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Maestro: causa o efecto

Redacción
12 de diciembre, 2016

De acuerdo al Anuario estadístico del Ministerio de Educación de Guatemala (cifras del 2015), 90 % de los 24,866 establecimientos educativos a nivel primaria son públicos, pero únicamente 79% de los docentes de primaria trabajan en dicho sector. En promedio hay 22 estudiantes por docente de nivel Primaria del sector oficial mientras que en establecimientos privados el promedio es de 11 estudiantes por docente. Son 117,000 docentes que atienden a los estudiantes de primaria en Guatemala: 92,000 en el sector oficial y 25,000 en el sector privado. Los resultados en las evaluaciones de Matemática y Lectura a nivel nacional son desalentadores: 56 % de los estudiantes de 6to. grado no desarrollaron las competencias básicas de Matemática y 60 % no desarrollaron las competencias básicas de lectura. En el sector público, 11 % de los estudiantes tienen que repetir el grado versus 3 % de los estudiantes de establecimientos del sector privado.

¿En quién recae la responsabilidad? Frecuentemente escucho o leo comentarios que responsabilizan al docente y no han sido pocas las ocasiones en los que han ido acompañados de palabras que a menudo denigran la profesión docente. Al igual que en que otras profesiones, entre los docentes existen aquellos que son buenos y aquellos que no lo son, otros que destacan por su dedicación y otros por haraganes, algunos quienes son auto motivados y otros que son irresponsables.

En todos los niveles – desde preprimaria hasta diversificado – hay 265,000 docentes en Guatemala, de los cuales 141,000 – o 53 % – son del sector oficial, de los cuales casi dos terceras parte son maestros de primaria. Muchas personas se quejan que los docentes trabajan solo cinco horas diarias, aunque ganan sueldo por el tiempo completo y que únicamente trabajan 10 meses del año devengando doce sueldos y que gozan de muchas vacaciones. Lo que no se ve es el trabajo que el docente se ve obligado a realizar en su tiempo personal, el cual – si se sumara al tiempo de dar clases (cinco horas diarias en las escuelas oficiales y entre seis y ocho horas en los establecimientos privados), alcanzaría o excedería la jornada ordinaria de trabajo del sector no agrícola: Además de las horas de impartir clase, los maestros deben dedicar tiempo para planificar sus clases, preparar material, corregir tareas, corregir exámenes, evaluar trabajos, llevar registro de notas, reunirse con padres de familia y otras actividades más. En muchas escuelas no les dan el tiempo necesario para realizar estas actividades y el docente debe ocupar de su tiempo personal para realizarlas.

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Los sueldos de los maestros son bajos. El sueldo inicial de un maestro del Estado es de Q3,644 y después de descuentos (auxilio póstumo, montepío e IGSS) el sueldo líquido es de Q3,053. Luego de muchos años de servicio el docente del sector oficial puede llegar a ganar un máximo de Q8,199 lo cual se convierte en Q6,725 líquidos después de descuentos. Para muchos, este sueldo no les cubre los gastos de su familia. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE) el precio de la canasta básica alimentaria a junio de 2016 era de Q3,773.40 (calculada para una familia de casi seis miembros), mientras que la canasta básica vital (la cual incluye alimentación, vestuario, vivienda, transporte, recreación, cultura, educación y otros rubros) era de Q6,886, por encima del ingreso líquido máximo que puede llegar a ganar un maestro del Estado. Esto obliga a los maestros a trabajar una segunda, y a menudo, una tercera jornada en otra institución u empresa, además del trabajo de planificar su clase, preparar material y corregir tareas. Las escuelas no tienen presupuesto para materiales y, a pesar de sus escasos ingresos, a menudo los maestros aportan de su dinero para adquirir materiales para uso en sus aulas.

La situación no es muy distinta en establecimientos del sector privado. Los precios topes en las cuotas escolares – los mismos precios topes que mataron la industria lechera en la década de los años ‘70 – no permiten a los colegios privados cobrar cuotas que les permitan mejorar los salarios de sus maestros y a menudo los maestros del sector privado devengan salarios menores que los del sector oficial. Por supuesto que hay colegios privados de alta categoría que pueden pagar salarios más altos a sus docentes y otros que pueden traer maestros especializados de otros países, inclusive ofreciéndoles beneficios como vivienda, transporte y otros, pero claro, están compitiendo con otras oportunidades de empleo que estos maestros podrían tener dentro de sus propios países. Pero a final de cuentas, dentro de la oferta de colegios, son pocos los que pagan salarios substancialmente arriba del promedio.

El docente es la cara visible de una serie de factores que afectan la calidad educativa; es con quien los padres se relacionan y de quienes manifiestan su descontento. De acuerdo a algunas investigaciones, la mayoría de docentes, particularmente los del sector oficial, no recibe capacitaciones ni actualizaciones en el año para poder mejorar su práctica. Algunos hacen el esfuerzo de asistir a programas de actualización que ellos mismos financian. Algunos establecimientos privados, aunque no la mayoría, invierten en la actualización de docentes. Unos cinco mil docentes asisten a programas como el Programa Académico de Desarrollo Profesional Docente que ofrece el Ministerio de Educación a través de la Universidad de San Carlos. Pero, en resumen, tienen pocas oportunidades de mejorar sus estrategias didácticas y el manejo de contenidos de las materias que imparten.

La falta de una infraestructura adecuada, de materiales didácticos, de incentivos económicos para quienes ejercen como maestro, la ausencia de programas de actualización, la pobre formación inicial que tienen los docentes y las diversas leyes que se contradicen entre sí o que limitan el desarrollo de la educación, contribuyen a la baja calidad educativa. Es un problema sistémico. El ingreso de los docentes no mejorará por decreto, como pretendió el Decreto Ley 1485 con la “Ley de Dignificación y catalogación del Magisterio nacional”. Mejorarán cuando haya una mejor demanda de docentes mejor preparados que los motive a actualizarse para mejorar económicamente y no solo por los años en servicio; mejorarán cuando los colegios privados puedan también ofrecer mejores salarios porque obtendrán los ingresos necesarios para pagarlos. Mejorarán porque la calidad de la educación mejora y el sistema demande docentes que sean más efectivos en facilitar el aprendizaje de sus estudiantes.

Para estimular la demanda de mejores docentes el sistema educativo necesita cambiar radicalmente, iniciando por una “des legislación” de aquellas leyes confusas, contradictorias, obsoletas o innecesarias y un re direccionamiento de la legislación que apoye la mejora en la calidad. El elefante blanco en el que se ha convertido el Ministerio de Educación debe convertirse en uno más liviano. Los 141,000 docentes del sector oficial representan el 70 % de las 202,500 personas que trabajan en el Ministerio de Educación, el empleador más grande del país y el cual cuenta con más de 50 sindicatos. En el 2016 el presupuesto de 12.8 millardos de Quetzales se destinó prácticamente en su totalidad a gastos de funcionamiento. Hay muy poco campo de maniobra. Para el 2017 ya fue aprobado un incremento de mil millardos, quedando presupuestados Q13.8 millardos. El problema debe ser atacado en sus raíces y con la participación conjunta de la sociedad. El famoso entrenador norteamericano de Basketball, John Wooden (1910-2010), expresó: “la profesión del educador contribuye más al futuro de la sociedad que cualquier otra profesión”. Si como sociedad creemos en esta frase, mejorar estructuralmente el sistema educativo se convertiría en una prioridad de país.

Republicagt es ajena a la opinión expresada en este artículo

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