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República o Estado, ni tan Libre, ni tan Asociado

José Carlos Ortega
12 de marzo, 2016

El Estado guatemalteco ha estado equilibrándose entre ser un Estado fallido y un Estado diseñado para que la cleptocracia, para el trasiego de drogas, y otros. La falta de cumplimiento de las funciones básicas del Estado, de proveer justicia y seguridad, un nivel de certeza en los contratos y relaciones entre las personas, confianza en los actos de sus habitantes, así como proteger los derechos fundamentales del individuo, que son superiores, y anteriores al Estado, como la vida, la libertad, la propiedad y la familia.

Muchos son los factores. Un total desprecio por la vida humana (y otras formas de vida), un clasismo histórico expresado en falta de igualdad ante la ley, y por consiguiente violación a las libertades de unos por el deseo, el menosprecio, el iluminismo, miedos, protecciones, pensamientos de superioridad, etc. y un completo irrespeto a la propiedad, como instrumento de lucha y otras formas ideologizantes.

Admiramos con envidia (de la buena dicen unos), celos y otras, a las repúblicas democráticas o monarquías constitucionales (republicanas). Las anhelamos y en muchos casos millones de guatemaltecos han emigrado en busca de mejores oportunidades: trabajo, libertades, seguridad física y jurídica, posibilidad de crear, etc. Más de una vez escuché, y hasta lo impulsé, la simpleza de la constitución estadounidense y cómo ésta, con sus pocos artículos, lograba una mayor efectividad que nuestra elaborada Constitución Política de la República. Copiarla resultaría, de la forma más sencilla posible, los anhelos de desarrollo, justicia, paz que tenemos y compartimos todos.

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Y en esas, ¡la realidad! El estudio comparativo de los países nos llevó a la realidad del país africano que cual candidato a la república defenestrado, hicieron copy-paste a la Constitución Americana y nunca lograron el desarrollo republicano y democrático de los estadounidenses. Después entendimos que a pesar de que algún país no poseía una Constitución formal, los principios existían, y de otros países que sí la poseían y la tenían integrada y funcionando. Es decir, protegen a las personas, les dan libertades y protegen sus bienes, para que libremente puedan desarrollarse, emprender, hacer lo que les plazca. Todo esto como una evolución hacia lo fundamental que deben hacer los Estados. Ese el primer paso: el lograr un Estado de Derecho y no simplemente de leyes o Estado de legalidad.

Está evidenciado que nosotros no sólo no protegemos esos derechos fundamentales, sino se nos ocurre copiar cuanta política pública que sí funciona en algunos países amigos, pero sin el consenso de cómo hacerlo, por pura novedad, copia o imposición. La realidad es que nuestro Estado no funciona, no resuelve, no nos protege de los malos de la calle y de gobiernos corruptos, deshonestos y manipuladores. Para accionar la justicia, se debía pagar, retorcer, influenciar con poder y dinero. De allí que como cuando el cuerpo necesita atención hospitalaria, la propuesta de una CICIACS, administrada por la ONU, y que posteriormente se llama CICIG. Varios sectores la aceptaron ante el fracaso de nuestras instituciones (normas, leyes y las organizaciones). Otros la criticaron y no aceptaron. Otros la criticamos, no por lo que pudieran lograr, sino porque si no va acompañado del fortalecimiento de las instituciones en el marco de un Estado de Derecho, la vamos a necesitar eternamente y nunca llegaremos al estado de país que todos anhelamos. Terminamos aceptando, y alabándola, pero no debemos que el objetivo principal debe ser, ineludiblemente, crear las capacidades, competencias, en nuestras instituciones para poder funcionar sin ellas.

Más imprudentemente nos diseñan, nos invitan a asistir, a impulsar leyes, a crear políticas públicas sobre la base de sus dádivas y a pesar de nuestras prioridades y rezagos, a aceptar funcionarios, tienen veredictos de juicios y presionan al sistema de justicia, y hasta nos ordenan. El Nuncio Apostólico del Papa Francisco (Vaticano) en Guatemala, Decano del Cuerpo Diplomático en nuestro país, de una forma valiente e inteligente, porque conoce que toda esa imposición no logra los resultados permanentes que el pueblo debe impulsar, trabajar, consensuar y participar; critica la intromisión extranjera en nuestro país, y pide respeto por nuestros asuntos internos. En pocas y atinadas palabras, advierte que tales imposiciones aumentan las tensiones o prioriza lo que el pueblo no ve como importante. Además, no permite el fortalecimiento de las instituciones propias, las desvaloriza, y desvaloriza a los actores. Lejos están también, esas imposiciones se acercan a construir un Estado de Derecho, republicano, democrático, con libertades e igualdad ante la ley, y su supremacía, como los principios y valores con lo que esas otras naciones fueron edificadas.

Nos dicen que las instrucciones vienen en inglés. Yo aseguro el fracaso en varias de ellas, porque creo que vienen traducidas del español al inglés, por personas que hacen la romería semanal y le hablan al oído. Ojalá que si fracasamos, Warranties will be in English too.

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