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Discutamos el rumbo de la educación

Redacción
07 de agosto, 2016

Nos empeñamos en querer que mejore la calidad de la educación en Guatemala, pero el modelo no cambia. Se habla de profesionalizar a los docentes pero no se les provee de recursos y herramientas ni aprenden nuevas metodologías de enseñanza. Se cree que mientras más tiempo pasen los niños en la escuela, mejor será la calidad de su aprendizaje. Algunos opinan que hay que incrementar la carga académica y otros incrementar el tiempo que los estudiantes estudian después del horario escolar. Otros abogan por elevar el presupuesto del Ministerio de Educación.

En nuestro sistema educativo hay cerca de cuatro millones de estudiantes inscritos en todos los niveles y en el 2015, terminaron el año lectivo aproximadamente 170 mil menos de los que lo iniciaron. Tres cuartas partes de los estudiantes – tres millones de niños y jóvenes – asisten a escuelas del sector público. Si dividiéramos la totalidad del presupuesto del Ministerio de Educación (para este año fijado en Q12.8 mil millones de Quetzales) entre los estudiantes del sector público, cada estudiante le costaría al Estado Q4,267 anualmente o 10 cuotas mensuales de Q427. Sin embargo, hay centros educativos privados que cobran menos que eso y proveen – aunque no la mejor calidad – definitivamente una mejor educación que la mayoría de escuelas públicas y en instalaciones mejor mantenidas. Aunque es una manera simplista de verlo, esto ayuda a ilustrar que elevar el gasto no necesariamente producirá mejores resultados. Recalco que es un análisis superficial, pues en los 34 países miembros de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos con la misión de promover políticas que mejoren el bienestar económico y social de las personas alrededor del mundo) el gasto promedio por estudiante es de aproximadamente Q67,500 anuales, o 16 veces más de lo que cuesta un estudiante del sector público en Guatemala.

El Ministerio de Educación establece que deben cumplirse 180 días de clase en el año y la duración del día escolar es de cinco horas. O sea que la receta para que nuestros estudiantes gocen de una buena educación es que asistan a la escuela 900 horas al año. Algunos estudios estiman que en el 2015 los estudiantes asistieron en promedio 157 días a la escuela, lo que se traduce a 785 horas en el año. Esto es casi la cuarta parte más de las horas que asisten anualmente los estudiantes en Finlandia, quienes en promedio asisten 632 horas al año, o 23 horas más que las horas obligatorias de instrucción en Japón (“Panorama de la educación. Indicadores de la OCDE 2014”, p. 51). Es decir que, aunque en Guatemala no cumplimos con los 180 días de clase, nuestros niños de primaria reciben más horas de clase que las que reciben los niños japoneses y finlandeses. Claramente, la calidad del aprendizaje de los niños en Guatemala no es superior a la de los finlandeses o japoneses, aunque reciban más horas de clase cada año.

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No es que los niños finlandeses estudien más en casa y por eso sus resultados educativos son mejores; apenas dedican 10 minutos diarios para hacer tareas, si es que dedican algo de tiempo y aún así, muchos estudiantes hablan tres o cuatro idiomas. Krista Kiuri, Ministra de educación de Finlandia (2013-2015) dijo en una entrevista que los niños necesitan más tiempo para ser niños y disfrutar de la vida. Los educadores finlandeses creen que los niños tienen otras cosas importantes que hacer después de la escuela, como estar juntos o con sus familias, hacer deportes, escuchar música o leer. El director de una escuela en Finlandia dice que si los niños pasan el tiempo después de la escuela subiéndose a los árboles, posiblemente aprenderán respecto a los insectos que vean. Los maestros finlandeses creen que la escuela debe ser para que los niños encuentren lo que necesitan aprender para ser felices y por eso les enseñan a utilizar su cerebro de la mejor forma posible. Los niños desarrollan autonomía y aprenden a ser independientes. Les enseñan a pensar por sí mismos y a ser críticos de lo que aprenden. Aprenden a ser personas felices y a respetar a otros y a sí mismos. Los finlandeses saben que hay más en la vida que la escuela.

En mis varios años de trabajar en actualización docente he encontrado resistencia en las autoridades educativas a permitir que los docentes reciban capacitación durante sus horas de clase, so pena de no cumplir los sagrados 180 días de clase. Algunos argumentos que he escuchado es que fuera del aula el estudiante no aprenderá y por lo menos si asiste a clases, tiene más oportunidad de aprender. Por otro lado, quién tiene el mayor impacto en el aprendizaje del estudiante es el maestro y es bien sabido que nuestros docentes no tienen la preparación ni didáctica necesaria para facilitar el aprendizaje de sus estudiantes. Los mismos estudios del Ministerio de Educación establecen que los docentes no manejan el contenido que pretenden enseñar y que el contenido que sí manejan, no saben enseñarlo (MINEDUC-DIGEDUCA. 2016. “Así estamos enseñando Matemática”).

Según el documento “Resultados Generales de evaluación educativa” publicado por la Dirección General de Evaluación e Investigación Educativa – DIGEDUCA del Ministerio de Educación (2016) el porcentaje promedio de respuestas correctas de los maestros examinados fue de 36% en Matemática, 49% en Lectura y 51% en Estrategias de enseñanza. De los docentes de nivel Primaria que toman la prueba de Matemática, 98 de cada 100 maestros no obtuvieron el nivel de logro en la misma. Según el Índice de Prosperidad Mundial de 2015, Guatemala ocupa el lugar 105 en educación. Según el Foro Económico Mundial, Guatemala está en la posición 135 de 144 países en calidad de la enseñanza de Ciencias y Matemática. Entonces, si hay un reconocimiento que los maestros en servicio no tienen la preparación adecuada, no comprendo por qué prevalece la idea que es más importante cumplir con el tiempo en la escuela que fortalecer los conocimientos de los contenidos y de la didáctica de los maestros para que el tiempo que sí estén en la escuela – aunque sea menor – puedan incidir de una mejor manera en la calidad del aprendizaje de los estudiantes. No es que no comprenda la importancia de asistir a la escuela. Lo que sucede es que si los docentes no tienen la preparación adecuada ¿qué aprenderán los estudiantes de sus maestros si ellos mismos no manejan los temas ni saben cómo enseñar lo que si saben?

La respuesta no es sencilla. Lo que sí es seguro es que fortalecer lo que estamos haciendo como país no pareciera ir encaminado a causar un impacto en la manera en que los estudiantes aprenden. Según María Montessori (1870-1952), la reconocida educadora y médica italiana “la primera tarea de la educación es agitar la vida, pero dejarla libre para que se desarrolle”.

Mis reflexiones se basan en cifras, mis observaciones y en experiencias y resultados de otras partes del mundo en donde distintos enfoques han logrado impactos positivos en la educación. ¿Qué necesita Guatemala? ¿Cómo mejoramos la educación para mejorar la calidad de vida de nuestros ciudadanos? ¿Qué es lo que debemos hacer para que ésta y las futuras generaciones aprendan lo que necesitan para ser mejores ciudadanos? Le invito a compartir sus ideas.

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