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Otra horrenda realidad

Betty Marroquin
17 de abril, 2016

Me cuenta una empleada de cómo un desalmado, un enfermo, un pedófilo asqueroso violó a su hija de 12 años. Esta pobre mujer y su esposo trabajaban duro para pagarle un colegio privado de niñas a su hija, buena estudiante y sana. Una niña que aún jugaba con sus muñecas, inocente, no maleada, a la que un pervertido le provocó un embarazo a su corta edad. La madre de la niña lo denunció ante las autoridades que le dieron la opción de darle 18 años de cárcel o cárcel domiciliar. La madre, sabiendo que el desalmado tenía 6 hijos con otra pobre vecina, pidió cárcel domiciliar. Pudo más su corazón noble de cristiana que su odio de madre defendiendo a su hija. Admirable la señora, aunque dudo que en mi caso hubiera sido tan noble.

Según la Organización Mundial de la Salud la adolescencia abarca de los 10 a los 19 años. Estadísticamente, 1 de cada 5 jóvenes en el mundo queda embarazada antes de los 18 años, que redundan en 16 millones de partos adolescentes. Según la ciencia médica de países desarrollados, el cuerpo de una mujer está listo para la maternidad sin riesgos de los 20 a los 35 años. Antes de los 20 años, la mujer no está físicamente lista para llevar una criatura dentro de su ser, y es rara la jovencita que está psicológicamente madura. El embarazo precoz trae riesgos de enfermedades infecciosas, alteraciones en el útero, desprendimiento de la placenta, infección del líquido amniótico, etc. Son comunes los partos prematuros, antes de la semana 37 de gestación, o bebés con un peso por debajo de lo normal ya que el útero materno al no estar completamente desarrollado no puede proveer de las sustancias necesarias a un bebé. Los bebés son más propensos a ser enfermizos, nacen con problemas de salud y trastorno del desarrollo. Si menor de 15 años que se embaraza su bebé tiene altos riesgos de nacer con malformaciones. Según las estadísticas, Guatemala ocupa el cuarto lugar entre los países con mayor cantidad de embarazos precoces indeseados y por violación, pasando de 1997 al 2011 de 106 a 99, reportados. Luego de Níger, Nicaragua y República Dominicana. Si bien últimamente escuchamos casos frecuentes en India, no figura en la estadística porque quizás deba ser actualizada (llega hasta el 2011).

Para rematarla, en la gran mayoría de los casos, las madres suelen ser jovencitas indefensas, con frecuencia de escasos recursos, que deberán afrontar no sólo los problemas derivados de la violación sino también la crianza de ese babé prematuro. Si bien aproximadamente un 20% (sobre cálculos mundiales, no nacionales) de los embarazos se derivan de violaciones, es escalofriante que adicionalmente al horror del hecho en sí, estas sean hechas por vecinos, amigos de familia, parientes, padres y padrastros. Es decir, niñas que se encuentran vulnerables ante los avances de hombres que generalmente son adultos, cercanos a sus familias que debieran protegerlas en lugar de dañarles la vida.

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Cuales sean las causas de la pedofilia, sinceramente, me tienen sin cuidado. Si un hombre (porque generalmente son hombres) abusa de un niño, sea porque abusaron de él y se le retorció el cerebro o porque ya nació con ese chip maleado, el niño víctima de su abuso no tiene porqué pagar por ese defecto en el cerebro de su agresor. El tema y las definiciones y parámetros son complejos, pero la realidad es que hablamos de niños violados por hombres maduros, niños menores de 5 años violados por jóvenes de 16 años y mayores, las niñas menores de 10 años abusadas sexualmente por jóvenes adolescentes de 15 años y de mayor edad, siendo una aberración social que debe ser castigada, pero poniendo un alto definitivo al agresor.

