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Dream/nightmarish team

Redacción
14 de junio, 2016

Por Luis Felipe Garran

Cuando la faena se presenta complicada, la cooperación y la ayuda mutua son las principales armas para sacar adelante la labor. El trabajo en equipo nos ha regalado hazañas históricas como el triunfo de los hermanos Escipión en el oriente precristiano, y proezas deportivas como la participación jamaiquina en unos Juegos Olímpicos de Invierno, y si algo nos ha dejado claro es que cuando uno tapa las carencias de otro, ningún listón queda demasiado alto.
Al parecer todas esas historias de loable comunión inspiraron al equipo de gobierno de la pasada legislatura para llevar a cabo una de las misiones más descabelladas de la historia: vaciar las cuentas estatales desde distintos flancos de manera simultánea. El objetivo parecía ser tomar todo lo posible para trasladarlo a sus bolsillos. El primer problema con el que se encontraron fue la falta de originalidad, pues no fueron los primeros eruditos en tener esa idea. Seguramente han oído eso de “Guatemala es un país tan rico que cada gobierno roba mucho dinero y aun así deja suficiente para que el siguiente lo supere”; el gran motivo de esta frase es que los políticos que hemos tenido desde ¿cuándo? han sido unos completos plusmarquistas rompe récords.
Señores, aquellos Q120 millones (probablemente más) de Portillo, por poner un ejemplo, debían quedar en cosa de nada al lado de lo que este equipo estaba por hacer y, de momento, parece que lo lograrán con creces. Puede que la clave del éxito de esta escuadra radique en su variedad; presidente, vicepresidenta, secretarios, empresarios, superintendentes, ministros de comunicaciones, de energía, de defensa, diputados, deportistas, periodistas… un auténtico cóctel hecho para robar. Por supuesto que la lealtad es un valor fundamental para mantener atados todos los cabos, pero un par de pagos que luego se materializarían en, por ejemplo, un helicóptero o un complejo de descanso en Roatán pueden ser más fuertes que un tatuaje con las letras “M” y “S”.
Si el uniforme de trabajo de esta compañía fuera más andrajoso o más barato y sus carriles de movilidad estuvieran en barrios más bajos podrían ser llamados una clica, quizá los ingleses dirían que son una firm, y por el daño causado, ambos nombres serían más que adecuados. Sus tiroteos arrasaron con gente inocente, y no hablo de un tiroteo perpetrado con una ametralladora hacia un restaurante italiano en Chicago, sino de un tiroteo de gastos banales, innecesarios, incomprensibles, ridículos e imperdonables que dejaron huecos no en una ventana o un mostrador, sino en los presupuestos de sanidad, educación, infraestructura e inclusión social.
Todo gran equipo aspira a ser recordado permanentemente, excepto este, que veía en el anonimato su mayor aliado. Lo bueno es que todo se está destapando poco a poco y, según pasa el tiempo, nos vamos enterando de todos los males que llegaron a hacer. Lo malo es que todo se está destapando poco a poco y, según pasa el tiempo, nos vamos enterando de todos los males que llegaron a hacer. La dulce ignorancia del pueblo fue una de sus mejores amigas; ahora la han perdido.

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