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La rendición de Morales ante la vieja política

Redacción
14 de febrero, 2016

Antes del inicio de la administración de Jimmy Morales, se plantearon múltiples escenarios sobre cómo se desarrollarían los primeros meses de su gobierno. Se analizó la relación con diversos actores, entre ellos su vicepresidente, el Congreso, los medios, la comunidad internacional, y los ciudadanos.

En lo personal, argumenté que Jimmy Morales se enfrentaría a un constante dilema durante sus primeras semanas en el poder. Por un lado, tendría la presión de la ciudadanía, que exige un gobierno “ni corrupto, ni ladrón”, alejado de las viejas prácticas de la política guatemalteca. Por otro, Morales tendría la necesidad de relacionarse con los actores políticos tradicionales, sobre todo en el Congreso, para poder generar las condiciones que le permitieran gobernar. La habilidad política de Morales sería probada en su capacidad para poder lidiar con estas dos corrientes, antagónicas en su naturaleza y objetivos.

Una de las implicaciones de ese análisis era el riesgo de que Morales se alineara completamente con alguna de las dos tendencias. Si se apartaba de la clase política, podría obtener apoyo popular temporalmente, pero no podría impulsar una agenda, por mínima que fuera, lo que generaría disgusto entre los ciudadanos que demandan resultados de la gestión pública.

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En el otro escenario, si se alineaba completamente al modelo tradicional, podría sufrir el desgaste y una pérdida de popularidad significativa entre sus seguidores; a cambio, podría generar condiciones para mantener en calma a la clase política.

En ambos escenarios, se pondría en riesgo la gobernabilidad del país, pues en el primero se entraba en conflicto abierto con los políticos, y en el segundo, disminuía la confianza ciudadana en las instituciones.

Lo ocurrido durante la última semana nos permite llegar a una conclusión: Jimmy Morales no ha tenido la habilidad política para manejar el dilema mencionado, y luego de un mes en el puesto, se rindió ante el sistema tradicional de hacer política en Guatemala. La llegada de diputados tránsfugas al partido FCN demuestran que “el viejo orden” le ganó la batalla “al nuevo orden”, y que muy probablemente, el sistema político buscará restablecer el equilibrio (malévolo) que disfrutaba previo a la crisis de abril de 2015.

Ciertamente, aún cabe la posibilidad de que los cambios realizados en el Congreso no respondan a una directriz del Presidente, y que la bancada FCN esté actuando por su propia voluntad. La crítica abierta del vicepresidente al transfuguismo podría ser una muestra de ello. Sin embargo, independientemente de si Morales tiene o no el control del partido oficial, el desgaste político para su figura ha sido muy dañino.

En el lado positivo, el Presidente podría salir beneficiado del poder obtenido por la bancada oficial. La aprobación de bonos podría darle un respiro financiero, que le permita ejecutar de mejor manera y quizás dar resultados que mejoren su imagen ante el público en el futuro. No obstante, en el contexto político actual, el transfuguismo ya no pasa desapercibido. Con esto, la imagen del Congreso se deteriora aún más, la confianza de la ciudadanía en las instituciones disminuye a niveles críticos, y el Presidente, que en algún momento generó esperanza en muchos, se convierte en uno más de la gran lista de políticos rechazados por la ciudadanía. Es decir, aunque el crecimiento de FCN le permita a Morales gobernar en el corto plazo, las acciones de su partido ponen en riesgo la confianza en las instituciones, lo cual constituye una grave amenaza para la estabilidad democrática del país.

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