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Caza de brujas, imposición y venganza

Betty Marroquin
07 de febrero, 2016

Esta semana, entre la payasada de pseudo juicio en el caso Sepur Zarco y el juicio contra Pedro García Arredondo, no pude elegir por cual escribir. Así que en estas líneas les comparto mi sentir sobre cada una de estas burlas a la libertad, facturas que nos están pasando quienes perdieron la guerra armada, pero ahora la libran en tribunales y en los medios, apoyados por entes nacionales financiados del exterior, y por entes internacionales con agendas realmente incomprensibles.

En el caso Sepur Zarco, esta semana se dieron tantos abusos y excesos que nada más les comento uno que me dejó realmente atónita por el grado de ironía y estupidez que implica. El caso es sobre las supuestas violaciones y esclavitud cometidos por el destacamento militar en Sepur Zarco, el Estor, en 1982 contra mujeres de la etnia q’eqch’es. Me refiero al testigo que aseveró haber escuchado una conversación TELEFÓNICA entre soldados y el General Rios Montt. Son tales las babiecadas de este testigo y la defensa que vamos a enumerarlas: 1. El Presidente de la República jamás levanta el teléfono para llamar a un destacamento y darle órdenes directas al soldado. 2. Las órdenes no se daban por teléfono delante del prisionero. 3. Como puede escuchar lo que dicen del otro lado del auricular, a menos que esté pegado a la persona que está hablando en el teléfono. No eran celulares, eran teléfonos de los 70s así que sólo con oído biónico escucharía lo que dijeran por el auricular. 4. El testigo no habla español, así que a menos que tuviera un “google translator” incorporado en su cerebro no podía saber que decían. Verdaderamente la defensa, los querellantes y quienes los apoyan, nacionales y extranjeros creen que somos un pueblo de insulsos.

Otro ejemplo, siempre tomado de la audiencia de Sepur Zarco. Julia Coc, madre de la supuesta víctima Dominga Coc, testificó por el MP. La señora afirma que su hija y sus dos nietas (únicas hijas de la difunta) fueron ejecutada por el Ejército y enterradas en la orilla del río. La señora reconoció a sus familiares, encontrados por la Fundación de Antropología Forense por la ropa interior que encontraron en uno de los cadáveres. Cabe mencionar que la mujer indígena de entonces no usaba ropa interior, y para rematarla, el calzón encontrado es de una mujer adulta y gorda y no de una niña como se supone, ya que testificó que era de una nieta. Además que sería realmente admirable si recordara el que vestía su nieta hace más de 20 años. Para aumentar la ironía, resulta que la hija difunta de doña Julia dio a luz dos veces en 1978, primero en septiembre y luego en diciembre, cosa imposible a menos que fuera un Hamster. Cuando éste menudo detalle salió a la luz, la jueza Yassmin Barrios interrumpió el interrogatorio. Es decir, este juicio, como otros de igual línea, utilizan testigos falsos, documentos falsos, cadáveres inventados, fosas hechizas y cualquier cantidad de oprobios para lograr su objetivo y condenar a quién sea que haya endosado el uniforme militar.

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En cuanto al caso de la Embajada de España, acontecido el 31 de enero de 1980, en el que fuera condenado a 80 años el ex Jefe del Comando 6 por provocar el incendio en el que fallecieron personalidades de la escena política de entonces, personal de la Embajada y los guerrilleros, invasores pacíficos como les llaman en España (cuando no son de la ETA) que habían tomado la misma. Los guerrilleros eran liderados por el padre y el hermano de Rigoberta Menchú. Según declaraciones de los políticas el incendio inició dentro de la Embajada cuando los guerrilleros dejaron caer las bombas molotov que llevaban en mano. Pongamos las cosas en claro. Los invasores pacíficos eran parte del Comité de Unión Campesina (CUC), brazo armado del Ejército Guerrillero de los Pobres (EGP), apoyados por la Coordinadora de Pobladores, y por varios estudiantes de secundaria y universitarios miembros del Frente Estudiantil Robin García, también afiliado al EGP. O sea, los tales invasores de pacíficos no tenían mucho.

Mi padre estaba justo en una calle aledaña a la entonces Embajada de España cuando aconteció este horrible episodio de la guerra. Me cuenta que se vio claramente cuando sin haber disparado una sola bala ni lanzado nada desde afuera, el incendio inició visiblemente desde dentro de los muros de la sede diplomática. Lastimosamente cuando trató de prestar declaración no fue admitido, y ahora él ya no está vivo para que lo intentara de nuevo. No era militar, ni tenía nexo con nada que remotamente tuviera que ver con esto exceptuando ser descendiente español y vasco. Quedó muy impactado cuando a Rigoberta Menchú, hija y hermana de los autores de la masacre de la Embajada de España, le dieron el Nóbel de la Paz. Decía siempre que en esos “dorados tiempos había que hacer la guerra para ganar el Nóbel de la Paz”.

Y ahora me pregunto hasta cuando veremos a los embajadores asistir a estas cazas de brujas. Hasta cuando diplomáticos y personajes que están en Guatemala investidos de una representación bilateral o multilateral emitirán opinión, participarán, aplaudirán y celebrarán este tipo de falta total al sentido mismo de justicia. Hasta cuando continuarán avalando que los derechos humanos sean como un elástico que únicamente tira hacia la izquierda, usado para proteger delincuentes y castigar a quienes siguiendo órdenes (que muchas veces venían de los mismos Estados Unidos, como de todos es sabido) para ganar una guerra de guerrillas asquerosa, hicieron lo que hicieron (bien o mal) para salvarnos del comunismo. Hicieron lo que hicieron para que hoy día yo tenga la libertad de escribir lo que pienso sin temores, y para que usted viva en un país lleno de desafíos dantescos pero aún libres. No existe guerra sin víctimas, es una verdad que disgusta a quién disgusta, pero no deja de ser verdad. Personalmente, agradezco y admiro el sacrificio de quienes vestían el uniforme en esos entonces, y que actuaron para salvar a Guatemala de ser otra Cuba. Claro, los amantes de Cuba aquí me twittearán con amargura que no fuimos otra Cuba, sin darse cuenta que son libres de decir lo que piensan gracias a quienes hoy día atacan.

Estamos entre diplomáticos muy poco diplomáticos, y asistencia humanitaria que de humanitaria que sólo financia parásitos sociales. Ahora resulta que son ellos quienes quieren decidir quién va preso y quién va a la Corte de Constitucionalidad. Si realmente nos quieren apoyar, ayudar a salir adelante como nación, debieran apoyar la reconciliación y la concordia. Con todos los retos actuales que enfrentamos, la carestía, la delincuencia, los problemas de infraestructura, la necesidad de generar empleo, los retos urgentes en salud y educación, ¿no sería mejor canalizar los fondos del Estado (porque la caza de brujas cuesta plata) hacia esos rubros y no mal gastarlos en venganzas obtusas que sólo fomentan la polarización social? Después de todo, como dijo Mahatma Gandhi “ojo por ojo sólo dejará al mundo ciego”.

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