Según el sexólogo y médico forense canadiense Michael Seto, en su libro Pedofilia y Ofensas Sexuales contra Niños (2008) avalado por la Asociación de Psicólogos de los Estados Unidos (American Psychological Association) popularmente, el término pedofilia “suele aplicarse a cualquier tipo de interés sexual hacia los niños, individuos a los cuales el agresor supera por 13 o más años de edad; así como al abuso sexual infantil, que se denomina pederastia”.  En éste mundo del políticamente correcto, las autoridades parecen preocuparse más del agresor al atreverse a recomendar que se evite “el uso del término debido a la imprecisión que provoca para definir casos de delitos sexuales, porque aunque algunos casos el sujeto del delito pudiera manifestar la existencia de ésta parafilia, el agresor sexual no debe ser considerado pedófilo, excepto si manifestara su atracción sexual exclusivamente hacia individuos preadolescentes, lo que hace que no sea un aspecto relevante en materia de legislación”. O sea, si el pedófilo es casado pero le gusta violar niñas, ya no es pedófilo.

Esa mentalidad que nos tiene como nos tiene, hoy día llega al colmo de promover asociaciones de pedófilos que proclaman la pedofilia como otra forma de vivir la sexualidad humana que debe ser aceptada con naturalidad por parte de la sociedad. En Sudáfrica, llegaron al extremo de la ignorancia los hombres que violaban jovencitas vírgenes pensando que así se curarían del SIDA.

Diversos estudios señalan que el principal problema del tratamiento de los pedófilos es la resistencia de estos a colaborar. Muy pocos aceptan el tratamiento de castración química y ayuda psicológica, mientras que la mayoría se no se consideran a sí mismos ni enfermos ni anormales, buscando inclusive reivindicar, tanto privada como públicamente, la legitimidad de sus abusos a menores aduciendo que solo pueden considerarse abusos cuando media la violencia física o la coacción. En sus retorcidos cerebros, un niño de 5 años tiene la capacidad suficiente para oponerse si algo no le agrada o a que ven en los niños actitudes seductoras. Es decir, sólo muertos dejan de arruinarles la vida a los menores.

Pregunto, si le sucede a su hija o a su hijo, ¿usted que haría? Espero se responda con toda honestidad y no salga con una respuesta políticamente correcta sólo por no admitir que como yo, buscaría hacer pagar al agresor. Se clasifiquen como se clasifiquen, debiera darse pena de muerte para pedofilia, infantofilia (atracción a niños entre 0 y 5 años), efebofilia o hebefilia (atracción hacia adolescentes que ya han desarrollado). Únicamente muerto ese perro, se termina la rabia y los impuestos que pagamos para mantener a esos monstruos alimentados y sanos en los reformatorios de los cuales jamás saldrán reformados, debieran ser utilizados en la niñez que esos monstruos intentan arruinar. Sólo en este mes de marzo recordemos a la niña de 10 años violada recientemente, o a la pequeña de 4 años que fuera violada por una bestia de 52 años con antecedentes de pedofilia en San Antonio Suchitepéquez, o la menor de 5 años violada por un primo de 19 años en Retalhuleu, o el niño de 12 años en Chimaltenango violado por su jefe en la carnicería donde trabajaba. Y como estos casos, cuantos.

Quienes creen que es la naturaleza la que manda, recuerden a las niñas princesas de la Edad Media, que daban a luz hijos con severos problemas, cuantos casos en la realeza se dieron de hijos con taras, problemas congénitos de todo tipo y hasta que edad vivían esas mujeres. La Historia no miente.

Oche Otorkpa, autor nigeriano hastiado de ver este problema en su país, dice que “en la ausencia de un sistema global de seguimiento para efectivamente localizar a los pedófilos y poner fin a sus actividades, la puerta continuará abierta a esos grupos de personas que se cuelan en las redes sociales para atrapar a sus presas y mostrar hoy día abiertamente como violan e infectan a nuestros niños”. Cuide a sus hijos e hijas. Enséñeles a defenderse, porque usted no siempre estará allí para hacerlo.

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