lo mismo que inocentes. Para nuestro país, para que tengamos una verdadera confianza en las instituciones y podamos seguir el proceso de construcción, no hay mejor cosa que construirla del lado de la verdadera justicia moderna.

De esta manera, el principio de presunción de inocencia debe ser acatado con independencia por jueces y magistrados, sin presiones de grupos o de medios, y aun de instituciones y gobiernos foráneos, porque ese respeto nos hará crecer y desarrollarnos, dar un sentido de progreso a nuestra sociedad.

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Deben respetarse otros principios como la elección independiente de magistrados, sobre la base de sus resultados y sus fallos, de su ejercicio profesional en pro de una justicia ciega, alejada de intereses ideológicos, imparcial y no de rencores, venganzas, intereses económicos y otras que la tuercen, tal y como ya nos ha pasado en el caso del “golpe de Estado” a la elección del fiscal Conrado Reyes para hacer llegar a alguien afín a intereses oscurantistas. Con preocupación asistimos también a la violencia en contra del principio de la retroactividad de la ley, con la excepción del favorecimiento al reo, pues en muchos casos, se ha acusado por delitos inexistentes en nuestra legislación en el momento de sucederse, a personas que en todo caso, debieran ser acusados por los delitos que en ese momento lo tipificaban.

SALUDO A TODOS LOS INGENIEROS

Se celebra en Guatemala, hoy 30 de enero, el Día del Ingeniero. Tengo un especial aprecio por esta profesión. Mi padre, Carlos Ortega Figueroa, el cigarrito, fosforito, ejemplo de vida y de valores, junto con 17 valiosos guatemaltecos colegiados de ingeniería, recibieron un reconocimiento por sus bodas de oro de ejercicio profesional. Entre los homenajeados destacaban el Dr. Suger Cofiño, democratizador de la universidad en Guatemala, ingenieros como Jorge Toruño, Edgar Urrutia Pons, Carlos González, Jorge y otros, así como también a los profesionales que cumplieron sus bodas de plata como Nora de Rojas, Enrique García, mi primo, José Luis Valdeavellano, mi amigo, han construido Guatemala. El ingeniero a cargo del discurso argentino recitaba que los científicos discutían de las ciencias y los ingenieros hacían realidad la ciencia… Yo agrego, felicitando a hermanos, primos, compañeros de estudio, catedráticos, compañeros de trabajo, amor o desamor, y a todos los ingenieros que han contribuido a construir nuestro país, sus comunidades y sus familias con valores, honradez, principios de justicia y sacrificio: “Si donde pasaba Atila se decía que no volvía a crecer nada; al paso de un ingeniero, dejó construcción y desarrollo”.

Inocente hasta que se compruebe lo contrario…

José Carlos Ortega
30 de enero, 2016

Nuestro sistema judicial ha tenido visos de querer convertirse en moderno, pero los dinosaurios y legado de una cultura violenta y dictatorial – monárquica, se mantienen y regresan como enfermedades endémicas. Hay varios principios que vuelven a la justicia moderna: la certeza de las pruebas, la presunción de inocencia, un sistema ágil y pronto, la independencia judicial desde su designación hasta sus fallos, las instancias del proceso.

El hecho que la Corte Suprema de Justicia haya rechazado para conocer el antejuicio contra el diputado Justino Ovalle, coronel retirado del ejército de Guatemala, por acusaciones espurias, nos hace pensar que aún tenemos esperanza para nuestro país. Hemos estado presentes ante el teatro “robesperriano” de multitud de casos preparados por la CICIG y el Ministerio Público que en las audiencias públicas no logran crear el indicio certero de que las acusaciones son verdaderas y suficientes, sin ninguna duda, para probar la culpabilidad de los acusados. La euforia de un pueblo sediento de “pan y circo” (y sangre) ante la infinidad de injusticias e impunidad en muchos años, hace que lo que todos conocemos de oídas, de chismes y por publicaciones de “investigación”, que más parecen el trabajo mediocre de recopilación de dimes y diretes sean suficientes para condenar y no tener que probar la culpabilidad de los acusados. Debemos recordar que en un Estado de Derecho se privilegia la presunción de la inocencia ante la multitud de violaciones a los derechos humanos perpetrados por las autoridades o grupos de poder, justamente en gobiernos en los que los hoy grupos de presión pedían exactamente eso, justicia verdadera y no la que se pintaba del color del gobernante de turno. Es el gobierno, a través de las fiscalías, y como resultado de investigaciones técnicas y científicas, el obligado a presentar las pruebas con suficiencia, veraces, sin ninguna duda razonable, para que la justicia sea impuesta en nuestro país. No debemos caer en la tentación de prejuzgar y precondenar por el simple hecho de que “todos sabíamos lo que hacían…” Estoy seguro que habrá muchos culpables que podrán salir libres de delitos que sí cometieron (como pasa con muchos casos de extorsión, robos, aun asesinatos diarios); pero como dirían los americanos, “no culpabes”, que no es lo mismo que inocentes. Para nuestro país, para que tengamos una verdadera confianza en las instituciones y podamos seguir el proceso de construcción, no hay mejor cosa que construirla del lado de la verdadera justicia moderna.

De esta manera, el principio de presunción de inocencia debe ser acatado con independencia por jueces y magistrados, sin presiones de grupos o de medios, y aun de instituciones y gobiernos foráneos, porque ese respeto nos hará crecer y desarrollarnos, dar un sentido de progreso a nuestra sociedad.

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SALUDO A TODOS LOS INGENIEROS

Se celebra en Guatemala, hoy 30 de enero, el Día del Ingeniero. Tengo un especial aprecio por esta profesión. Mi padre, Carlos Ortega Figueroa, el cigarrito, fosforito, ejemplo de vida y de valores, junto con 17 valiosos guatemaltecos colegiados de ingeniería, recibieron un reconocimiento por sus bodas de oro de ejercicio profesional. Entre los homenajeados destacaban el Dr. Suger Cofiño, democratizador de la universidad en Guatemala, ingenieros como Jorge Toruño, Edgar Urrutia Pons, Carlos González, Jorge y otros, así como también a los profesionales que cumplieron sus bodas de plata como Nora de Rojas, Enrique García, mi primo, José Luis Valdeavellano, mi amigo, han construido Guatemala. El ingeniero a cargo del discurso argentino recitaba que los científicos discutían de las ciencias y los ingenieros hacían realidad la ciencia… Yo agrego, felicitando a hermanos, primos, compañeros de estudio, catedráticos, compañeros de trabajo, amor o desamor, y a todos los ingenieros que han contribuido a construir nuestro país, sus comunidades y sus familias con valores, honradez, principios de justicia y sacrificio: “Si donde pasaba Atila se decía que no volvía a crecer nada; al paso de un ingeniero, dejó construcción y desarrollo”.