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Pequeña resistencia

Adriana Lopez
22 de octubre, 2016

La semana que pasó estuvo llena de acontecimientos importantes. Tuvimos de todo, pero para mi lo más lindo fue que tuvimos un 19 de octubre para poder decir #niunamenos. Me encantó que se hablara en voz alta de una lucha que se calla siempre.

Por supuesto, me di el placer de llenar por un día y sin remordimientos, el timeline de mis amigos con posts feministas. Ese día tuve hasta para escoger entre todas las publicaciones que se crearon respecto al tema. Y hay tantas cosas que pasaron a partir de esas publicaciones que hice: comentarios irrelevantes, chistes, reclamos por defender algo “inevitable” y entiéndase por inevitable: el hecho de que las mujeres sean oprimidas o violentadas.

“No te enojes, así funciona el mundo, no lo vas a poder cambiar”, es la frase que me dicen por lo menos una vez al día. Quizá no literal, pero nunca falta el comentario de aquellos a los que simplemente no les importa lo que está pasando. Los fans de la “normalidad”. Este tipo de personas que de verdad no tienen ánimos de cambiar la asquerosa realidad que viven. Y que disfrutan de ridiculizar a otros por sus creencias y sus principios.

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Lo cierto es que a mi me agota, me cansa ser la inspiración para la bromita machista del almuerzo porque “es que tan divertido, como te indignás”. Me aburro de ver como las personas ponen los ojos en blanco porque dije algo muy feminista de mi parte. Y hay días en los que de verdad me pregunto: “Adriana, ¿por qué sos así? ¿por qué sos tan bocona y tan molesta con el tema del feminismo?” Me confundo porque sé que mi causa es buena pero a la vez me hacen sentir ridícula.

A pesar de todo, llegan días en los que brillo. Y no porque otros me lo digan, sino porque lo siento. Días en los que algo llega y alimenta mis ganas de seguir siendo lo que he sido hasta ahora. Y quería compartirles lo que me pasó este 19 de octubre al leer a Vania Vargas en su Facebook. Ella como siempre, tan atinada en todo lo que hace, escribió con respecto a las mujeres que manifestaron en la plaza:

“(…) Ojalá cada una pudiera ser, todos los días, donde esté, una pequeña resistencia, una conciencia despierta y contagiosa. Eso cuenta.”

Y con esta frase, llenó todo. Me di cuenta de que soy una pequeña resistencia, una conciencia despierta y contagiosa, bastante molesta por ratos pero viva, constante, fuerte. Y me dieron ganas de decirles a todos ustedes que en lo que sea que les mueva el corazón, también lo sean.

Si su causa defiende a muchos que no pueden hablar, hablen. Si se trata de denunciar lo que muchos tienen miedo de decir, denuncien. Si se trata de cuidar a aquellos que no pueden cuidarse por sí mismos, háganlo. Sean pequeñas resistencias en cualquier causa noble que les apasione. Sean ambientalistas, defensores de los derechos de los niños, pro-animales, personas que buscan la igualdad en todas sus facetas; sean lo que quieran pero séanlo fuerte, bien, felices, seguros. Y si nada les ha apasionado hasta ahora, comiencen por dejar de ridiculizar a aquellos que si están haciendo algo por cambiar su realidad.

El mundo está tan lleno de personas indiferentes, que no nos caería mal descubrir a muchas pequeñas resistencias que están escondidas por temor a ser ridiculizadas. Las personas que cambiaron la historia para bien, comenzaron con poco y con el tiempo se hicieron más fuertes. ¡Los invito a que hablen, denuncien, ayuden, protejan, cambien lo que tengan que cambiar! Hagan lo que puedan, de verdad, este mundo que está patas arriba necesita de ustedes.

República.gt es ajena a la opinión expresada en este artículo

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