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Ética e integridad

Betty Marroquin
03 de agosto, 2016

El colombiano-japonés Yokoi Kenji podrá no ser tan renombrado como Deepak Chopra, pero lo que dice tiene lógica: ética e integridad no son la misma cosa. Quién es integro es ético, pero se puede ser ético sin ser íntegro. Un ejemplo del señor Kenji: un padre agarra a un hijo diciéndole una mentira, le explica que mentir no es bueno, y lo pone a escribir 100 veces “no debo decir mentiras”. Mientras el niño escribe suena el teléfono y el padre le dice que responda, y que si lo busca fulanito le diga que no está. ¿Qué lección da a su hijo? 

Estudios de varios expertos nos dicen que los niños aprenden más por el ejemplo que por lo que se les dice, y creo que eso es verdad. Los niños son como esponjas y emulan lo que menos imaginamos. Y es desde niños que aprendemos a proceder correctamente, o a ser más “flexibles” y adaptar nuestras acciones a nuestros intereses, independientemente de lo que nos dicte la conciencia, cuando no la hemos anulado. El motivo por el cual escribo sobre el tema es porque esta mentalidad, esta forma de proceder en la vida, afecta desde nuestro hogar hasta nuestro gobierno. Se refleja en todos y cada uno de las áreas de nuestra sociedad. 

Pienso que todos tenemos grados de integridad, cuando somos éticos. Personalmente, reconozco que de vez en cuando digo alguna “mentira piadosa” especialmente para no enfadar a mis seres queridos. Lo difícil es discernir hasta donde llegar, que tanto estirar el concepto, y tener límites claros. Una persona que paga sus impuestos puntualmente, es una persona ética. Una persona que no arregla sus facturas es una persona íntegra. Un hombre puede mostrarles a sus hijos que es un padre, un marido y un proveedor ejemplar y por ende ético, pero si engaña a su esposa, está faltando a su integridad. Hijos que han crecido con un padre promiscuo e infiel, serán muy probablemente, igualmente promiscuos e infieles de adultos. El hombre que le dice a su mujer que la ama, y tiene a sus “amigas” en whatsapp y se la pasa haciendo dates a obscuras, tampoco es íntegro. Una madre que aparenta nobleza, que frente a la gente es dulce y amorosa, pero detrás ignora a sus hijos, trata mal a quienes le sirven, es arrogante y mezquina, está faltando a su integridad y no importa si va todos los días a misa, ante Dios no es integra. Las hijas que ven a su madre comportarse así, pueden fácilmente convertirse en mujeres frías, egoístas y egocéntricas de adulto y eso transmitirá a sus hijos. Predicar con el ejemplo es indispensable porque la cadena de transmisión es larga.

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Guatemala necesita gente positiva, ética e integra. Si exigimos eso de nuestros líderes, debemos ponerlo nosotros mismos en práctica. Queremos funcionarios que pongan el bien común sobre el propio, y eso exige que sean éticos e íntegros. Integridad es un reflejo de como tratamos a los demás. Es una característica de nuestro carácter. Es hacer lo correcto aun cuando nadie nos está mirando, ni nadie se entere. Al final, la persona íntegra tenderá a hacer el bien a sus semejantes, y eso la hará una gran persona.

Es íntegro quien se responsabiliza de sus errores, quien hace lo posible por evitar dañar a otro, quien es brutalmente honesto consigo mismo, sin hacerse publicidad.

Ser íntegro no es fácil, sin duda, porque es mucho más fácil mentir y mentirse a sí mismo. Pero pienso que al final del día la persona íntegra duerme con la conciencia tranquila, y cuando deja este mundo, lo hace con menos facturas que pagar cuando haga cuentas con Dios. 

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