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¿Por qué el progre no puede pensar bien?

Redacción
11 de octubre, 2016

Pensar bien es la actividad mental de una persona interactuando con su cuerpo con el mundo para identificar la realidad, conceptualizando la evidencia que de esta le proporcionan los sentidos, usando el método de la lógica, para  construir conocimiento objetivo e integrarlo jerárquicamente sin contradicciones con el resto de su marco conceptual. El conocimiento objetivo es aquel construido, no en base a sentimientos o deseos, sino en base a la evidencia y por el método del razonamiento lógico. La objetividad se basa primero, en el reconocimiento de la primacía de la existencia, es decir, de que la existencia existe con independencia de la consciencia, y que la consciencia es darse cuenta de aquello que existe. Segundo, en el reconocimiento de la Ley de No Contradicción, corolario de la Ley de Identidad, es decir, que las cosas son lo que son y que las contradicciones no existen en la realidad,  y por tanto, el método para adquirir conocimiento de ésta es la identificación no contradictoria, o sea, el razonamiento lógico. La objetividad requiere poder distinguir entre el razonamiento válido y el razonamiento falaz, entre que constituye evidencia, y que tipo o cantidad de razones constituyen prueba.

Además, pensar es una actividad volitiva y como tal  está sujeta a errores y a equivocaciones. Primero el hombre tiene que elegir pensar, elegir poner atención, elegir enfocarse, es decir, elegir ajustar su mente al propósito de la integración cognitiva.

El primer paso para hacer una identificación conceptual es tener algo que identificar: uno debe observar y aislar un sujeto  del que uno capta algún hecho, una característica, de que está hecho, que está haciendo, etc., que uno nombra explícitamente aplicando un concepto, el predicado apropiado. Observar no es meramente ver, sino que es la acción volitiva de enfocar uno su atención en, y hacerse preguntas sobre, el sujeto que se pretende identificar. Pensar es juzgar, es poner en palabras lo que una cosa es, relacionarla con otras similares y distinguirla de otras diferentes, armando archivos mentales jerárquicamente integrados por medio de definiciones.

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El propósito de pensar bien es identificar y así evaluar los hechos para actuar buscando lo que lo beneficia a uno. Es identificar aquello que es bueno y le beneficia, para buscarlo e identificar aquello que es malo y le hace daño, para evitarlo.  Pensar bien es el proceso activo del humano de percibir la realidad para  adquirir la información que requiere para sobrevivir.

Pensar mal es el proceso mental por el cual no se identifica la realidad. Es no hacer el esfuerzo de enfocar la atención al propósito de la integración cognitiva. No hacer el esfuerzo en la aplicación deliberada del razonamiento lógico a la interpretación de la evidencia. Es cuando al conceptualizar y juzgar no se utiliza el método de la lógica basado en la Ley de Identidad y la Ley de No Contradicción, y/o no se parte de la percepción sensorial que es la evidencia proporcionada por los sentidos, y/o se permite la interferencia de las emociones nublando la razón, perdiendo objetividad, y por tanto lo que se construye no es conocimiento, sino meras creencias.

Lo que se construye es una agrupación de palabras, una mezcla desintegrada, inconexa y no estructurada de términos cuyos referentes no se han identificado ni relacionado con el resto de lo que se tiene mentalmente en el subconsciente, en una especie de bolsa mental de sorpresas misceláneas que sustituye el rol de  archivos mentales jerárquicamente estructurados. Estos términos no se relacionan por medio de definiciones, por lo que permanecen como conceptos nebulosos que no se pueden identificar con precisión. Son unos conceptos flotantes, como los llamara Ayn Rand, memorizados como palabras, pero sin comprender completamente que indican. Por eso, armado de estas nociones imprecisas, al juzgar no se puede relacionar al sujeto con el predicado, ergo, al juicio con el estado de cosas, es decir, a la proposición con la realidad.

Si pensar bien consiste en ser objetivo, en examinar la evidencia sin prejuicios, en considerar los hechos, y no poner ninguna consideración por encima de la verdad, pensar mal consiste en es ser subjetivo, en derivar las conclusiones de deseos, esperanzas, miedos, o de  cualquier cosa que se le pase por la mente.

Mi artículo anterior “Una decisión existencial” trató del problema que tiene el estudiante universitario al enfrentarse con la elección de la carrera que será su medio de vida, y por lo tanto a lo que se va a dedicar el resto de su existencia. Indiqué como con una novela, El Manantial, de Ayn Rand, por medio de la catarsis, se lleva a los estudiantes a reflexionar sobre su vida y lo que es de interés para ellos. Una joven progre criticó el artículo con el siguiente comentario, el cual copio tal cual:

“Me pongo a pensar como en una Universidad usan a novelas de ficción como textos de lectura… y luego veo que esas novelas funcionan en los USA pero no en las realidades de Guate. Imagine que libertad tiene una chavita que ni siquiera termino la primaria? y este sr hablando de ser chef vs. ser arquitecto!! Esas novelas libertarias son buenas para lavarle el cerebro a los alumnos, como se muestra en este articulo…Acaso no hay comunidades exitosas cuando trabajan juntas para un objetivo común? Vea el caso de los kibutz, o sin ir muy lejos, las juntas directivas de empresarios… y el Cacif, Fundesa…”

La joven progre, aparte de no poder escribir con corrección gramatical y no saber que una novela es una obra literaria en prosa que cuenta sucesos ficticios, supone que la realidad es subjetiva –no ha descubierto la primacía de la existencia, ni el principio de causalidad.  Por eso supone que lo que funciona para que un estudiante reflexione sobre su destino en los Estados Unidos de Norteamérica, no puede funcionar en Guatemala. Ese mismo error de pensamiento es el que exhiben los socialistas que viendo como el socialismo ha fracasado en la Unión Soviética, en la República Democrática Alemana, en Corea del Norte, en Cuba, en Venezuela y en tantos otros lugares donde se ha impuesto, insisten en que en Guatemala si va a funcionar.

Su segunda oración no tiene nada que ver con el artículo que está criticando. ¿Qué relación hay entre el problema de elegir carrera de un estudiante que inicia la universidad y la libertad de una niña que no terminó la primaria? Y luego, ¿qué relación hay entre la escolaridad y la libertad? No existe ninguna relación. Los europeos que emigraron hacia Estados Unidos de Norteamérica, durante los siglos XVIII, XIX, y XX, eran en su mayoría analfabetos en busca de libertad. Los ingenieros en Corea del Norte, aunque posean un alto grado de conocimiento no son libres. Las mujeres iraníes, suficientemente educadas para competir en el mundial femenino de ajedrez, tampoco son libres. Para la joven progre el concepto “libertad” es un concepto flotante, un término cuyo significado desconoce. No sabe que una persona es libre en tanto pueda vivir y actuar sin estar a merced de las decisiones arbitrarias de otras personas, al estar protegida por leyes que salvaguardan su autonomía, y un aparato de gobierno capaz de imponerlas. La libertad pues, no tiene que ver con la escolaridad.

En su cuarta oración, al sugerir que: “Esas novelas libertarias son buenas para lavarle el cerebro a los alumnos, como se muestra en este articulo”, evidencia su incapacidad de enfocarse en la lectura. Es una analfabeta funcional, que recorre la lectura con su vista pero sin comprender el contenido de la misma. Lo que muestra el artículo es como la novela induce al estudiante a reflexionar sobre su futuro, es decir a pensar a largo plazo, lo que evidentemente es todo lo contrario a “lavarle el cerebro”.

La última oración de su comentario exhibe varios de los problemas ya antes señalados de disfunción mental de la joven progre.  Primero, no entiende que las juntas de empresarios y el Cacif no son comunidades. Segundo, a pesar de la evidencia no asimila que los kibutz, esos “monasterios sin dios,” no han sido exitosos. Últimamente han privatizado muchos de los servicios del kibutz, entre estos el de educación y el de salud. Ahora, en lugar de un salario igual para todos, se paga a cada quien diferente en base al trabajo efectuado. Hoy se les permite a los miembros del kibutz tener propiedad privada. Al permitir que los individuos tuvieran televisión en sus casas, se las expuso a otras culturas, a la “buena vida”, en que las personas eran compensadas por su trabajo y podían comprarse objetos de lujo, lo que minó aún más la comunidad socialista del kibutz. Por último, su productividad no se equipara al sistema de libre mercado. Por eso, muchos judíos consideran que esos cambios han acabado con el concepto del kibutz.

Este fenómeno de deficiencia mental lo he notado sistemáticamente en todo joven progre que conozco. Entonces, ¿por qué el progre no puede pensar bien? Indudablemente es por el sistema educativo al que se ve sometido de niño y luego de joven.

En lugar de enseñarle que la realidad es objetiva, que existe independientemente de sus deseos o caprichos, le enseñan a creer que la realidad es subjetiva. En lugar de enseñarle que una contradicción indica un error en su razonamiento,  le enseñan a aceptar contradicciones diciéndole que la realidad es contradictoria. En lugar de enseñarle a ejercer su atención, a observar, comparar y clasificar, en otras palabras a conceptualizar –a identificar, a organizar, a integrar el contenido de su mente, le enseñan a memorizar muchas cosas de las que no puede identificar su significado ni importancia, por lo que no sabe qué hacer de ellas. En lugar de enseñarle a ser intelectualmente independiente y a ejercer la reflexión crítica, le enseñan a conformar su opinión  con la de los demás progres. En lugar de enseñarle que la verdad es una cualidad de la proposición y que consiste en que ésta sea válida y describa el estado de cosas, le enseñan que la verdad es lo que la mayoría dice. En lugar de enseñarle a guiar sus acciones por la razón, le enseñan a guiarse por sus emociones. Sus profesores, cual compra-chicos que deformaban físicamente a los niños para convertirlos en bufones, deforman su mente convirtiéndolos en bufones intelectuales.

Por eso el progre no logra entender que los empresarios no son los responsables de la pobreza de otros. No logra entender que no se prospera por medio de impuestos.  No logra entender que él no tiene derecho a disponer del dinero que otro se ha ganado honradamente con su trabajo; no logra entender que el socialismo lleva al comunismo.

Pero como pensar es una actividad volitiva, todavía puede aprender a pensar bien por su cuenta. Sólo tiene que decidirse a hacerlo.

República.gt es ajena a la opinión expresada en este artículo

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